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  • Diario Digital | domingo, 26 de septiembre de 2021
  • Actualizado 14:56

‘Marianne & Leonard: Palabras de amor’, por Netflix: los poetas no son buenos maridos

Más allá del título del film, Nick Broomfield se centra en la vida del cantante canadiense, y deja en segundo plano a su pareja, quien aparece como una mujer amorosa y resistente a los infinitos abandonos del hombre de su vida.
Leonard Cohen y Marianne Ilhen en la paradisíaca isla griega de Hydra. NETFLIX
Leonard Cohen y Marianne Ilhen en la paradisíaca isla griega de Hydra. NETFLIX
‘Marianne & Leonard: Palabras de amor’, por Netflix: los poetas no son buenos maridos

Marianne & Leonard: Palabras de amor es básicamente lo que el título promete: la historia de amor de Leonard Cohen y la noruega Marianne Ihlen, su pareja y musa durante los años ‘60, inmortalizada por uno de los temas más célebres del canadiense: So Long, Marianne. Esa historia, hecha de convivencias y abandonos, de una larga estancia en la paradisíaca isla griega de Hydra y fugas a Montreal, de donjuanismo irrefrenable y fidelidades más durables que el tiempo mismo, finalizó recién cuando la vida de ambos estaba a punto de extinguirse. Eso sucedió en 2016, con una diferencia de tres meses que parece haberlos puesto a la par hasta en la muerte. “Ella tuvo un montón de amantes, yo fui uno de ellos”, informa en off el documentalista Nick Broomfield, a quien no puede negársele un conocimiento de primera mano. Como el material de archivo es abundante, remontándose a películas caseras de la familia Cohen que muestran al pequeño Leonard a los 2 o 3 años, y en tanto el realizador tuvo acceso incluso al lecho mortal de Ihlen, el documental estaba prácticamente servido.

A lo largo de Marianne & Leonard puede verse crecer al portador del impermeable más famoso del mundo, desde un bigotito inicial hasta el rape casi absoluto de su estadía de cinco años en el templo budista de Baldy Mountain. Y de allí al sombrero que Cohen no se sacó de encima durante su última década de vida. Junto con esos detalles mundanos crece también el escritor de los inicios, con una novela acusada entre otras cosas de “onanismo verbal” (Beautiful Losers) al cantante debutante que en 1967, amadrinado por Judy Collins, tiembla de pánico escénico antes de presentar Suzanne por primera vez. Sobreviene el éxito instantáneo, más tarde cierto coqueteo desencaminado con banda eléctrica que lo obliga a desgañitarse en el escenario. La aún más insólita ocurrencia de poner en manos de Phil Spector la producción de su álbum Death of a Ladiesman (1977), donde el creador de la “pared de sonido” lo hunde entre arreglos orquestales como para Tom Jones. Su inagotable poder de seducción (“era el poeta para la mujer depresiva de la época”, define alguien por allí), la experimentación con toda clase de drogas, los picos depresivos, el monasterio…

Pero ésta es la historia de Marianne y Leonard, por lo cual todo ese trayecto que para el iniciado no será nuevo pero no deja de ser apasionante y tremendamente sesentista, se ve contrapunteado por la historia entre ambos, que se extendió durante una década, y también por la historia personal de ella. Más allá de los extravíos propios de la época, Marianne surge como una mujer amorosa, resistente a los infinitos abandonos del hombre de su vida (“los poetas no son buenos maridos”: otro epigrama amargo y certero) y con una tragedia personal no menor. Llegado este punto, uno se pregunta si la condición de musa hace una vida necesariamente interesante, o si será que es Broomfield el que la deja en segundo plano. O si será que la película está vista desde los ojos de Leonard, que según un testimonio “no era capaz de amar”. ¿Pero entonces por qué Marianne & Leonard: Palabras de amor se llama como se llama?

Así como están las cosas, la nórdica rubiez de Ihlen, sus bikinis griegas, su sonrisa indefectible, no tienen posibilidades de competir con el hombre de voz de cueva de los últimos años. El que frente a miles de personas se atreve a susurrar al micrófono, solo con una guitarra. El que se aparta del mundo durante un lustro. El autor de Suzanne, So Long, Marianne, Everybody Knows, Hallelujah. El que escribió “Lamento el fantasma en que te convertí/ Sólo uno de nosotros era real, y era yo.”