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La novela Felipe Delgado en palabras de Jaime Saenz

Recopilación de una entrevista realizada al escritor paceño en la revista ‘Hipótesis’ (1978), en la que sostuvo un diálogo con Antonio Birbuet, Ramiro Molina y Blanca Wiethüchter, sobre una de sus obras más famosas y celebradas de la literatura boliviana.
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La novela Felipe Delgado en palabras de Jaime Saenz

Por el año 1978, la revista boliviana de literatura Hipótesis (Cochabamba: volumen II - Nº 4) publicó un número especial dedicado al poeta Jaime Saenz: “Por una circunstancia excepcional, el grueso de este número está ocupado por el trabajo y la palabra de Jaime Saenz. La oportunidad de adelantar un largo fragmento de su novela Felipe Delgado, nos ha hecho prescindir –por ahora– de la sección ‘Teoría’. Ya volverá. Creemos, sin embargo, que hemos sido honrados al tener esta oportunidad. Un diálogo con Saenz precede el fragmento de la novela”, indica el Comité de redacción, conformado por Luis H. Antezana y Gustavo Soto. Además de los miembros de Hipótesis, estuvieron presentes en el diálogo Antonio Birbuet, Ramiro Molina y Blanca Wiethüchter.

En un pasaje de la entrevista Jaime Saenz (1921-1986) hace referencia a la novela Felipe Delgado, que por ese tiempo –diciembre de 1978– el manuscrito se encontraba en proceso de edición: “Pero saldrá para marzo”, indica el bardo. En realidad el libro recién se terminó de imprimir el 31 de octubre de 1979, bajo los auspicios de la Editorial Difusión Ltda. Según manifiesta Saenz, la novela esta ambienta en la ciudad de La Paz: “Es una novela larga, tiene cuatro partes. Se llama Felipe Delgado, porque el personaje central se llama así”. La época en que está situado el relato es por el año 1929 hasta 1932, es decir, hasta inicios de la Guerra del Chaco, esto debido a razones de “perspectiva”. Para explicar este punto, Saenz se pregunta: “¿Cómo se puede conjugar esto con el hecho de que yo siempre he dicho que uno debe escribir siempre sobre lo que conoce y ha vivido?”. El poeta alega que habría una contradicción, “pero es solo es aparente, es por razones de perspectiva. Lo cual me ha facilitado muchas cosas; no por comodidad ni por conveniencia, sino por razones de perspectiva. Hubiera podido situarse en otras épocas, pero ocurre en esa época, justamente porque me ha dado una medida de un cierto estar, un cierto haber estado en el tiempo, para mirarlo desde aquí. Esto no quiere decir que la novela sea autobiográfica ni mucho menos”.

El poeta Saenz afirma que la novela Felipe Delgado tiene sabor de la época, “naturalmente los recuerdos que uno tiene como tales siempre persisten. Los más vividos son aquellos que se tienen de la infancia, en la niñez. Esos recuerdos forman el ser de uno, quieras o no: todo lo que uno ha vivido, ha presenciado, ha visto… esta es la primera formación que ha tenido irremediablemente”. Saenz enfatiza que su narración no es evocativa, sino “es un situar las cosas. Para el planteamiento, esto me ha ayudado mucho; lo digo con toda sinceridad. Lo que yo había sentido, lo que yo había conocido me ha servido para plantear las bases, el sustentáculo o continente de lo que tenía que escribir. Estando todo esto bien sentado, empezar a narrar era ya cosa que no ofrecía mayor problema”. 

En el punto referido a la relación entre poesía y novela, Saenz advierte que no hay una diferencia fundamental, pero si en su tratamiento: “A lo que yo me refería era al contenido mismo como obra, como cosa poética. En la poesía, la imagen está dada, está ahí; pero, en una  novela, la imagen tiene que estar en movimiento, aquí la imagen es una dinámica más bien, es una acción continua, es una palpitación, es un moverse, es un vivir y es un morir”. Más abajo Jaime Saenz sostiene que la poesía es cuestión de hermenéutica, en cambio la novela es una cuestión abierta: “La prueba está –dice Saenz– en que son relativamente pocos los lectores de poesía, sea aquí, en Roma, en París, en Berlín; son núcleos muy reducidos. En cambio, los que leen novela, ¿Quiénes son? Una novela puede leerla un chofer, un dentista, un filósofo, una ama de casa (…), una novela a de leerla gil y mil, ha de estar al alcance de todos; ha de ser una cosa sencilla, comprensible”. Sus interlocutores le preguntan: “¿Ha buscado esa sencillez en Felipe Delgado?”. A lo que Saenz responde: “Más bien ha fluido”. 

Las respuestas de Jaime Saenz son interesantes porqué nos da una mirada distinta a lo que actualmente se pregona sobre la novela Felipe Delgado. El poeta afirma que “la sencillez” narrativa es una de las principales características para que el lector –de cualquier estrato social– pueda sumergirse y comprender el mensaje literario. El maestro del misterio estuvo convencido que su novela era clara y sublime como su poesía, pero, el resultado y la recepción literaria fue paradójico con el devenir de los años. Esto debido a que los discípulos y propagandistas de Saenz fueron tergiversando el contenido de la novela, es decir, al no comprender en su cabalidad el mensaje de Felipe Delgado fue cubierta por términos ambiguos de “profundidad”, “originalidad” y “paradojal”, que en el fondo no explica nada concreto de la novela. Esto debido a la carencia de un espíritu crítico de parte de los discípulos de Saenz, que no se atreven a cuestionar los oscuros y tortuosos pasajes del libro. La incomprensión –en este caso– fue sumando partidarios al grado de catalogar a la novela de Saenz como la mejor producción literaria que produjo Bolivia en el siglo XX.   

La recepción de la obra narrativa de Saenz tuvo desde un inicio un tinte enigmático y esotérico. Por ejemplo, el escritor Augusto Guzmán (1903-1994) dice: “Es la novela más extensa que se haya escrito nunca sobre la vida paceña (…). Felipe Delgado es un intelectual profundo y original, sin limitaciones convencionales ni sistemáticas pero al mismo tiempo un gran observador del mundo desde su mesa de tragueador o chupacu inveterado”. El español José Ortega, especialista en literatura boliviana manifiesta: “Felipe Delgado es un contemplativo, un místico, que entra en la muerte como experimentando la nada, realizándose de una forma jubilosa (…). La lectura de Felipe Delgado nos va absorbiendo en un mundo fantástico donde asistimos a las más extrañas peripecias”. El prolífico biógrafo Elías Blanco, en el libro Jaime Saenz, el ángel solitario y jubiloso de la noche (1998), simplifica el contenido de la novela Felipe Delgado expresando: “Sin duda una obra monumental, que empezó a escribir en 1958”. El gran dogmatizador de Felipe Delgado, es sin duda alguna Luis H. Antezana, que la cataloga como “la novela más compleja y diversa de la literatura boliviana (…), un lenguaje esquivo, múltiple, a ratos retórico, paradojal: en pocas palabras un lenguaje polivalente muy difícilmente reductible al lenguaje ordinario”, entre otros. 

El establecer un canon es, desde luego una proeza. ¿Quién tiene autoridad para definirlo? También ésta es una cuestión abierta. Más allá de sus tesis enigmáticas, la novela de Jaime Saenz –incomprensible, oscura y profunda– ocupa un sitial privilegiado en el ámbito cultural, siendo un vivo retrato de un segmento conservador del sector universitario y académico. Detrás de la moda literaria de Felipe Delgado surgen las siguientes preguntas: ¿El afirmar que la novela de Saenz es insondable para el lector “común” es signo de paternalismo en la literatura?, ¿Al referirse con tanto afán a lo paradojal en la narrativa de Saenz es una interpretación antojadiza que trata de cubrir sigilosamente aquello que ni ellos mismos lograron comprender en la narrativa de Saenz?