Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 29 de noviembre de 2022
  • Actualizado 14:07

Memorias del (pen)último “homo tipográficus”

Comentario sobre ‘Recordatorio’, libro testimonial del periodista Carlos Soria Galvarro, presentado en la XV Feria Internacional del Libro de Cochabamba que hoy concluye.
Memorias del (pen)último “homo tipográficus”.
Memorias del (pen)último “homo tipográficus”.
Memorias del (pen)último “homo tipográficus”

Vaya paradoja. Son precisamente los medios de comunicación los que ocultan una similitud no menor de los más grandes periodistas de Latinoamérica: fueron o son militantes de izquierda. Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Elena Poniatowska, entre otros, no solo reinventaron el oficio, lo concibieron como una herramienta para la transformación. A esa alta estirpe pertenece nuestro Carlos Soria Galvarro Terán (1944), cochabambino, parotaneño para más precisión, otro genuino maestro del periodismo. 

Y digo nuestro porque no nos conocimos nunca en persona, pero sí a través de su extenso trabajo, al que accedí siendo joven como otra fuente inagotable de vocación profesional. Por eso es que hoy siento un especial honor al estar a su lado para comentar su más reciente obra, “Recordatorio. Estampas de la segunda mitad del siglo XX”, en esta Feria Internacional del Libro. 

Cabalmente desde la mirada de quien tiene como perspectiva la justicia social, compartimos entonces ahora trece textos de un guardián de la memoria que disecciona con el testimonio propio varios de los más importantes sucesos de la centuria que se fue, también como advertencia de que, como vimos en 2019, pueden repetirse. Destaco en particular cuatro de estos escritos.

El primero, “Empedernido trotamundos”, nos narra la cuna del autor, la Cochabamba y la Santa Cruz de mediados de siglo, idílicas y casi rurales por entero, a partir de las que Soria Galvarro emprende el vuelo constante de la lectura y los viajes. La fascinación por Julio Verne, el descubrimiento de una moderna aeronave que le llevará a Rusia y la confección materna de un saco como seña de condición de clase configurarán a ese joven que se preparaba para contarnos su visión del mundo y luchar por uno más equitativo.

Batalla que, como se ve después en el capítulo “En lucha contra la dictadura”, le costará persecución, clandestinidad, desarraigo familiar, tortura y exilio. De ese tiempo recuerda bien: “Lo de Luis García Meza es un piojo tuerto al lado de Banzer, porque si bien lo de García Meza fue brutal, torpe, despiadado, no fue orgánico, sistemático. Lo de Banzer fueron siete años de tortura, métodos nazis”. Y Soria Galvarro enfrentó el despotismo empuñando en principio un revolver, en acción de fallida y traicionada resistencia, luego manteniéndose a salvo de los esbirros y para siempre combatiendo a los regímenes desde la trinchera de las ideas.

Arrojo, convicción y formación política las tenía ya de sobra nuestro reportero que, como nadie en el país, indagó tan de cerca la última incursión guerrillera de Ernesto Guevara. Es pues Soria Galvarro quien mejor ha perfilado al “Che boliviano”, mediante una ardua investigación de metodología no tanto interpretativa como histórica, lo cual le ha valido el amplio reconocimiento internacional que todos celebramos. Así se confirma en el testimonio “Ñancahuasú: ni menos ni más” de este libro, el que revela por otro lado sus esfuerzos frente a la dirigencia del Partido Comunista para que salgan a flote las verdades del hecho que puso a Bolivia en el centro de la atención mundial durante décadas.

Con certeza, harto contribuyó en esa labor su apasionada instrucción como historiador, narrada en el apartado “Gajes del oficio periodístico”. Fundamental en esto ese consejo que le dio un docente: “Nada mejor que los estudios históricos para dotarle horizonte a su actividad política”. Esa sabiduría fue a continuación compartida con miles de estudiantes en la universidad pública, en lo regular ingrata con los auténticos maestros que trabajan no para burocracias, sino para los jóvenes que son presente y porvenir.

 que se ve reflejada por igual en este “Recordatorio”, de tan amena y fácil lectura por estar tan cautivadoramente escrito, en el estilo de los célebres cronistas del género y con el rigor actualizado del historiador que incluye hasta códigos QR para poder acceder a los textos citados. 

Si Bolivia tuviera siquiera media docena de Sorias Galvarros, cuán diferente sería la realidad del moribundo periodismo nacional, cuyos exponentes hoy no solo no leen, no investigan y no escriben, sino que van a contramano de los valores de Carlos, de la comunicación y de la historia, al defender a represores y represoras, y al apologizar la violencia fascista. 

Sin embargo, motivados en el valioso ejemplo de nuestro autor, aún quedan los que intentan rendir tributo a los principios humanistas de la profesión y de la palabra. Los vi asimismo en la anterior presentación de esta obra, y es por ello que reivindico a Soria Galvarro no como el último, sino como el penúltimo “homus tipográficus”, como él mismo se describe. 

Para todos ellos, es óptimo el consejo que da esta publicación en su inicio: “El futuro inmediato está cargado de amenazas y desgarradoras interrogantes. Pero no nos damos por vencidos, la vida tiene que seguir, y para ponerlo en evidencia, deben seguir apareciendo libros”.

*Comunicador y asambleísta departamental por Cochabamba y el MAS-IPSP.

Twitter: @SergioDelazerda