Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 02 de marzo de 2021
  • Actualizado 22:57

Martín Caparrós: “Es una ficción que no toma la forma de una novela”

El escritor y periodista argentino habla sobre su última novela, Sinfin. Con la intención de narrar un 2070 donde China es la potencia hegemónica, Caparrós trata el tema de la inmortalidad usando dispositivos digitales, claro que contado de una forma que no parece literatura.
El escritor y periodista argentino Martín Caparrós junto su más reciente obra.
El escritor y periodista argentino Martín Caparrós junto su más reciente obra.
Martín Caparrós: “Es una ficción que no toma la forma de una novela”

Martín Caparrós (1957) tiene una invitación especial. Se trata que el lector se traslade al 2070. En ese imaginario, China es la primera potencia mundial y el mundo mira asombrado un avance científico revolucionario. Un invento, llamado tsian, asegura la inmortalidad a los seres humanos, básicamente, conectando los cerebros a un dispositivo digital donde la vida continúa.

El invento, como no, tiene una denominación china: 夫, tsian, que significa “paraíso”.

Es en ese contexto donde una periodista descubre una serie de mitos en torno a este invento. En especial, sobre La MásBellahistoria, algo así como un relato oficial que intenta ocultar el costo en vidas humanas que significó obtener este avance.

Esa es la trama de Sinfín, la última novela del escritor y periodista argentino. Publicada en marzo de 2020, acaba de llegar a los escaparates de algunos países latinoamericanos y sucede a la aclamada Todo por la patria (2018).

No es la primera vez que Caparrós se pone en una voz femenina, también lo hizo en sus novelas No velas a tus muertos (1986) y Un día en la vida de Dios (2001). “Eso no significa que sepa hacerlo, pero sí que soy bastante testarudo –o monotemático”, cuenta el también cronista desde la sierra de Madrid, donde reside hace varios años.

¿Por qué decidiste que sea una mujer la narradora?

Porque me gusta escribir ficciones, sobre todo cuando no lo parecen.

Entramos en materia. En su estilo, Caparrós responde las preguntas directo, y sin rodeos.

Este libro trata sobre un invento que logra la inmortalidad, ¿es una de tus obsesiones?

Es una de mis obsesiones, sí. De hecho, es la más vulgar: la comparto con la enorme mayoría de la humanidad, que para soportar esos miedos ha inventado esas fábulas toscas llamadas religiones, donde tratan de convencerte de que las mujeres paren vírgenes y la Tierra tiene seis mil años y, sobre todo, de que no te mueres, que sigues viviendo en una realidad virtual llamada cielo o paraíso o walhalla o esas cosas.

¿Cuánto tiempo te tomó escribir este libro?

Esa es la pregunta más difícil: nunca sé cuánto tardo en escribir un libro. Primero, porque no me tomo el tiempo: eso se lo dejo a los atletas, que lo buscan, y a los obreros, que lo sufren. Pero, sobre todo, porque muchas veces empiezo uno, lo dejo, lo retomo, hago otros en el medio. Con Sinfín creo recordar que también pasó eso. Pero quién sabe.

¿Qué te llevó a escribir Sinfín?

Por algo que siempre me impresiona: la cantidad de ideas, de historias, de recuerdos, de saberes que se pierden con cada persona que se muere. Todo lo irrecuperable que se va. Pensando en eso se me ocurrió imaginar recursos para que no sucediera, y uno de ellos fue 夫, tsian, la transferencia de los cerebros a un espacio de realidad virtual donde seguirían viviendo.

¿Siempre tuviste bien claro lo que querías contar, o la historia fue construyéndose en el camino?

Si tuviera “bien claro lo que quiero contar” no lo contaría, supongo: me imagino que no tendría ninguna gracia, que no valdría la pena. Si cuento es para averiguar, dentro de lo posible, qué quería contar. Y, por supuesto, nunca lo consigo del todo.

Distopías y mitos

Sinfín es una distopía en que en el 2070 la potencia mundial es China. ¿Por qué esa decisión de definir a ese país en el rol que hoy cumple EE.UU.?

¿Tú dices el rol que cumplió Estados Unidos hasta hace unos años, como en la época en que fomentaba golpes de estado sangrientos en tu país o en el mío o invadía Vietnam o Irak, mientras nos daba lecciones de tolerancia y democracia? ¿Tú dices antes de que se le cayera la careta y empezar a producir estos espectáculos con melenas rubias y cornudos invadiendo el parlamento? En mi libro y en 2070 la potencia mundial es China porque estoy convencido de que mucho antes lo será. Por desgracia, seguramente, pero creo que ya está sucediendo. Mira, por ejemplo, la diferencia en las respuestas al covid entre China o Corea, por un lado, y Alemania o Estados Unidos, por otro.

Es llamativo que existe una suerte de mitología oficial -La MásBellahistoria- para ocultar el costo de vidas humanas con tal de lograr el invento que inmortaliza a la humanidad. ¿Buscaste siempre incomodar al lector con ese tipo de reflexiones?

Si pensara en un lector trataría de incomodarlo, sí. Pero me incomoda la idea de pensar en él: en general “el lector” suele ser la excusa que ofrecen los escritores mediocres para conformarse con la mediocridad de lo que escriben.

La MásBellahistoria de alguna forma es un mito que sostiene la sociedad del 2070, ¿consideras que las sociedades actuales también se basan en mitos?

No lo considero: está claro. ¿Qué te parece el mito, por ejemplo, de que todas las personas que nacen en una estrecha y bella franja de tierra comparten algo que no comparten con los que nacen en esa misma estrecha y bella pero diez kilómetros más allá, del otro lado de la frontera peruana, digamos? ¿Que nacer en Chacalluta te hace radicalmente diferente de nacer en Los Palos? Y todo porque hace dos o tres siglos a alguien se le ocurrió que el poder de un capitán español no alcanzaba para seguir esos cinco kilómetros más. Pocos mitos tan exitosos, en la historia, como el de las naciones… Pero hay muchos más, claro.

En los últimos años ha explotado una literatura de lo fantástico, lo distópico, lo que va más allá de lo evidente, ¿te sientes parte de esa nueva literatura?

No. En realidad, tampoco sabía que existiera, pero te agradezco la información.

“Novela sin ficción”

Escribió en el diario Noticias, en la revista Goles (algo así como la criolla revista Estadio), fue uno de los creadores de Página 12, y colaboró con El País, de España. Martín Caparrós no solo ha incursionado en la novela, también tiene una trayectoria como cronista y periodista. Así, ha sacado volúmenes de crónicas como Larga distancia (1992), La guerra moderna (1999) o El Interior (2006).

Este no es un dato azaroso. Ocurre que Sinfín, siendo una novela, está armada simulando una crónica de no ficción. Ante eso, lo primero que viene a la cabeza, debido al historial de Caparrós, es que esta decisión pasa por su formación periodística, pero él dice que no.

“Si tengo alguna ‘formación’ es la contraria, Pablo. Yo ya había publicado cuatro novelas antes de empezar a hacer, hacia 1990, aquellos reportajes largos que se me ocurrió llamar crónicas. Que esta vez lo haya hecho así se debe a que quería invertir el camino: en lugar de hacer no ficción con las herramientas de la ficción, que es lo que ha hecho clásicamente el nuevo periodismo o el periodismo narrativo, quise hacer ficción con las herramientas de la no ficción. Ese era el chiste”.

Has definido que Sinfín no es una novela sin ficción sino una ficción sin novela, ¿por dónde pasa eso?

Por lo anterior: como se habla mucho de novela sin ficción –o literatura del yo o esas cosas–, tenía ganas de invertir los términos: esta es una ficción que no toma la forma de una novela.

A la hora de una definición: ¿Sinfín es una novela, una crónica novelada, un híbrido?, ¿otra cosa?

Lo que tú digas, cariño.

Un libro actual

Pese a su dimensión futurista, con mucha presencia de lo digital, al introducirse en las páginas de Sinfín llama la atención que dialoga bien con elementos del presente. Es quizás, el mayor acierto de la novela.

Así, Caparrós dibuja una Europa que vive un surgimiento de los nacionalismos virulentos y se ve expuesta a una llegada masiva de refugiados; las religiones se radicalizan e inician nuevas Cruzadas. Y tal como ocurre hoy, en que una de las vacunas contra el coronavirus –Sinovac-, viene de China, la inmortalidad y la “salvación” también vienen desde el oriente, con ojos rasgados y aroma a wan tan y pato chaufán.

“Las ideas que fui armando sobre el mundo de 2070 son intentos de extender las tendencias del mundo que veo ahora –explica Caparrós–. Fíjate la importancia decisiva que tiene lo virtual en la novela, que podía parecer exagerada a principios de 2020, cuando salió Sinfín, y lo parece mucho menos ahora, tras la pandemia y sus efectos. Es otro ejemplo de una tendencia que estaba presente y se va a ir acelerando”.

¿Qué sensación te causa que Sinfín trate el tema de la inmortalidad cuando estamos en medio de una pandemia que ha traído a la palestra a la muerte?

Sinfín se publicó unos días antes de que se declarara la pandemia. Y lo que más me impresionó en esa coincidencia fue que, en la novela, para que la vida eterna digital funcionara la única condición ineludible era que cada cerebro se mantuviera aislado –y que fue precisamente esa la condición que nos plantearon a miles de millones de personas: que para sobrevivir teníamos que aislarnos. Me parece que es, más que una coincidencia, la muestra más clara de hacia dónde vamos, si no lo remediamos.

*

Como el buen escritor inquieto que es, Martín Caparrós no para de teclear en su ordenador. Por eso mismo, para la primavera de este 2021 se espera un nuevo libro de su autoría. “Es el libro en el que más trabajé estos últimos años: es un ensayo-crónica que se llama Ñamérica y es un intento de contar y entender qué es nuestro continente en estos tiempos raros”.

Además, en cosa de semanas, Literatura Random House reeditará buena parte del catálogo de Caparrós. “Los dos primeros libros serán una versión actualizada, con cifras y análisis nuevos, del ensayo El Hambre, y una novela que se llama Un día en la vida de Dios, histórica-teológica-pop, que a mí me gusta mucho”.

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