Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 06 de diciembre de 2021
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Natalia García Freire: “Detrás de la muerte siempre hay algo, y ese algo es una historia de ficción”

La escritora ecuatoriana presenta ‘Nuestra piel muerta’, novela que, en su edición boliviana –disponible a través de la Editorial Mantis–, se encuentra disponible en la feria de edición independiente Enjambre de Libros, que se realiza de forma presencial en Cochabamba, La Paz y Santa Cruz hasta el 14 de noviembre.
La escritora ecuatoriana Natalia García Freire y la portada de la edición boliviana de ‘Nuestra piel muerta’. ELABORACIÓN PROPIA
La escritora ecuatoriana Natalia García Freire y la portada de la edición boliviana de ‘Nuestra piel muerta’. ELABORACIÓN PROPIA
Natalia García Freire: “Detrás de la muerte siempre hay algo, y ese algo es una historia de ficción”

La relación de la escritora Natalia García Freire con la muerte es “muy extraña” desde la infancia, según cuenta. Para la autora (Cuenca, Ecuador; 1991), siempre fue el lugar donde nace la ficción. Si alguien cerca suyo fallecía, no se lo contaban. Sin embargo, ese afán de ocultarle la muerte desde que era pequeña, de disfrazarla, suavizarla, fue como un motor, ya que le dio algo que jamás ha abandonado: “La idea de convertirla en una historia paralela”. En Nuestra piel muerta, su primera novela, la autora abraza el deseo de muerte de Lucas, uno de sus personajes, y reflexiona desde sus vivencias y su relación con la muerte a través de su escritura: “Detrás de la muerte siempre hay algo, y ese algo es una historia de ficción que para mí es más capaz de describir la realidad que cualquier relato verídico”.

 “¿Cómo se denomina al que regresa?”, se pregunta Lucas cuando vuelve a su casa, donde ahora viven dos desconocidos: Felisberto y Eloy. El regreso es una larga conversación con su padre muerto, un reproche, una invocación, una súplica. Su madre fue enviada lejos hace ya tiempo y en el jardín que tanto amaba ahora solo crece la mala hierba. Ellos están ahí, viven con Sarai, Noah y Mara, las mujeres que lo criaron y que ahora, como todo lo que está dentro de la casa, les pertenecen. Contra su voluntad, Lucas se convierte en el testigo del derrumbe de lo que un día fue el pilar y refugio de su infancia: los cimientos y las paredes se desmoronan, los rincones acumulan podredumbre, la oscuridad todo lo cubre, pero es esa oscuridad la que conduce a Lucas hacia el mundo subterráneo que ha sobrevivido a la invasión: el mundo de los insectos. 

Bajo esta premisa parte Nuestra piel muerta, cuya edición para Bolivia se encuentra disponible a través de la Editorial Mantis. La obra fue presentada recientemente, el pasado 4 de noviembre, y se puede adquirir en Enjambre de Libros, la feria de la edición e impresión independiente que se realiza hasta este 14 de noviembre y que se lleva a cabo de forma presencial en Cochabamba (Casa Departamental de Culturas. Plaza 14 de Septiembre -acera norte-) y La Paz (Centro Cultural de España, Av. Camacho #1484), además de actividades virtuales en Santa Cruz. “Nuestra piel muerta habla de todo aquello que puede invadir una casa: la muerte, la enfermedad, la locura, el poder, la religión. También habla de otro génesis, otro relato más material, menos divino y etéreo, un relato que el personaje necesita creer para poder habitar el mundo o para dejar de habitarlo”, dice la escritora ecuatoriana.

Freire se interesó por publicar su primera obra con Mantis aún antes de que fuera acogida y presentada en España por la editorial Navaja Suiza. El proyecto editorial boliviano que comenzó como una colección narrativa dio el paso para convertirse en un sello independiente y sus editoras, Magela Baudoin, Giovanna Rivero y Mariana Ríos, escogieron la obra de la escritora ecuatoriana como uno de los títulos para lanzar esta etapa en la que levantaban vuelo y comenzaban una nueva metamorfosis. “No son solo una editorial [Mantis], sino algo que está constantemente transformando, que tiene un anhelo literario único. Además, creo que hay sintonía entre las editoriales [Mantis y La Navaja Suiza] y lo que yo quiero hacer al escribir: correr riesgos y contar historias con un lenguaje que sea, de alguna forma, material, palpable”, afirma Freire.

La creación de Nuestra piel muerta fue fruto del Máster de Narrativa de la Escuela de Escritores en España. La novela fue el proyecto de grado de la escritora. Freire describe la experiencia como “maravillosa”, ya que tuvo bastante retroalimentación, tanto de sus compañeros como de sus tutores. Cree que el resultado no hubiera sido igual si no se hubiera dado esa dinámica de trabajo, porque no había escrito antes una novela y todas esas perspectivas, admite la autora, enriquecen mucho el proceso de creación. “Todavía mantenemos un grupo de lectura con mis antiguos compañeros de máster y nos leemos y comentamos. Es una forma de escritura más acompañada, menos sola y también mucho más receptiva a cualquier crítica. Además, la mirada de los otros puede ayudar mucho a entender el proceso propio de escritura”, agrega Freire.

La autora cuencana dice que lo más difícil del proceso de escritura, pero también lo que más le ayudó, es el acostumbrarse a poner sobre la mesa su trabajo y tener la capacidad de destruirlo y reconstruirlo una y otra vez. Afirma que eso la ayudó muchísimo a entender que su proceso era “trabajar constantemente sobre ruinas”. “En mi caso, fue difícil al principio porque sentía que no avanzaba, que no iba a ningún lado, pero tuve que mirarlo como otra forma de escribir, de construir, de reescribir más que escribir”, precisa.

Ese proceso meticuloso de (re)escritura le ha merecido diversos elogios de la crítica, que ha destacado la narrativa y el lenguaje de su obra. Esto también le ha permitido a la novela, desde 2019 –año de su lanzamiento–, a tener un recorrido lleno de reconocimientos, entre ellos ser considerada como uno de los mejores libros de ese año por el New York Times y obtener el logro de ser traducida al turco, francés e inglés, lo cual le ha permitido a Nuestra piel muerta viajar hacia nuevos territorios y públicos.

¿Fue difícil encontrar la voz o estilo literario para esta obra?: “Fue difícil en el sentido en que fue una voz que tuve que descubrir por pedacitos, con mucho trabajo como de artesano, de ir modelando algo que no sabía qué iba a ser. Pero una vez que llegó, que la tuve, que la entendí, lo difícil fue soltarla. Meses después de terminar la novela, todavía seguía escribiendo con voz de Lucas, despojos de Lucas, fragmentos que no iban en la novela y que tampoco iban en ningún lado, me costó decirle a Lucas que se había acabado, que la historia estaba cerrada”. 

En otras entrevistas Freire hace hincapié en que ella no es Lucas, pero que sí, como mencionaba párrafos atrás, tiene una relación “muy extraña” con la muerte. Respecto a dónde se traza la línea de separación como autora frente a la historia que cuentan tus personajes, ella afirmó que “siempre hay algo autobiográfico”. Admite que le gusta trabajar con la experiencia propia a modo de secretos. Como si le entregase al lector secretos que él no sabe que está recibiendo: “Hay partes de la novela, detalles, imágenes, que me sucedieron, que viví. Son pequeñas y ni siquiera forman parte de la trama o de los personajes en sí, pero están ahí como una especie de arqueología de lo que soy y de mi verdad en lo que escribo”.

Menciona, por ejemplo, esa idea de hablar con los muertos, de escribirles a familiares que habían fallecido, como cuando era pequeña. “Para mí, Nuestra piel muerta es una larga conversación con mis muertos, pero tenía que transformarlo en algo distinto, en algo imaginado para que sea totalmente honesto. Esa es mi línea, debo trabajar con material real para construir artefactos imaginados”, finaliza.