Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 02 de diciembre de 2022
  • Actualizado 11:09

Otros mundos desde la guitarra de Piraí

Sobre el recital desde casa que dio el destacado guitarrista cruceño Piraí Vaca.
 
El músico Piraí Vaca. ARCHIVO
El músico Piraí Vaca. ARCHIVO
Otros mundos desde la guitarra de Piraí

Como nuestras casas en este encierro, la guitarra es una caja. Una que sin embargo tiene siempre abierta una puerta dimensional que, si es operada por alguien como Piraí Vaca, nos transporta a realidades paralelas de deleite estético y espiritual, aun en tiempos duros. Eso volvió a ocurrir la noche del sábado 12 de abril, cuando el artista cruceño, uno de los bolivianos más universales, empuñó su instrumento para, desde su residencia, ofrecernos un concierto de cuarentena que hasta ahora tiene más de 51 mil visualizaciones.

En la seguidilla de actuaciones en línea de músicos nacionales, como las del rockero Grillo Villegas y el cantautor popular El Papirri, era esperada desde hace varias semanas la del guitarrista clásico, quien sació con creces la expectativa de un público ávido del remanso que Piraí suele ofrecer en sus abarrotadas giras nacionales e internacionales.

Descalzo, algo nervioso –“más que en cualquier concierto en vivo”-, el artista comenzó la demostración de su reconocido virtuosismo con la icónica “Capricho árabe” (Francisco Tárrega), para, de un modo tan pertinente en estos días, reflexionar después sobre el misterio de la muerte, mediante canciones como “Tears in heaven”, aquella que Eric Clapton escribió para su fallecido hijo; y “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y Félix Luna, un homenaje a la poeta Alfonsina Storni (quien se quitó la vida).

Y si con tan conmovedoras interpretaciones no miramos la absoluta soledad de nuestras desérticas ciudades desde las ventanas, seguramente sí lo hicimos con “La rueda”, del maestro de la guitarra boliviana Alfredo Domínguez, con exquisitos arreglos de Fernando Ardúz y del propio Vaca. En esta, Piraí convirtió su guitarra en un conjunto tarijeño tradicional, del que se escucharon erques y cajas del sur. En esa metamorfosis, lo que hizo luego fue transformar sus cuerdas en una banda completa de rock, al tocar “Bohemian rhapsody”, emblema de Queen y a la que prácticamente no le faltaron ni siquiera los coros en nuestras mentes.

Tales fueron algunos puntos altos de un recital de casi dos horas, en las que el autor de cinco discos, elogiado por la prensa especializada del interior y exterior del país, acompañado de su esposa Jacqueline Labardenz, dio también su mensaje de cambio para esta época. “Somos burros si después de esto todo sigue igual”, disparó con su natural franqueza.

No puedo finalizar este comentario sin insistir en la necesidad de que el Estado, ahora a cargo de un gobierno denominado “transitorio”, establezca políticas también de apoyo a un sector tan vulnerable como el cultural, más en este tiempo incierto. Sin ellas, no sabemos cuándo es que Piraí y otros miles de creadores bolivianos volverán a los escenarios, a su trabajo que ya apenas les alcanzaba para vivir. En vez de patrocinar “conciertos” policiacos o “bendiciones” en helicóptero, cuánto bien le haría a nuestros artistas por ejemplo que el Estado compre derechos sobre sus obras para la difusión masiva en medios públicos.