Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 25 de mayo de 2024
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Las mujeres (co)protagonistas en ‘El cholo Portales’

Una lectura de la novela boliviana de Enrique Finot, publicada originalmente en 1926, que cuenta la vida y el ascenso de un personaje de ‘condición inferior’, hijo natural de una ‘chola de pollera’

El cholo Portales es una novela escrita hace 98 años por el autor cruceño Enrique Finot.
El cholo Portales es una novela escrita hace 98 años por el autor cruceño Enrique Finot.
Las mujeres (co)protagonistas en ‘El cholo Portales’

El cholo Portales es una novela escrita hace 98 años por el autor cruceño Enrique Finot (1890-1952), mediante la editorial Renacimiento. La obra de principios del siglo XX tiene un marcado estilo realista compuesto por 20 capítulos y donde aparece un narrador omnisciente que narra una parte de la vida del cholo Evangelista Portales. Un personaje de “condición inferior”, hijo natural de Domitila González, mujer “chola de pollera”, que asciende social y malamente en la vida gracias a su incursión en la política boliviana. La historia ambientada en La Paz se divide en dos partes: en la primera, se relata la vida de Portales, un flamante abogado que incursiona, desde cargos bajos en la función pública y política, pero con acciones censurables. En la segunda, la voz narrativa describe el proceso de desclasamiento y mezquindad del protagonista central.  

En este relato de alto poder de cuestionamiento social, político y humano, también participan personajes femeninos, cuyo relacionamiento (in)directo con Portales muestra sus experiencias de violencia varonil, proporcionando una visión completa de lo que fue su condición de pesadumbres, durante los comienzos del siglo XX, en Bolivia. Las involucradas son la madre, la esposa y la hermana del protagonista y cada una tiene su propia historia afligida y un enfoque diferente, mostrando una secuencia traumática de interrelacionamiento con Portales, pero con una contestación óptima. Estas experiencias conflictivas ahondan en el desarrollo emotivo de la narración.  

Cada una de las tres co-protagonistas posee una singularidad actoral de feedback. Me explico: en conjunto, ellas reflejan los abusos y las violencias que deben soportar por parte del protagonista, pero contratacan. En esta perspectiva, la narración proporciona criterios de reflexión sobre la maternidad, la pareja matrimonial y la relación fraternal de hermanos (condición humana). Así, ellas afrontan estoicamente la violencia masculina, pero reaccionan atacando al agresor en su punto débil. Esto las convirtiéndolas en mujeres modelos. En consecuencia, el narrador les asigna roles desagradables a las tres damas para visualizar a Portales en su verdadera dimensión de maldad, pero luego embisten con sagacidad y reconstruyen otra atmósfera de lectura. A la sazón, desde aquí, mi finalidad será desarrollar estos conflictos con tres episodios de la novela de los roles de su madre Domitila González, de su esposa Enriqueta Vélez Ruiz y de su hermana María Luisa, todas allegadas a Portales.

La madre de Portales tiene raras apariciones en el relato. En una de ellas, recibe una actitud de indiferencia, por su hijo palurdo, en el día de su boda: “Pasada la ceremonia en el templo, en medio del tumulto de los invitados que se acercaban para felicitar a los contrayentes, una mujer de pueblo, vestida con el traje tradicional, se abrió paso dificultosamente y se aproximó al novio, tratando de abrazarle. Afectando no verla, Evangelista miró a otro lado y la dejó con los brazos extendidos, mientras Domitila González, que no era otra, tragándose las lágrimas, se perdió entre la concurrencia, queriendo disimular su humillación y su pena”. Ante esto, el narrador la sigue conservando moralmente fuerte en la historia. Este matiz denota la estructura circular de la novela, donde habría una intención incesante de la búsqueda del hijo.    

La esposa del protagonista provenía de una familia de clase alta y al unirse en matrimonio con Portales comprendió que “la vida conyugal le imponía sacrificios superiores a sus fuerzas”. En esta etapa, la figura del esposo tiene una connotación negativa, pues “Enriqueta estaba obligada a llevar cuenta estrecha y detallada de los gastos menudos de la casa. Se vestía haciendo milagros y devanándose los sesos para discurrir arreglos y transformaciones en los trajes pasados de moda, pues estaba obligada a concurrir a los actos oficiales, aun contra su voluntad”. Además, como comía poco, ella morirá indefectiblemente. En este pasaje, a Enriqueta se la puede mirar como una figura en descomposición física, pero no mental. Una imagen que representa el dolor infligido por el esposo. Esto se puede cruzar con una escena perfecta, pues cuando le consultan al doctor Antúnez de que murió la señora de Portales, él sentencia: “Ha muerto… de asco”.  

En el caso de Antonieta, ella es un personaje femenino que sufre violencia psicológica por su hermanastro. Pues, cuando Portales descubre que ella está embarazada del distinguido joven Sanjurjo, cuestiona este suceso estimando que puede perjudicarle y causarle escándalo en su entorno, entonces arremete contra su familiar “¿No tienes vergüenza –empezó él– de arrastrar por el lodo el nombre de la familia, convirtiéndote en una mujerzuela sin honra? ¿Has pensado, desgraciada, en lo que has hecho?”. La figura de la hermana resuena con voz de autoridad y brinda esta réplica: “¿Vergüenza? ¿Vergüenza de qué? ¿De tener un hijo sin ser casada? ¡Vaya, hombre! Eres muy divertido. ¿Y cómo has nacido tú, cómo he nacido yo, cómo han nacido todos nuestros hermanos? ¿Tenemos el mismo apellido? ¿Sé yo siquiera quién es mi padre? ¿No eres tú un hijo de cura?”.  

En la novela de Finot, la construcción de estos personajes no masculinos ilustra la tendencia realística de la historia, porque el relato refleja la dura realidad del género femenino en una determinada época. Un acontecimiento lejano que no se diluyo con el tiempo. Pero, el dibujo de coprotagonistas sufridas, pero con férrea integridad moral influye positivamente en el desarrollo emotivo del lector (realidad y memoria). En esta ecuación, las tres damas se convierten en personajes símbolo (Michel Zéraffa).