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  • Diario Digital | domingo, 04 de diciembre de 2022
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El origen del Trip hop. Los sonidos de Bristol

Una mirada al surgimiento y consolidación del género musical surgido en los años 90 en la ciudad costera de Inglaterra.
El origen del Trip hop. Los sonidos de Bristol

De todos los géneros de la música popular surgidos en los años 90, ninguno tan elegante, complejo y sofisticado como el Trip hop. Creado por un colectivo de jóvenes artistas en la costera y adormilada ciudad de Bristol en 1991, la historia de la música dio un giro y ya nada volvería a ser igual. Gorillaz, Bjork, The XX, ¡Madonna! incluso Radiohead -y todos los discos solistas de Thom Yorke- están impregnados de los umbríos sonidos de Bristol. 

Fácil de escuchar y difícil de hacer, el trip hop es el pastiche más extraño e inimaginable de géneros que sólo se podían dar en una ciudad milenaria y de origen multirracial, donde se encarroña la bohemia y la marihuana gobierna. En contraste con la agitada y convulsionada Londres, donde reinan las drogas de diseño como el éxtasis o el LSD, y en la cual paralelamente se irá desarrollando el hermano gemelo y discotequero del trip hop; “el Jungle”. Pero el trip hop no es música para fiesta, no es música para bailar o divertirse. La atmosfera que genera el trip hop tiene la capacidad de invadir los intersticios de las moléculas, música como refugio auditivo de la confusión y el caos, música para escuchar con audífonos y renovar el alma. 

 La semilla del trip hop se plantaría casi 10 años atrás, con la formación de una asociación de jóvenes artistas llamada The Wild Bunch, que influenciados por toda la cultura negra y especialmente por el hip hop de los Estados Unidos, decidieron hacer su propia versión de lo que sucedía cruzando el océano. En sus inicios el hip hop norteamericano no estaba reducido -como hoy- a un género musical, a finales de los 70’s en los barrios pobres de Nueva York, el hip hop era todo un movimiento cultural y la música era solo una parte de su expresión: el graffitti, (como arte pictórico callejero), el baile (expresado a través de un nuevo estilo denominado “breakdance”), el rap (como un nuevo género musical vocal) y un movimiento de música instrumental generado por DJs denominado “Turnabilismo” (en referencia a los platos de la consola donde giran los discos de vinil) eran las bases de la nueva creciente cultura urbana denominada hip hop. 

Se cree que el detonante del hip hop en suelo inglés fue la circulación de un documental titulado “Wild Style” en 1983, que narraba el surgimiento del hip hop. Inspirados los Wild Bunch experimentaban y creaban nuevos estilos, tenían pintores, graffiteros, bailarines y por supuesto músicos. Entre sus integrantes -aparte de Tricky y los futuros miembros de Massive Attack y Portishead- estaba Banksy, antes de convertirse en el artista callejero moderno más famoso que nadie conoce. Y Nellee Hooper que luego sería productor de varios discos de Bjork, U2 y Massive Attack, entre otros. 

En siglos pasados Bristol era uno de los puertos más importantes para el tráfico de esclavos, y hoy es una de las ciudades con mayor diversidad étnica en el Reino Unido, en combinación con una fuerte presencia estudiantil. La disolución de Wild Bunch a finales de los 80’s convirtió a Bristol en el escenario perfecto para la ebullición pluricultural del trip hop. Antes de disolverse completamente, los raperos Robert del Naja alias 3D y Grant Marshall alias “Daddy G”, comandaron aquello que sería el último trabajo de la pandilla, un álbum llamado Blue Lines que se editó bajo el nombre de Massive Attack, cuando ya casi todos los miembros habían abandonado el proyecto. 

Al escucharlo por primera vez parece sencillo de hacer, pero el trip hop es capaz de concentrar soul, música electrónica y jazz. Rock, música clásica y reggae. Hip hop, funk y bossa nova, envueltos todos en un clima oscuro y seductor, o (la menor de las veces) luminoso y esperanzador, donde no gobiernan el ritmo, los riffs o los solos instrumentales sino el peso del bajo y el ambiente que genera la mezcla. Al igual que el jazz de Miles Davis, el trip hop es elegante, atmosférico y una síntesis de toda la música que la precede, un tejido fino y excelso hilado por artesanos del sonido, una delicada amalgama donde la suma de los estilos no significa la acumulación y el estruendo, sino la síntesis y el espacio. 

Si el padre del Trip hop es el hip hop, la Electrónica es la madre. Luego del uso abusivo de los sintetizadores y los sonidos electrónicos en la música de los 80’s (new wave, synth pop, postpunk) la electrónica comenzaría a ramificarse en un sinfín de géneros, con el surgimiento de una nueva especie de gurú de la fiesta; el Dj. De la mano de la electrónica venían las drogas de diseño, que eran parte del menú diario de la cocina adolescente; “la generación química”. La cultura rave de los años 90 está prácticamente imputada de llevarse varios géneros y generaciones a los abismos de la adicción. Un eslabón muchas veces citado por expertos en la cadena de evolución del trip hop, es la electrónica discotequera “Pump up the volume” de MARRS de 1987, hip hop electrónico con mucho efecto de DJs. De hecho el nombre “trip hop” en su primera sílaba hace una referencia directa a las drogas, un hip hop con “viaje”.  

Lo que hace básicamente Massive Attack es separar los elementos que constituyen al hip hop como el Sample, el Rap o el Scratching y los transforma, les aplica técnicas de estudio que se aplican a la música electrónica. El Sample, que es básicamente extraer un pedazo de otra canción, ahora se repite (loop) en secuencias cuidadosamente estructuradas (samples loopeados). Al rap le quita la furia, el rencor y la necesidad de protagonismo, el rapero del trip hop es meditabundo y reflexivo, un rap sin la fuerza de la ira del Gansta rap (NWA, Ice Cube, Tupac Shakur) o del Rap de conciencia (Public Enemy, Kendrick Lamar, NAS). De Alemania absorbe las innovaciones de Kraftwerk, y de la misma manera que toma las bases sencillas del techno de Detroit, adquiere elementos del downtempo y del IDM (Intelligent Dance Music) británico (Aphex Twin, Autechre).

Otra presencia histórica importante en Bristol es una significativa comunidad proveniente de Jamaica, esto conlleva la cultura del sound system, reggae, ska, dub y por su puesto la parsimonia de la marihuana. El trip hop se mueve en tiempos lentos y seductores, con bases que extrae del downtempo y de los aletargados efectos de su droga favorita, la percepción de las texturas y los timbres se intensifican con efectos sensoriales específicamente elaborados, que se entrelazan para infundir misterio, aprensión y la sensación de un presente infinito.     

 A los tres primeros discos de Massive Attack los domina la manipulación de las pulsaciones del reggae, atmósferas cargadas de jazz y soul negro. Las voces setenteras de Shara Nelson o Tracy Thorn se deslizan con destreza sobre los ritmos hipnotizantes de Safe from harm o de Protection. La virtuosa soprano de Cocteau Twins Elizabeth Frazer equilibra su voz entre la melancolía y la belleza de Teardrop, y el bajo hipnotizador de Angel, con la voz de Horace Andy (la leyenda del reggae), probablemente sea el momento más intenso en la historia del trip hop. Pero es Unfinished Sympathy hecha con una cuchara y un vaso de cristal, la elegida para llevarse toda la ovación de la crítica que aplaude de pie el debut de Massive Attack, comparado con The White Album de Los Beatles, con el Exile on Main Street de Los Rolling Stones y con el primer álbum de la Velvet Underground, por crear nuevos estilos narrativos en la música popular.

 Tricky -también conocido como el “Bowie negro”- es el más oscuro poeta de la lírica del trip hop, pintor impresionista de paisajes lúgubres y devastados, jardinero de un fango febril de sonidos turbios que florecen angustia y miedo, música oscura y sensual llena de estruendo industrial y postpunk. El es el más prolífico de la primera generación, tiene trece discos hasta ahora, creó un universo más amplio y más experimental que sus antecesores, con más rock y más funk, con gansta rap y melodías inquietantes y texturas húmedas como las de Overcome o la sensualmente sadomasoquista Abbaon fat tracks. Seductor y misterioso, Tricky se deleita borrando las líneas estilísticas que el mismo ha trazado, su voz profunda y áspera hace contraste con la de Martina -todos los que conocen a Tricky han escuchado a Martina Topley-Bird-, Tricky habla a través de ella, flanqueado por samples que se oyen en bucles, como en Hell is around the Corner que, casualmente, comparte el mismo sampleo con Glory box, una obra maestra de otra de las bandas fundamentales para entender el trip hop y tal vez la más elegante y refinada: Portishead

Portishead es un plato para paladares exquisitos, del jazz toma su estructura rítmica que se mezcla con el downtempo y una guitarra distorsionada que entra casi en el terreno de lo experimental. Beth Gibbons, herida de amor, mantiene su vibrato agudo a la manera de las divas del soul de los años 50’s y 60’s, (Undined, Sour times, Roads) como un alma en pena que arrastra una traición, su dolor hecha voz te atraviesa, todo rodeado de turbios y fantasmagóricos efectos digitales. Geoff Barrow, aparte de DJ, es ingeniero de sonido, y eso se nota en el tratamiento que hace a cada elemento auditivo, Barrow trabaja las texturas y los matices en edición dándoles una calidad sonora única que se vuelve en sello de la banda. Pero lo realmente llamativo de este mago de la producción de estudio, es el elemento que extrae del hip hop y lo eleva a la categoría de arte; el Scratching.

 Hay que ser un consumado fan de reggaetón para no apreciar cómo Barrow mueve los dedos sobre los discos de vinil en Wandering Star, Cowboys o Mysterons. Barrow le ha aplicado una técnica personal al scratching y manipulando la ecualización y los tiempos ha logrado que la crítica hable de “scratching experimental”. Pero no solo es la destreza con la que Barrow se desliza sobre el tornamesa, Geoff es un amplísimo conocedor del jazz y el soul de los 50’s y escoge cuidadosamente todo lo que va samplear, claro y exquisito es el ejemplo en Pedestal, donde samplea una fina trompeta wah wah, o en Biscuit, donde Gibbons llora su desamor y Barrow le contesta con un scratching superlento, que le dice: “No vuelvas a enamorarte, otra vez”. 

 A casi 30 años de su creación, el trip hop, como casi todos los géneros que absorben demasiadas influencias, no ha muerto, se ha dispersado en muchos estilos y de varios modos, podríamos decir que los artistas que consiguieron el sonido han creado su propia forma de trip hop. Como el caso de UNKLE que logra un interesantísimo acercamiento a la electrónica más dance y a la música clásica o Archive que ha fusionado el trip hop con el rock progresivo, o el pop art de vanguardia de FKA twigs. Bjork, James Blake, Dj Shadow, Moorcheeba o Thievery Corporation son solo algunos de los nombres que han reinterpretado el trip hop de los 90’s a su manera, y engrosan la lista de esta sociedad de la buena música.   

Realizador Audiovisual y Profesor de Historia de la Música – [email protected]