Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de febrero de 2024
  • Actualizado 15:19

Pedro Pascal y la mirada que mata al diálogo

Reseña de ‘Extraña forma de vida’, cortometraje de 2023 dirigido por Pedro Almodóvar y disponible en la plataforma de streaming Mubi
Pedro Pascal y la mirada que mata al diálogo.
Pedro Pascal y la mirada que mata al diálogo.
Pedro Pascal y la mirada que mata al diálogo

El consumo de cortometrajes es, para un público no especialmente cinéfilo, escaso en comparación al de largometrajes y series. Sin embargo, este 2023 se estrenó un cortometraje que llamó de entrada la atención de críticos y de la audiencia general: Extraña forma de vida, dirigido por el aclamado director español Pedro Almodóvar, y protagonizado por Ethan Hawke y el latino del momento y gancho perfecto para cualquier producto cultural (incluida esta reseña), Pedro Pascal. Un filme que hace homenaje a las películas western y que, en treinta minutos de historia, se convirtió en el cortometraje más popular del año.

El filme cuenta la historia de Silva, un hombre que cruza a caballo el desierto para reencontrarse con su viejo amigo, el sheriff Jake, veinticinco años después de la última vez que se vieron. Este encuentro hará resurgir el amor y las pasiones entre ambos amigos; sin embargo, el conflicto será desatado a partir del verdadero motivo por el cual Silva llegó al desierto.

Julio Cortázar, al hablar de estructuras literarias, decía: “La novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento debe ganar por nocaut”. Esta misma analogía con el boxeo puede aplicarse a los cortometrajes en contraposición a las películas. La película se va construyendo de a poco y consta de diferentes actos, pero el cortometraje debe ir al punto e impactar de entrada al espectador. En Extraña forma de vida, Almodóvar sabe que está jugando a contrarreloj, por lo que aprovecha cada segundo y utiliza todos sus recursos para contar su historia. Por una parte, se introduce a la audiencia al contexto en un par de diálogos que no se sienten forzados o antinaturales. Por otra, la construcción de la historia es fluida, ya que introduce pocos elementos y los suficientes para generar un conflicto que escale hasta su clímax. Además, las actuaciones de Pascal y Hawke ayudan a desarrollar el vínculo entre sus personajes con lenguaje corporal, pero esto amerita un punto aparte.

“No me lo cuentes, muéstramelo” es la premisa bajo la cual Extraña forma de vida se desenvuelve con destreza. Por ejemplo, ese momento del filme en el que Silva y Jake se ven por primera vez destaca por lo mucho que se dice fuera de los diálogos. No hay todavía una contextualización para el espectador, no se sabe de su romance o del tiempo que pasaron sin verse, pero el brillo en los ojos, la mirada conmovida y la sonrisa amplia son lo que se necesita para comprender la situación de un reencuentro inesperado y deseado a la vez. A medida que avanza la historia, las miradas y el lenguaje corporal son el recurso esencial para contar el progreso de su relación, como la cabeza baja y la brusquedad que muestran la desconfianza y el recelo de Jake, en oposición a los ojos apacibles y culpables de Silva.

Almodóvar tomó una decisión rompedora con las reglas que le puso a su versión del cine del viejo oeste. Un género americano, asociado a la masculinidad tradicional y a la violencia, transformado en un cortometraje de homoerotismo, con una ambientación cálida, sin muertes y con un final sugerentemente dulce y feliz. Extraña forma de vida es un filme ideal para introducirse a la filmografía de Pedro Almodóvar por su historia entrañable, brevedad y lenguaje sencillo, que no deja de ser rico en elementos analizables y digno de aclamación.

Estudiante de Comunicación de la UPB – Cochabamba