Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 05 de julio de 2022
  • Actualizado 14:11

Natalia López Gallardo: “Muchos de nuestros países están poniendo en cuestión si el dinero público tiene que fomentar la cultura y es triste”

Entrevista con la directora boliviana, quien recientemente se hizo con el Oso de Plata en el Festival de Berlín por su ópera prima ‘Manto de gemas’, filme que presenta un fuerte retrato de la violencia y desolación que se vive en amplios territorios de México
La directora boliviana Natalia López Gallardo tras el debut de su película ‘Manto de gemas’ en la Berlinale 2022 y un afiche promocional del filme.       EVA USI-IMDB
La directora boliviana Natalia López Gallardo tras el debut de su película ‘Manto de gemas’ en la Berlinale 2022 y un afiche promocional del filme. EVA USI-IMDB
Natalia López Gallardo: “Muchos de nuestros países están poniendo en cuestión si el dinero público tiene que fomentar la cultura y es triste”

Natalia López Gallardo (La Paz, 1980) estuvo ligada al cine desde su infancia. Entonces, nutrió su mirada con las películas que hacía Jorge Sanjinés quizá influida por su padre, el recientemente fallecido antropólogo y documentalista, Eduardo López Zavala. De hecho, de su niñez recuerda los viajes que hacía con él hacia el Altiplano y otros lugares lejanos del país para filmar. “Mi papá estaba muy enlazado con el movimiento indigenista, él era antropólogo entonces se acercaba al cine como una herramienta de comunicación del movimiento indigenista”, recuerda. 

Más tarde a principios del 2000 se trasladó a México donde estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica. A lo largo de estas dos décadas trabajó como editora de películas de importantes cineastas mexicanos como Carlos Reynagas o Amát Escalante, entre otros. En 2006 debutó como directora cuando lanzó su cortometraje El cielo como en la tierra, que ese año formó parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia​ y fue presentado en la semana de la Crítica en el Festival de Cannes. Hace cinco años decidió volver a la dirección para la que sería una ambiciosa ópera prima: Manto de gemas, estrenada este año en la 72 edición de la Berlinale, que le otorgó nada menos que el Premio del jurado.

 La película es una coproducción entre México, Argentina y Estados Unidos y está protagonizada por la argentina Nailea Norvind y los mexicanos Antonia Olivares y Daniel García Treviño. Fue calificada por la crítica como obra inquietante o una experiencia sensorial.   

Pregunta. El Premio del Jurado es uno de los más prestigiosos de la Berlinale, ¿cómo recibes este galardón y qué significa para tu carrera como cineasta? 

Respuesta. Me ha generado una fuerte carga de agradecimiento. He trabajado en esta película alrededor de cinco años. Uno no siempre tiene recompensas tan favorables después de un trabajo así. Estoy sumamente agradecida con el festival de Berlín. De ahora en adelante la película va a poder caminar sin mí y eso me genera paz y alegría. 

P. ¿Cuál ha sido el recibimiento que tuvo la película en Europa y en México si es que ya se presentó allá?

R. La película aún no se estrenó en México. Pienso que va a ser leída y percibida muy diferente a cómo fue recibida en Berlín. Me he asombrado muchísimo por cómo la han recibido los periodistas europeos y la gente con la que hablé en el festival. Fue una sorpresa para mí que saliera en alto la experticia cinematográfica. Esta es una película que de alguna manera tiene una formalidad fuerte y eso me dejó muy agradecida porque mi intensión fue esa desde el comienzo. 

Obviamente la visión europea se pregunta siempre qué tanto de lo que percibimos de los países latinoamericanos es un arquetipo y que tanto no o cómo se vive la violencia en México, qué tanto le afecta a la gente que vive en las comunidades y a la gente que está fuera de esos circuitos… son muchas cosas las que surgen para una mirada exterior. Pero lo que perciben de alguna manera es el abandono el miedo una violencia que es sistemática, que no es tan visible, sino que corre por debajo de las venas de la situación, fue muy gratificante darme cuenta eso. 

P. ¿Qué te llevó a querer trabajar un tema tan complejo como la violencia ligada a las desapariciones en México? 

R. Es un tema que creo que en menor o mayor medida todos los mexicanos tenemos presente en nuestras vidas es algo que vemos en las calles. Hemos oído historias, en mi caso este tema siempre me ha movido. Entonces, el contexto que me dio pie para acercarme a ese tema es uno que comparto con el resto de mexicanos y mexicanas. 

Es un tema muy complejo que responde a factores sociales muy complejos, históricos o económicos. No fue mi intensión hacer una proclama social ni un análisis de la situación ni proponer respuestas para solucionar. Creo que hay grandes documentales y películas de ficción, libros y análisis de gente muy instruida sobre el tema. Mi intención era acercarme a la dimensión psicológica (de ese nivel de violencia) que creo que compartimos todos. 

Fui intuyendo que la película tenía que ver con la ruptura de la comunidad y con la ruptura de los valores que nos unen. Sabía que la cinta tenía que ser sobre el miedo que genera el no tener un futuro en común, pero creo que lo que marcó el nacimiento de la película dentro de mi antes de escribir fueron las pláticas con las madres que tienen hijos desaparecidos.  Para mí fue un parteaguas, me sentí incapaz de realmente compartir el dolor de estas personas y de alguna manera me sentí culpable por eso y creo que ese fue el inicio de la película, eso que guardamos debajo de la piel al convivir con esto estemos lejos o cerca.  

P. ¿De qué manera el cine te ha permitido reflejar esa dimensión psicológica de la violencia que buscabas?

R. Yo soy editora de profesión y a eso me he dedicado los últimos 20 años de mi vida, toda mi experiencia viene de ahí. La edición es un campo en el que hay un trabajo de muchísimo análisis del cine, el editor estudia el material que recibe y construye con él un lenguaje cinematográfico. De ahí, que he desarrollado un amor por el lenguaje cinematográfico en todos estos años y he ido dándome cuenta cuál es mi posición en relación al cine y a ese lenguaje y lo que creo que significa. Mi intención desde un inicio era hacer una película que se sostuviera no en la narrativa ni en la historia, sino en el lenguaje y me valí de las herramientas del lenguaje, es una película que intenta, no sé hasta qué punto lo he logrado, generar una experiencia sensorial y una reflexión posterior. 

P. Natalia eres boliviana e hija de un reconocido director como lo fue Eduardo López ¿qué opinión tienes del cine que se está haciendo en Bolivia en caso de que hayas visto algo de nuestro país recientemente? 

R. He estado siempre, de niña mucho más, en contacto con el cine boliviano. Tengo recuerdos muy claros de viajes con mi papá de viajes al altiplano, de viajes con él y con la cámara a lugares muy recónditos y él siempre estaba en contacto con el cine con las producciones de documentales y de ficciones que se hacían entonces y las películas de (Jorge) Sanjinés y todas las películas que surgieron del movimiento indigenista. Mi papá estaba muy enlazado con eso, él era antropólogo entonces se acercaba al cine como una herramienta de comunicación del movimiento indigenista. Para mí ese fue el encuentro con el cine boliviano y después me perdí un tiempo. Mi único contacto vivo ahora mismo es Kiro Russo, la última película que hizo -y la primera también- me causa fascinación, lo admiro mucho. Se me hace un cineasta valiente y libre. Pude ver su película hace unos meses y me emocionó mucho. Creo que es parte de un movimiento joven que está haciendo cine de nuevo. 

P. El cine tiene aportes invaluables en una sociedad, desde tu perspectiva ¿cuáles son esos aportes y por qué los Estados debieran apoyarlo? Pienso en ello porque aquí en Alemania sí se tiene una política de apoyo al cine, muy distinto a lo que sucede en los países latinoamericanos, especialmente en Bolivia…

R. A mí me gustaría conocer más cómo funciona por dentro el sistema. Porque en México el sistema con el nuevo Gobierno ha cambiado y se está restructurando, lo que sé es que los fondos que sostienen el cine mexicano están luchando por sobrevivir. Cosa que se me hace tristísima. 

La cultura realmente es la faceta de una sociedad evolucionada o que busca evolucionar o reflexionar sobre sí misma y que busca solucionar sus problemas más profundos. Creo que el arte es un camino evolutivo para la comunidad, entonces creo que los países que tienen la posibilidad de alimentar su producción cultural son países que están en evolución y que ponen a la producción cultural en donde tiene que estar.

Lamentablemente, en muchos de nuestros países se está poniendo en cuestión si el dinero público tiene que fomentar la cultura y es algo muy delicado y triste.