Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 09 de diciembre de 2019
  • Actualizado 04:08

Nina Wara Carrasco: “La cultura, la ritualidad y la vida mutan todo el tiempo y para todos está bien”

En el murmullo del viento, la ópera de prima de la directora potosina, se exhibirá este 5 de diciembre en el Centro Simón I. Patiño de la ciudad de Cochabamba.
La directora Nina Wara Carrasco.
La directora Nina Wara Carrasco.
Nina Wara Carrasco: “La cultura, la ritualidad y la vida mutan todo el tiempo y para todos está bien”

Nina Wara Carrasco, periodista y cineasta potosina, presentará su ópera prima En Murmullo del Viento el próximo 5 de diciembre en el Centro Simón I. Patiño de Cochabamba (calle Potosí No. 1450). El documental fue seleccionado entre 16 trabajos audiovisuales que formaron parte de la VI edición del DOCTV Latinoamérica.

Carrasco nació en el norte de Potosí, Bolivia. No obstante, radica en México desde hace más de 25 años. Estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García en la Ciudad de México. Comenzó a trabajar en medios impresos como Milenio (México) y Amiante (Francia). Posteriormente, desempeño labores en televisión y películas, hasta especializarse en producción. 

Dentro de su trabajo en largometrajes están Yuban (Yaasib Vázquez), filme ganador del Ariel en 2012 –el premio de la Academia mexicana de cine– y seleccionado para el Festival Internacional de Cine Documental de Amsterdam, además de Fractal (Mariana González). En cortometrajes colaboró en El último pájaro (Azeneth Farah), película seleccionada del Eco Film Festival.  Recientemente realizó su primer largometraje En el murmullo del viento, proyecto que fue ganador de la VI edición de DOCTV; programa de realización de documentales que tiene como fin fomentar la producción y teledifusión a nivel latinoamericano.

El documental aborda los relatos fantásticos narrados por el padre de Carrasco, sobre la música del norte de Potosí en Bolivia, que la llevaran de regreso a Llallagua, su idílico lugar de infancia, para explorar los elementos que conforman el misticismo de la ritualidad en esta zona. Se enfrentará a la desazón del paso del tiempo, el desarraigo y el extranjerismo.

En esta entrevista con La Ramona, la cineasta habla sobre el proceso realización del documental y su conexión musical y espiritual con el lugar de su infancia: Llallaguita. 

¿De dónde  o  cómo surge la motivación o el interés por contar esta historia?

Esta historia estuvo rondando un buen rato en mi cabeza. Un amigo, periodista francés, que me contactó para trabajar con él en la producción de un documental suyo, en una charla le conté sobre el Norte de Potosí y sobre el tinku. Quedó impresionado y me dijo: “deberías hacer tu documental”. Cuando salió la convocatoria de DOCTV, y vi  que el tema era sobre música, decidí meter el proyecto. Conocí a Pedro Lijerón, productor boliviano en México. Él me dijo que si no lo dirigía yo, nadie lo haría porque era una historia muy personal. Así que así lo hice.

Al ser ópera prima, ¿cuál fue el mayor desafío que tuvieron?

La mayor dificultad fue poner en práctica lo aprendido previamente, ver a varios directores en acción es distinto, aunque este uno muy cerca de los procesos. También fue difícil poder lidiar con lo personal. Esta película aborda los rituales del norte de Potosí desde la propia vivencia. Es de alguna manera un homenaje a mi padre.

¿Cómo manejaron el tema de presupuesto? ¿se contó con alguna ayuda institucional?

El presupuesto siempre es complejo en el documental. Contamos con el presupuesto del fondo DOCTV y con la ayuda en especie de Bolivia TV. Además de la inversión personal para este proyecto.

 ¿Buscan transmitir algo en particular con el documental? 

En realidad no hay una búsqueda particular. Las películas generalmente lo que provocan son empatía por información que nos hace sentido. He recibido mensajes de gente que recibe la película como un reflejo de identidad, de búsquedas de las raíces, como información de lo que no se conoce en el propio país. Al final, todo lo personal es político. Y en este caso es una búsqueda de mis raíces, es una conexión con mi país. Y creo que es un tema muy común para mucha gente que salió de sus pueblos, de sus ciudades e incluso del país y que busca re encontrar su lugar.

En la sinopsis del documental hablas del misticismo de la ritualidad en Lallaguita, ¿a qué te referías al mencionar eso?

En las comunidades del norte de Potosí, en Llallaguita,  Irupata, Chayanta, etc. Todas las cosas que hacen están ligadas a la percepción y a la relación que existe en su entorno.  Cada acción, por ejemplo el challar, cada que se visita un cerro sagrado, juntarse para mascar coca, son elemento que conforman la vida diaria, pero que son acciones completamente místicas, están ligadas a su relación con los dioses.  El tinku por ejemplo, es un ritual de ofrenda para la tierra. No tiene nada que ver con el baile. Es más en las comunidades no existe una danza del tinku.

¿Cuál es la representación o  el retrato que se hace a la música del norte de potosí? Se tiene un imaginario como colectividad, pero, ¿cómo tú quieres retratarlo? 

La música del norte de Potosí es diversa. Pero no sólo diversa, sino que también está ligada a la ritualidad.  Lo que yo quise decir con este proyecto es que detrás de todo lo que sucede en esos lugares hay razones muy complejas. Tuvimos la suerte de que Teodoro, nuestro personaje principal, nos explicara con calma y paciencia cuál es el papel que juega la música en la vida de la gente. Es una manera de comunicarse con la naturaleza. No tocan solo por diversión. Y en ocasiones sí. Pero en el caso del tinku, la música de los sikus es vital. El retrato que hacemos en la película es justamente eso. Es comprender y sentir la relación del viento con los instrumentos y con el sentir de la gente. Ese sonido del siku constante y potente hace que la gente entre en trance y conecte de otra forma con los golpes que se dan.

¿Cómo fue para ti la aplicación y uso de la memoria como recurso narrativo?, es decir, ¿cómo rescatas las imágenes de tu infancia para exponerlas en el documental?

Es muy interesante como uno recuerda todo y luego cuando lo vuelve a ver resulta que no era para nada de esa manera. Yo de niña fui muy feliz en ese lugar. Con los años me parecía después un lugar muy difícil, árido, alto, duro y frío. Nunca entendí bien hasta ahora, qué llevó a mis padres a querer vivir ahí. Con la película, hubo justamente esa reconexión. Por un lado la imagen que tenía de la radio como un espacio lleno de vida y de gente, pues ahora ya no hay tal. La radio ya no se usa más, o la cocina comunitaria que tiraron para construir otra cosa. Sin embargo, los cerros de colores, el cielo altiplánico que es único, las ovejas en los corrales de piedra, etc. Esas imágenes sí que están y siempre estarán, pero además resulta que esos paisajes y la gente en toda su complejidad son razones suficientes para querer vivir ahí.

¿Cómo es el enfrentamiento de la ritualidad en la zona frente al paso del tiempo, el desarraigo y el extranjerismo?

Fue  increíble lo que nos sucedió justamente en el periodo cuando filmamos la película. Mientras hacíamos el scouting, mucha gente en Irupata, Llallaguita, Aymaya, me dijeron que ya casi no había tinku. Que los años anteriores ni siquiera lo habían hecho porque los evangelistas llegaron allá y los convencieron de no continuar sus prácticas rituales. Sin embargo, ese último año hubo una gran sequía. La gente decidió volver a la práctica del tinku. Había un convencimiento de que la madre tierra estaba enojada. Así que el año que hicimos la película había un tinku sin igual. Había miles de personas en la plaza de Aymaya Pampa; de todos lados, y los jóvenes migrantes que van y vuelven de las comunidades habían asistido al tinku y adoptado formas de todos lados. Vimos cabellos de colores, trajes estilizados, pantalones de jean mezclados con textiles tradicionales. O sea que, en realidad fue muchísimo más interesante y rico ver eso, entender que la cultura, la ritualidad y la vida mutan todo el tiempo y para todos está bien. Al final, yo llegue sintiéndome extranjera. Siempre decía que era potosina porque no sentía arraigo con la zona, pero ahora me encanta decir que nací ahí. Creo que el sentido de pertenencia se lo va generando uno mismo.

¿En qué festivales ha participado la película?, y a futuro ¿en qué festivales se presentará?

La película estuvo en principio en las pantallas de la red DOCTV de Latinoamérica, ahí comenzó su vida. Después se fue a Estados Unidos, al LASA film festival, a Turquía al festival FilmAmed, ganó mención honorífica en el festival de Amazonia DOC, mención honrosa en el Festival de Arica Nativa, Mejor guion sonoro de la II Bienal do cinema sonoro en Brasil, también estuvo recientemente en el Latino & Iberian Film Festival at Yale, en la Universidad de Yale en Estados Unidos. En la 13 Muestra de cine y video indígena de Chile y en el Festival Transcinema de Perú. Ahora mismo, se estrena en Cochabamba en el Centro Simón I. Patiño el día 5 de diciembre. Posteriormente, le buscaremos salida a cines en México y otros lugares.

Estudiante – [email protected]