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  • Diario Digital | miércoles, 19 de febrero de 2020
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MÚSICA

Neil Peart, el baterista que trascendió a su ritmo

Neil Peart
Neil Peart
Neil Peart, el baterista que trascendió a su ritmo

Rush se ha ganado un lugar en la historia del rock como uno de los grupos más prodigiosos e influyentes. Siendo un trio, la banda ofrecía un sonido completo y complejo que despertó el fanatismo y la admiración de diferentes generaciones.

Gran parte de la responsabilidad para que la que Rush se haya convertido en una leyenda es gracias a su arma secreta: el baterista, Neil Peart. Aquel personaje introvertido sufría una metamorfosis al momento de sentarse en su jaula dorada y desplegaba una amalgama de ritmos exquisitos a través de sus manos y pies.

Tras una lucha cáncer cerebral durante varios años, el ícono de los tambores perdió la batalla el 7 de enero de 2020 a sus 67 años de edad. Su muerte fue anunciada unos días después y generó una avalancha mundial de mensajes de reconocimiento y aprecio para que en vida fue uno de los mejores bateristas de todos los tiempos. 

En los 46 años de carrera con Rush, Peart logró lo que pocos bateristas han conseguido: consolidar un estilo personal e inconfundible. Los “Fills” (arreglos) que realiza en Fly BY Night, la versatilidad rítmica en The Spirit Of Radio o la locura que desataba en el solo en vivo de YYZ, son algunos ejemplos que enarbolan la forma peculiar en la que el canadiense interpretaba su instrumento.

Peart se unió a Rush en 1974, poco después de que la banda sacara a la luz su primer álbum y dos semanas antes de su primera gira norteamericana.

La salida de John Rutsey fue lo mejor que le pudo suceder al bajista y cantante Geddy Lee y el guitarrista Alex Lifeson. El nuevo integrante fue el motor que necesitaba Rush para explotar todo su potencial. 

El canadiense, desde la década del 70, tenía la magia de llamar la atención de aquellos que escuchaban por primera vez a Rush y fortalecer la admiración de los seguidores de la banda. En los 19 álbum de estudio en los que participó, el músico explotó una diversidad de recursos, utilizando inclusive recursos electrónicos, sin miedo de hacer uso de la tecnología para abrir nuevos horizontes en su instrumento.

En los escenarios Peart era en una máquina precisa y salvaje, golpeando los tambores con intensidad cuando ameritaba hacerlo y realizando toques sutiles en los momentos adecuados. Su técnica exquisita provocaba que los fans intentasen seguir con sus manos el ritmo de Peart, extasiados por su calidad técnica en vivo.

La creatividad de Peart no se quedaba detrás de los tambores. El baterista también se desempeñó como letrista de Rush, aportando historias y conceptos a las canciones del trío. El escribió más del 90% de las canciones, tocando temas políticos, científicos, interpersonales, futuristas, filosóficos.

Su talento para las letras saltó al campo de la literatura, publicando cuatro libros. En sus obras narra sus experiencias al explorar el mundo, tal es el caso de The Masked Driver: Cycling in West Africa, en el cual relata sus experiencias recorriendo en bicicleta Camerún.

Peart también fue un sobreviviente. Su vida sufrió dos trágicos golpes en 1997 y el 1998 cuando, en el lapso de un año, perdió primero a su primera mujer, Jacqueline Taylor, por un cáncer y poco después su única hija, Selena Taylor de 19 años, en un accidente de tráfico.

En abril de 2013 se hizo justicia y la banda canadiense fue ingresada al cuestionado Rock and Roll Hall of Fame. En un evento realizado en el Nokia Theatre de Los Ángeles, el trío fue homenajeado por Dave Grohl y Taylor Hawkins de Foo Fighters, entre otros invitados.

En aquella oportunidad el baterista, entre ovaciones, tomó primero la palabra y citó a Bob Dylan y dijo: “El mayor propósito del arte es inspirar”. Peart inspiró a generaciones a bateristas. 

En agosto de 2015 Rush dio su último concierto en el Forum de Los Angeles. Los registros muestran al baterista durante el final del show en el borde del escenario abrazando a sus compañeros, un gesto que casi nunca realizaba. Esa fue una señal de despedida. 

Este “mago” de la batería logró poner su nombre junto a la John Bonham, Ginger Baker y Keith Moon; los más grandes de la historia del rock.

Con su muerte acaba una generación dorada de aquellos bateristas que eran fuentes de inspiración durante las primeras décadas del rock y que forjaron a golpes la forma ideal de interpretar este instrumento. 

Periodista y baterista