Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 21 de mayo de 2022
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La mirada y la memoria: sobre ‘Busco una manera de no estar’ de Virginia Benavides

Busco una manera de no estar es una colección conformada por tres poemarios (Ejercicios contra el Alzheimer, Sueños de un Bonzo y Estrabismo) y un micro poemario (aeiou), escritos por la poeta peruana Virginia Benavides y publicada en Bolivia por la editorial Electrodependiente
Portada de la obra editada por Electrodependiente. CORTESÍA
Portada de la obra editada por Electrodependiente. CORTESÍA
La mirada y la memoria: sobre ‘Busco una manera de no estar’ de Virginia Benavides

La poesía de Virginia Benavides es una invitación a la reflexión sobre nuestras formas de mirar. Una mirada que parte siempre desde lo interno, desde aquel sujeto que antes de aceptar el sentido que ya se le ha dado a las cosas, se pregunta qué es esto realmente, osea, qué soy yo en relación a esto. Es de alguna manera una mirada extrañada del mundo pero que tiene como objetivo encontrar algo, con el riesgo de que aquello que se encuentre sea nada más que uno mismo “He mirado hasta vaciarme de sentido y disentido he seguido mi viaje antes del fuego.”  Es una búsqueda ahí donde está todo dado pero que no me alcanza para mi vivir.

En Ejercicios contra el Alzheimer, Virginia explora las formas de la memoria, la manera en que intentamos rescatar las cosas del olvido y al mismo tiempo la posibilidad de reinventar nuestro presente a partir de esta “imaginación amnésica”. Esta memoria en la poesía de Benavides es lo que Mauro Gatica llama “un acto de resistencia”, una manera de reponer lo desecho, una manera de no quedar en un sueño profundo; “Soy el que estriba y recae cada mañana en una danza quieta. No soy la que despierta, pero trato. Zumba que zumba atrapo mi imagen y aspiro su zumo para recordar”. Es un intento de dotar la vida de sentido desde lo inmediato. 

El lenguaje en Ejercicios contra el Alzheimer, es un intento estéril en este sueño por recordar. Las palabras van flotando en una oscuridad donde sólo hay ruidos: “El signo que resuena en esta lengua azul, en este aleteo mudo, en esta insonoridad no es más que el descifre de resanar una lengua agrietada”. Así, la palabra comienza a tornarse a-semántica. Esto nos lleva a preguntarnos ¿desde que otro lugar podemos significar nuestro existir en el mundo? 

Sueños de un Bonzo, (segundo poemario de esta colección), es la exploración de un alma herida, que busca la purificación a través del fuego. Un fuego que abraza el cuerpo y se sumerge hasta consumirse en el Mar. El fuego aquí, es un’más allá’ que consume el dolor y resucita la ilusión de un cuerpo perfumado. Virginia nos conduce a un escenario desgarrador, a una interioridad desolada pero que muy en lo profundo contiene un río, una esperanza: “Un río subterráneo recorre todos los desiertos. Son las venas de un cuerpo abandonado [...] “.  

En Sueños de un Bonzo hay jirones, lenguas agrietadas, pájaros de fuego, hay incendios y hay una ciudad que se funde en nuestras pesadillas. Hay todo eso, y al parecer hay sólo una vía de salvación: “sumersión”.

Y por último está Estrabismo, que es la primera publicación de Virginia Benavides, un poemario que usa la mirada como punto de apoyo para indagar en temas del amor, del sentido del ser, y porqué no, de la poesía misma. A diferencia de Ejercicios contra el Alzheimer y Sueños de un Bonzo, aquí hay un proceder más delicado, más lúdico para abordar estos temas existenciales, pero no por eso abandona su profundidad, por ejemplo, en su poema Botella borracha, Virginia nos regala un hermoso fragmento: “Porque el río que buscamos nace en nosotros, y se prolonga sin lastre metafórico en las palabras que nadan como peces en la nada universal”.   

En la poesía de Virginia Benavides hay musicalidad y muchas imágenes. Esa también es su búsqueda, como ella mismo lo dijo en alguna entrevista: “Todo poeta tiene algo de músico y artista”. Esta musicalidad que Virginia plasma en cada uno de sus textos, no viene sola, o, mejor dicho, no es su mayor preocupación. Allí donde hay buen ritmo también hay sentido de lo que se quiere decir. No son meras aliteraciones. Por ejemplo, disfrutemos de este fragmento de su poema El signo que resuena en esta lengua azul: “Y lengua, atravesabas la herida del sin estar, la ausencia de luz donde la cura se vuelve una procesión de ruidos, una estratagema del buzo por no salir a flote, solo en la danza del que lanza señales de hundimiento”. En toda música hay un sentido impreso. Cada poema que conforma esta colección contiene justamente eso.

Creo que el lector va a disfrutar mucho cada línea impresa en esta colección. 

Estudiante de filosofía y miembro del grupo de crítica literaria de la carrera de filosofía y letras UCB - [email protected]