Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 19 de octubre de 2019
  • Actualizado 14:16

[NIDO DE CUERVOS]

El mundo como cebolla: una entrevista a Rosario Curiel

El mundo como cebolla: una entrevista a Rosario Curiel


La escritora Rosario Curiel, doctora en Filología Hispánica, nació en Lleida (España) en 1964. Entre sus novelas están El secreto de mi nombre (Ed. Milenio, 1997), Sobrehumanos y cebollas (Ed. Milenio, 1999), Antes del gran silencio (Ed. Milenio, 2003-publicada en coautoría con Maria-Pau Cornadó), El ojo de Blaqueloc (plataforma literaria de Random House Mondadori, 2010) y Memorias de la Salamandra (Ediciones de La Discreta, 2012). El secreto de mi nombre resultó finalista en el I Premio de Novela Fernando Lara 1996. Por su parte, Memorias de la Salamandra fue también finalista esta vez en el Premio Nadal 2006 en esta entrevista habla de su trabajo literario.

-¿Qué te impulsó a iniciarte como escritora?

El impulso fue desde muy temprano. A los 3 años aprendí a leer y escribir. Era una niña muy soñadora. Solía escribir poesías que por cosas de la vida se perdieron en el camino. A los 12 tomé la decisión de ser escritora, aunque por ese tiempo no estaba muy segura de lo que eso significaba. Escribir es libertad. A mí me gusta rebelarme contra lo que no me gusta. Me gusta cambiar el mundo, aunque sea solo una persona que lea lo que escribo y eso la haga reflexionar y cambiar.

-¿Cómo influyen tus estudios en tu obra?

Le da diferentes visiones. De la filología aprendí a ser perfeccionista, mi manuscrito debe estar lo más pulido posible. De la música aprendí a dotar de estructura a mis obras. El teatro influye a la hora de escribir diálogos, en la oralidad de los personajes, no me gustan los diálogos comunes de la literatura; influye también en la escénica de la historia, la novela es algo vivo.

-Estudiaste mucho la literatura latinoamericana. ¿Influyen autores latinoamericanos en tu escritura?

La verdad siento que me influyen más los autores latinoamericanos que los de la península. Carpentier fue mi gran maestro, estudié en La Habana y ahí conocí toda su vida y su obra; Carpentier me enseñó a escribir novelas. Cuando escribo cuentos, vuelvo a Cortázar. Borges es una influencia menor, aunque también me gusta. García Márquez, Padura. La riqueza verbal de cualquier escritor latino es mayor que la de cualquiera en la península. Mis influencias son ante todo de Latinoamérica y de la literatura anglosajona también.

-¿Autoras latinoamericanas que te gusten?

Sor Juana Inés, Laura Esquivel, Restrepo, Mistral. Debo admitir que aún me falta conocer más a las autoras latinoamericanas.

-¿Crees que la escritura solo debe ser para aquellos que quieren ser artistas?

Escribir es una necesidad vital. Debería ser algo necesario para todo el mundo. No es algo reservado a unos cuantos que tengan una capacidad intelectual grandiosa, es algo que comparten todos. Estamos hechos de palabras. Es como respirar.

-¿Cómo es el proceso de creación de una de tus novelas?

El 10 por ciento es inspiración, el 90 por ciento es transpiración. Es un entrenamiento constante. Cada día escribo, aunque solo sean tonterías impublicables. E intento leer todo lo que pueda, aunque sea Twitter. No busco los temas, los temas me buscan a mí. Siempre llevo una libreta pequeña en el bolso donde anoto algo que veo en la calle o una conversación que escucho en el metro. La inspiración viene de cualquier parte. De repente me viene una idea, un flash, un título o una imagen y tiro del hilo. También recorto fotografías o noticias de las revisas y los periódicos. En otra libreta hago esquemas desde la idea original, uniendo todo lo recolectado. En otra libreta más grande, voy agrandando la imagen, hilvanando las secuencias. En total hago siete versiones de una novela antes de pasarla a la editorial, muchas páginas son eliminadas. Me gusta escribir en cafés o en el metro. El proceso de siete versiones hace que yo me revise hasta la última coma. A veces tengo una manera de escribir que es directamente heredera del discurso disgregado que podemos encontrar en un Cortázar, en un Joyce o en un Luis Marín Santos en Tiempo de silencio, y eso a las editoriales les da miedo y siempre he tenido que defender que ese texto tiene que ir así, oficialmente incorrecto, porque es lo que pide el texto en ese momento. Como siempre estoy escribiendo siempre tengo inéditos […], pero lo hago con mucha ilusión, no hay bloqueos en ningún momento, es un proceso de estar trabajando […]. Me hace mucha más ilusión todo el proceso, todo el camino hasta llegar a cerrar la criatura y verla lista. Yo soy feliz metida en mis musarañas. Y luego sucede que sé cuándo he acabado una novela, porque la novela me expulsa, me echa.

-¿Tú crees que hay algunas fórmulas o accesos que faciliten la vocación literaria? Por ejemplo, hay cierta tendencia a creer que el alcohol y las drogas, o ese estado de adormecimiento o bienestar potencian la creatividad.

Me he acostumbrado a escribir incluso meciendo con un pie a mi niña cuando ella era bebé. […] Estoy totalmente en desacuerdo con un acceso. Igual el alcohol y las drogas te pueden llevar a un estado alterado de tu realidad, pero eso no quiere decir que sea un estado creativo, es un estado falsamente creativo; es más, yo estoy absolutamente segura de que eso acaba con tu creatividad. Para escribir hay que estar despierto en todos los sentidos. No tengo ningún ritual, lo cual me encanta porque no se necesita nada para ponerme a escribir; lo que sí necesito es un papel y un bolígrafo, o un lápiz o lo que sea […]. Yo busco el trance escribiendo. […] La creatividad se trabaja. […] Si tú tienes el impulso de escribir no es porque tengas algo concreto que escribir, lo único que tienes es interrogantes. Si tú escribes es porque algo de tu mundo no te gusta o estás estallando de felicidad y necesitas comunicarlo o lo que sea; pero si necesitas buscar aditivos para escribir, pues no lo hagas porque no tiene mucho sentido.

-¿Hay temas recurrentes en tu literatura o escribes conforme te van llegando las cosas?

Ambas cosas. Supongo que estarán dentro de mí esas ideas obsesivas. Si tuviera que hacer una lista, seguro me vienen; pero también, como dije, estoy en modo antena parabólica con el mundo, nuestro mundo tiene temas recurrentes: el amor, la locura, la muerte son tres de mis temas que están absolutamente presentes en todos los seres humanos y en todas las épocas, eso está claro. […] Elemento recurrente en mis novelas sería el momento en que un personaje entra en crisis y cómo sale de ahí, cómo se reinventa; entonces un tema sería la identidad y la capacidad de reinventarse […]. A lo largo de mi producción siempre voy oscilando entre una línea más lírica y una línea más distópica. Y, releyendo Sobrehumanos y cebollas, me he dado cuenta de que tengo un personaje recurrente, un tipo de personaje recurrente que es el de la tejedora, una especie de Aracne […], alguien que teje la historia, que fabrica la historia […]. Últimamente, además, investigo sobre transhumanismo, que es toda la zona en la que los seres humanos nos estamos digitalizando y generando nuevas identidades.

-¿La cultura catalana influye mucho en tu literatura? (1)

Yo nací aquí, soy hija de andaluces y, aunque soy bilingüe, el castellano me predomina y toda la cultura hispana, andaluza y un poco la latinoamericana […]. Ahora bien, el constructo cultural catalán me influye a la inversa. Me explico: yo soy como una mirada externa a todo constructo cultural catalán, pongo en cuestión asuntos no de manera determinante, no para hacer política. Pongo en cuestión cosas que se dan por sentadas. Yo creo que todos somos radicalmente mestizos desde la base, creo que la cultura es una hibridación, y eso es algo con lo que mucha gente aquí está de acuerdo y otra gente no está de acuerdo. Entonces yo observo, aunque estoy dentro, tengo esa posibilidad por mis raíces y por las influencias culturales de allende, puedo ver la situación como desde afuera. Todo lo que sea una identidad fija y prefijada es algo que estoy poniendo en cuestión continuamente.

-¿De dónde nace el nombre Sobrehumanos y cebollas?

El título es ambivalente porque hicimos el “humanos” en cursiva, porque es Sobrehumanos y cebollas, pero también Sobre - “acerca de” humanos y cebollas. El título nace de la observación de la realidad como una cebolla a la que le vas quitando capas, capas, capas y al final, si le quitas todas, te quedas sin nada, es un cuestionamiento de la realidad. Y cuando lo pensé me pareció genial [ríe]. Dije, acepto el título. Hay una anécdota que coloqué en el libro que es real y la coloqué como un guiño, es cuando Lucía prepara una tortilla de patatas y pela una cebolla. Yo me encontraba quitándole capas a una cebolla podrida en un momento determinado, y pensé: “Ah, pues, se ha deshecho, como la realidad si nos ponemos a pensar” […]. Primero era la constatación de que la realidad se nos deshace, si empezamos a eliminar datos y recuerdos. Entonces, el siguiente paso fue pensar que para vivir como humanos hay que ser sobrehumanos, pero no en el sentido heroico, porque la novela está llena de antihéroes, sino en el sentido de que hay que estar por encima de lo que es ser humano o lo que significa ser humano. Mirarte desde la distancia y decir: “¿Qué o quién se supone que soy yo?” […]. Para resistir a la realidad que se nos deshace, hay que hacer un esfuerzo sobrehumano. […] La novela nace del título. Es como un desnacerse.

-¿Es justo decir que Arcana es cualquier ciudad como cuando Cortázar decía que “un fuego que es todos los fuegos”?

Sí. Evidentemente tiene un referente objetivo como punto de partida, pero efectivamente la idea era que Arcana no fuera una ciudad en concreto, ya lo dice el nombre, Arcana era la ciudad de la niebla y la niebla difumina el contorno de las cosas. Es un lugar que es un no lugar. De hecho, la idea es que los personajes tienen una definición como individuos, pero son personajes que podrían encarnar perfectamente a un montón de personas diferentes, son conductas que podrían ser comunes a muchos seres humanos. Por eso es una ciudad genérica que podría ser cualquier ciudad.

-¿Estos personajes son inventados o tienen referentes en tu historia personal?

Son inventados. Ninguno de los correlatos objetivos vivieron lo que viven en la novela. No son anécdotas reales. Partí de la base de algunas personas, pero del esqueleto, pero a veces es más fijo [ríe]. Por ejemplo, el perro de Heliodoro, Gómez, sí que parte del perro de unos amigos míos, muy travieso, al que le quise hacer un homenaje. A partir de ahí intenté coger rasgos físicos, pero todos los personajes nacen como leitmotivs.

-Cito la página 36 de tu libro: “Hay ciudades pequeñas en las que el vuelo de una mosca se convierte en un terrible huracán de consecuencias imprevisibles. […] Hay ciudades pequeñas en las que cualquier suceso, por pequeño que sea, se transforma en un acontecimiento […]”. Los personajes están aislados por mucho tiempo hasta que se encuentran y es en ese momento en el que realmente sacuden todo lo que es Arcana. Bajo ese pretexto, ¿esa es la manera en que entiendes la vida de las personas en el mundo, que no hay ninguna existencia insignificante?

Absolutamente. Es lo que te decía al principio con la intención de cambiar el mundo. Aunque muevas un átomo en el aire, ya estás cambiando el mundo; evidentemente no hay una existencia así de insignificante, sino que todas las existencias forman el mundo. No hay una jerarquía en esto, aunque pretendan decirnos que sí […]. Precisamente por eso los sobrehumanos no son sobrehumanos, los humanos ya somos sobrehumanos porque cualquier persona ya tiene su presencia en el mundo […]. Todos los pequeños corpúsculos humanos forman la realidad.

-Espero que hayas disfrutado de la entrevista tanto como yo. A mí me ha encantado.

Muchas gracias, ha sido un placer. Me ha encantado a mí también. Y si quieres comentar cualquier momento alguna otra cosa, ha sido muy intenso, muy interesante. Hay una frase que yo me anoté en la página 190, si quieres que nos resulte incluso como cierre del encuentro, que dice: “Es posible guardar los recuerdos, escribiéndolos”. ¿Para qué nos sirve escribir? Sirve para guardar esos fragmentos de la realidad que de otra forma se nos desharían.

___

(1) Lleida, donde reside Rosario,

es parte del territorio de Cataluña



Escritor - [email protected]