Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 17 de agosto de 2022
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Memoria y horizonte de un Noviembre Rojo

Sobre la teleserie documental de la cineasta cochabambina Verónica Córdova, que retrata las causas y resultados de la crisis política de 2019 en Bolivia, emitida por ATB y que se encuentra disponible en Youtube 
CORTESÍA
CORTESÍA
Memoria y horizonte de un Noviembre Rojo

Sobre todo en tiempos en los que a veces no recordamos ni lo que hicimos ayer, cuán fundamental es el ejercicio de la memoria. En ella las sociedades tienen siempre las claves de su presente y futuro. De esa función vital trata Noviembre Rojo, teleserie documental de la cineasta cochabambina Verónica Córdova, en actual en difusión.

Conformada por diez capítulos, la producción se emite cada domingo por señal abierta (a las 21.30 por ATB con repris a las 23.30 vía RTP). Y llega hoy a tal vez su cenit, estando también los primeros capítulos disponibles en un canal homónimo de Youtube. 

Este ensayo audiovisual, definido con acierto así por su directora, hurga las causas, consecuencias y proyecciones de aquel trágico noviembre de 2019 en el que Bolivia vio sangrientamente interrumpido su orden democrático. Lo hace con más de 60 testimonios en piezas de 40 minutos, cuyo visionado es angustiante y doloroso, a la vez que necesario y aleccionador. 

Uno de sus principales méritos es la perspectiva. No hablamos de una relación solo informativa de los sucesos (lo cual ya es en sí importante, dado nuestro agonizante periodismo), sino que voces diversas nos llevan a la compresión de nuestra historia cercana. Vemos entonces las razones por las que a inicios de este siglo un país decidió cambiar, crecer e incluir, los logros y contradicciones de este proceso y, de manera muy especial, la furibunda reacción ante el viraje.

Lo segundo fundamental es la recopilación y exposición de material audiovisual que es, a partir de una censura institucionalizada, en la práctica inédito para el sistema nacional de medios hegemónicos, al igual que la aguda disección de falacias que a fuerza de repetición se transformaron en “verdades”. Volvemos así, no sin aflicción, a duros episodios de violencia fascistoide y a cómo es que “monumentales” mentiras sirvieron de excusa para el abuso, la ilegalidad, la muerte y a continuación el latrocinio, en el episodio más regresivo que vivió la patria en cuatro décadas.

Lo último y no menos valioso es la forma elegida por la también comunicadora y antropóloga cochabambina, guionista del largometraje Di buen día a papá (2005). Tal como los acontecimientos, el ritmo es dramático y veloz. La edición nos sigue contando historias que son ahondadas por animaciones del gran dibujante Al-Azar, mientras de fondo suena música popular que coadyuva a rememorar lo ocurrido desde el lugar de las mayorías. Este es, pues, el documental de mayor aporte al entendimiento de nuestras rupturas colectivas desde Humillados y ofendidos (César Brie, 2008).

“Se dice la verdad y la mentira, y a esto se llama ‘imparcialidad”, reclamaba ya en su tiempo a los grandes medios el sacerdote, periodista y crítico de cine Luis Espinal (torturado y asesinado, por cierto, en el prolegómeno de otra dictadura). Y, por si algún desorientado preguntara, Noviembre Rojo no adolece de esa “imparcialidad” que ni siquiera pudieron satisfacer canales, radios y diarios.

400 minutos. 400 golpes. Sin pretensiones de verdad absoluta, la docuserie es, lo subrayamos, un punzante ensayo personal, uno que compartimos y valoramos quienes creemos en la urgencia de la memoria como horizonte.

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Comunicador y asambleísta departamental por el MAS-IPSP

Twitter: @SergioDelaZerda