Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 23 de enero de 2022
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Personajes y lugares en la obra literaria de Víctor Hugo Viscarra (I)

Primera parte de una revisión de la literatura del legendario escritor boliviano, célebre por sus historias marginales, quien murió hace ya 15 años.
Víctor Hugo Viscarra Rodríguez
Víctor Hugo Viscarra Rodríguez
Personajes y lugares en la obra literaria de Víctor Hugo Viscarra (I)

“La única Universidad que me ha colmado con sus conocimientos y de la cual me gradué con los máximos honores es la universidad de la calle. La mejor que existe, y la más brutal”. 

De esta manera Víctor Hugo Viscarra Rodríguez (1958-2006) escribió su opinión en hojas sueltas, fragmentos llenos de sinceridad y crudeza, sobre su concepto del conocimiento diario que la calle le había enseñado. Con seis obras en su haber, la literatura viscarriana deriva, casi siempre, en descubrir la vida del escritor y no al contenido de su obra en sí. El lector decide.

En este análisis de su obra, nos centraremos en aquellos personajes que son parte continua de sus libros y que los menciona frecuentemente; con el mismo énfasis, también, abordaremos lugares comunes que menciona, entrelazando bares, prostíbulos, oficios y calles. Esto debido a que “articulistas” quieren sacar de lugar a Viscarra por su manera de escribir, y se jactan de ver su obra como una construcción ficcional total, añadiendo varios detalles sobre la marginalidad “irreal” en cada uno de sus personajes. Simplemente son aquellos que quieren ganarse loas efímeras y que sólo buscan el crédito de haber visto algo “novedoso”. Ya decía Viscarra al periódico chileno La Nación sobre sus personajes, que configuraron, en su momento, una tendencia novedosa en la literatura boliviana. “Son mis delincuentes, son mis putas, mis maracos, mis mendigos, mis ladrones. El único portavoz que ellos tienen soy yo”.

No abordaremos la vida de Viscarra -que mucha letra ya existe-, sino en su obra, que aun así mantiene relación íntima con las experiencias de Viscarra en la hoyada paceña y la pasiva ciudad cochabambina. Sin olvidar el espacio donde se crea este singular colectivo, frecuentando tres parámetros comunes en su obra: noche, alcohol y muerte.

Esperanza y la Negra Rafaela

Esperanza, una mujer que abría la mente para sobrevivir y las piernas para soñar. Una mujer que tuvo innumerables hijos por parte de algunos que se asomaban a ella, echada en alguna esquina o basural. Viscarra la nombra constantemente en tres de sus libros e incluso le dedica un capítulo titulado “La Loca Esperanza” que se encuentra en su obra Alcoholatum y otros Drinks: Crónicas para gatos y pelagatos (2001).

La Loca Esperanza constantemente molestaba al esposo, novio o enamorado de alguna mujer, haciendo alusión que este era el padre de los hijos de ella. Viscarra es descriptivo con la figura de esta mujer: 

“Vestía ropas sucias y pasadas de moda, por entremedio de sus harapos se podía adivinar que la naturaleza había sido pródiga con ella. Motivo por el cual la mayoría de los artilleros de la ciudad buscaban por las noches para encontrar entre sus carnes el calor femenino que tanta falta les hacía”. 

Ella tiene íntima relación con la Negra Rafaela. Su nombre apareció en “Balada para una vida inconclusa” del libro Relatos de Víctor Hugo (1996). Aunque el nombre cambia a Maribel, en el libro La del Estribo. Obra completa de Víctor Hugo Viscarra, publicado el año 2018. Nos quedamos con el primer nombre para evitar confusiones.

“Rafaela era una mal nacida, a la que de mes en cuando le salían sus rasgos maternales”, esto por la forma de dar cariño con trago y comida a los nuevos integrantes etílicos; una mujer que a sabiendas era estéril, se acomodaba en el suelo de la calle ciertas noches a saciar su sed carnal con algún galán que se asomaba hacia ella, pero también una mujer que, por necesidad de sobrevivir, vino a La Paz desde los Yungas para mejorar su vida en sí. La realidad fue otra…

Al igual que la Loca Esperanza terminaron de la misma manera entre la soledad y el olvido, con una muerte silenciosa y totalmente cruel. Ambas eran el manjar, elixir y perdición de aquellos que clamaban una pareja mejor que la soledad; aunque sea de forma efímera y compartida, hacían uso y abuso de su estado en el que estaban.

El Q’epiri

Entre los personajes que menciona con total crudeza sobre su diario vivir es el q’epiri o aparapita; un sujeto que viene constantemente del área rural colgando una soga en su hombro para cargar cosas pesadas y transportarlas varios metros, haciendo la misma rutina cada día, esto para ganarse unos centavos y volver a su comunidad de origen. En el libro Borracho estaba, pero me acuerdo (2002) les dedica un capítulo entero, describiendo sus lugares de trabajo y su modo de comunicarse. Incluye, además, a otro grupo de cargadores llamados masistes, que son los que recogen el cargamento que viene del interior del país a través de camiones y autos. 

Una descripción general y real, sintetizando la frustración y abandono de este singular personaje paceño, se encuentra en el relato titulado “El Q’epiri”, del libro Avisos Necrológicos (2005), donde describe la vida cotidiana sumido entre el alcohol, la soledad y la muerte.

En esta historia Viscarra resalta la necesidad del aparapita por sobrevivir a base de la ingesta de alcohol; del rechazo eterno de la mujer, la chola Ercarna y de su modo de vivir nocturno sumido entre el silencio y el frío.

En cierto momento del relato, Viscarra pone énfasis melancólico en su personaje por canjear su saco corte casimir y haber aceptado de un caballero “una pilcha que cae demasiado grande” ¿Alguna alusión a Jaime Sáenz…? Probablemente. Sáenz había escrito años antes varios retratos sobre el aparapita y cómo fue que obtuvo un saco de éste. Una manera que Viscarra se burlaba en sus relatos para hacer ver a Sáenz un imitador superficial de la noche paceña.

Estudiante universitario y Gestor Cultural