Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 01 de marzo de 2021
  • Actualizado 18:38

Un misterioso ser lacustre

Una crónica sobre la premier de la película boliviana Sirena que se realizó el 8 de enero en Copacabana. El filme de Carlos Piñeiro se encuentra disponible para su visionado de forma virtual en la plataforma de Multicine (www.multicine.com.bo/) hasta el 17 de enero, para después ser presentada en salas a partir del 21 de enero
Un misterioso ser lacustre

El lago Titicaca es uno de los lugares que más ha maravillado a propios y extraños, majestuoso y solemne, es históricamente un espacio de altas civilizaciones e incontables secretos. Por ejemplo, uno de sus centros más importantes, Copacabana, ha dejado testimonios muy tempranos que dan cuenta de su grandeza. Ya a principios del siglo XVII, los padres agustinos Alonso Ramos Gavilán y Antonio de la Calancha escribían acerca del fervoroso culto que tenía lugar en esta península alrededor de su virgen, cuya devoción comenzó en la década de 1580 y que se prolonga hasta nuestros días, convocando en peregrinación a miles de fieles cada año. 

A esta proclamada reina de Bolivia se le canta desde las orillas a través de música y rezos. Así, ahora que las calles están desprovistas de turistas, los rincones de Copacabana se llenan, en el silencio, de sus antiguas tradiciones, mientras se adaptan a los tiempos que corren. Las nuevas generaciones comienzan a tomar el relevo y están aprendiendo a renovar los saberes típicos de la región. Por eso, muchos jóvenes copacabaneños se dedican actualmente al arte y a la recuperación de conocimientos medicinales. Es gracias a ellos y al apoyo de varias comunidades alrededor del lago Titicaca que se pudo estrenar la nueva película de Carlos Piñeiro, Sirena, el pasado viernes 8 de enero, en las instalaciones del Centro de Interpretación Turística Pacha Uta.   

El largometraje, filmado el año 2017, es una especie de ofrenda para iniciar el incierto 2021 y su presentación en Copacabana representó un evento importante en varios sentidos, pues la ópera prima de Piñeiro incluye, en su equipo, al primer comunicador indígena de la provincia Manco Cápac, Stiff Williams Pizarro, que fue galardonado durante el estreno, junto a los actores de la zona y parte de la producción. Ese día, se recibió Sirena también con la presencia de Adela Calisaya, amauta qulliri y actriz en la película. Originaria de Sampaya, doña Adela posee una larga experiencia como terapeuta y, en particular, como partera, y es de aquellas mujeres que destilan sabiduría. Junto a su hijo, Rodrigo, guiaron la jornada a través de sus conocimientos heredados de varias generaciones. 

Asimismo, la agrupación cultural de música autóctona Uma Marka acompañó el evento con sus magníficas tarkeadas, en su mayoría dedicadas a la virgen milagrosa y al “milenario misterioso pueblo de los incas”. La comunidad, con mucha emoción, daba la bienvenida a este nuevo ser lacustre, venido en forma de producción audiovisual, y la presentación permitió estrechar aún más los lazos con un público diverso, pero compuesto en general por muchos niños. De ahí que la primera en levantar la mano haya sido una muchachita de unos cortos once años para preguntar sobre la relación entre el título y la película. Y es que parte del mensaje que surgió de esta charla con el realizador tiene que ver con los enigmas no resueltos dentro de la obra, que llaman a una participación activa del espectador, pues, finalmente, Sirena está hecha de varias capas, algunas de ellas invisibles, que necesitan del público para poder aflorar. No por nada el viejo adagio aymara, que Jesús Urzagasti resalta en El país del silencio, dice que estamos obligados a comunicarnos: aruskipasipxañanakasakipunirakispawa.  

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