Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 23 de mayo de 2022
  • Actualizado 22:07

El museo está desnudo

Sobre ‘Mujeres valerosas’, la nueva exposición temporal del Museo Nacional de Arte, de la cochabambina Escarlet Salvatierra Rocha
Una de las obras que se exhibe en la muestra ‘Mujeres valerosas’. RB
Una de las obras que se exhibe en la muestra ‘Mujeres valerosas’. RB
El museo está desnudo

La nueva exposición temporal del Museo Nacional de Arte es un despropósito, uno más. La muestra “Mujeres valerosas” de la cochabambina Escarlet Salvatierra Rocha -hija del artista Ruperto Salvatierra Lazarte- ocupa tres salas del “Emeneá” con un total de 60 cuadros, la gran mayoría autorretratos y desnudos repetitivos. También hay bocetos que quieren pasar por cuadros de la época de estudios de la artista en Barcelona. 

El desnudo artístico nació en la Antigüedad clásica y causó polémica durante el Renacimiento. Los debates sobre belleza, obscenidad y vulnerabilidad ocuparon siglos. No obstante, en este segundo milenio las preguntas son otras: ¿se puede jugar a lo grotesco sin tener intenciones grotescas? ¿se pueden cometer fallos en las proporciones del cuerpo -trabajadas antaño por Rafael y Da Vinci- sin tener intenciones artísticas “ad hoc”? ¿tiene sentido copiar cuadros famosos como las “Señoritas de Avignon” de Picasso o las “Majas” de Goya? (solo extrañé una versión local/cochala de “El origen del mundo”).

¿El abuso de obras costumbristas con la propia artista como modelo -casi una cincuentena- es un reflejo de esta época marcada por un narcisismo exagerado? ¿Es la muestra en realidad una “selfie” o la artista quedó atrapada en el espejo del ayer? ¿Es “provocador” -como dice el texto de presentación- un desnudo en el teleférico o una china supay en “toples”? ¿Para hacer “arte boliviano” es preciso pintar escenas y personajes de nuestro folklore?

El Museo Nacional de Arte ha optado en la actual gestión por la “democratización”, término que viene a significar supuestamente que todos y todas las artistas pueden exponer en el mayor repositorio público del país. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Y los requisitos de calidad, subjetivos donde los haya, dónde quedan? ¿No hay un “mínimum”? 

El “quid” de la cuestión radica -otra vez como en la fallida exposición permanente bienal- en la falta de una (adecuada) curaduría. Mientras ésta no exista, el MNA (ahora convertido en una galería comercial más), como el emperador, seguirá desnudo aunque algunos sigan alabando los “trajes nuevos”.