Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 25 de junio de 2022
  • Actualizado 12:36

Llamarada Verde presenta ocho nuevos libros de poesía en la Feria del Libro de Santa Cruz

Las obras pertenecen a los poetas bolivianos Amilkar Jaldin, Mariana Ríos, Carlos Fernando Tapia, Melissa Sauma, Felman Ruiz, Nicole Vera y Marcelo Canavire, así como al poeta mexicano Roberto Amézquita
Las novedades literarias a ser presentadas durante la Feria del Libro de Santa Cruz.       CORTESÍA
Las novedades literarias a ser presentadas durante la Feria del Libro de Santa Cruz. CORTESÍA
Llamarada Verde presenta ocho nuevos libros de poesía en la Feria del Libro de Santa Cruz

Siete libros de poetas bolivianos serán presentados, de forma simultánea, como parte de una misma colección de poesía, el próximo domingo 5 de junio, a horas 20:00, en el Salón “Enrique Finot” de la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz. Sus autores forman parte del taller Llamarada Verde, dirigido por el reconocido poeta Gabriel Chávez Casazola.

Los títulos que se presentarán son Cosas en su sitio de Amilkar Jaldin Rojas; Llana estepa la noche, de Mariana Ríos Urquidi; El payaso bélico, de Carlos Fernando Tapia Vaca, finalista del Premio de Poesía Hispanoamericana “Francisco Ruiz Udiel”; Maneras de parar el mundo, de Melissa Sauma, cuya primera edición fue publicada recientemente en Ecuador; Donde los dos azules se tocan, de Felman Ruiz; Timbal de piedra, de Marcelo Canavire Castillo; y Donde germina el agua, de Nicole Vera Comboni. 

Días más tarde, el jueves 9 de junio, en el marco del Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de los Anillos, será el turno de Ante un cadáver, libro del poeta mexicano Roberto Amézquita, que abre una nueva colección de Llamarada Verde, nombrada como “Fuego del cielo” y dedicada a autores internacionales emergentes. 

Los siete autores bolivianos, seis de ellos residentes en Santa Cruz y uno en La Paz, que presentarán sus poemarios el domingo 5 de junio, trabajaron estas obras durante la pandemia, como integrantes de la primera y segunda generación del taller Llamarada Verde.

Llamarada Verde fue creado como espacio de formación creativa el año 2014; publicó una primera colección de cinco libros en 2017, para apoyar a sus integrantes a difundir su producción; en 2020, sumó nuevos poetas que conforman Llamarada Reloaded; ahora, en 2022, publica siete títulos de forma simultánea, que se suman a otro volumen, de Rosario Arzabe, editado a principios de año; y a otros dos de autores internacionales: el mexicano Roberto Amézquita y, próximamente, el ecuatoriano Santiago Grijalva.

“Llamarada Verde nació como taller de poesía en 2014, para que fuegos nuevos exploraran su voz y, persiguiéndola, se dejaran encontrar por ella; con los años ha cobrado nuevas formas: páginas impresas y virtuales, y se ha abierto a otros autores emergentes, nacionales y ahora internacionales, buscando arder e iluminar más lejos”, escribe Gabriel Chávez Casazola. 

Sobre los libros 

Cosas en su sitio, de Amilkar Jaldin Rojas

Cosas en su sitio es una isla segura para el encuentro del poeta y el lector, porque justamente tiene cada una de sus piezas en el lugar exacto. Este libro contiene un religioso asombro por la luz y la vida, una mirada que cosecha feliz las silenciosas experiencias de la naturaleza: y el árbol me regala su ofrenda / de mangas maduras. / El otro / el de guayabas /en cambio /espera el brillo del sol. 

Y no sólo está la contemplación de la belleza sino el canto triunfal que brota irreductible sobre el desastre: Volvió el verde / a retomar lo suyo / el mar de cenizas ya es historia / aquí están los pájaros… La certeza de la belleza y la urgencia de devolver la atención hacia ella, parecen ser la ruta de este libro, escrito por un observador que al pasar elige y recoge el alimento que nutre su poesía: Guardaré un poco de azul / y sol / de esta mañana… 

(…) Recorrer la poesía de Amilkar Jaldin Rojas es, entonces, como refugiarse bajo un corredor solariego, un lugar acogedor que está en nuestra memoria y por eso no es difícil entablar un diálogo con sus versos, porque nos hablan desde la sencillez de una mirada cotidiana y caminante. Este libro, más bien breve, se abre amplio como el cielo que nombra. 

Paura Rodríguez Leytón

llana estepa la noche, de Mariana Ríos Urquidi

no hay planicie desierta que no sea un poema. Con esas tremendas palabras empieza esta obra que, mientras se da al espacio público, lo impregna de emociones, trabajo con el lenguaje y rigor en la trama de este mundo imaginario. Y si el poema es una superficie deshabitada, si la misma noche es una estepa, el tiempo que olvida lo que dijo horas antes ocupa la centralidad desde dos maneras: por el marcado uso del presente verbal y por la lucha por detener/retener el transcurso de unas horas derramadas y desmentidas, pero que evocan la hora del encuentro con lo otro y con lo inicial (enero). 

La intensidad de quien quiere todo con los ojos abiertos sintetiza la energía de esta naciente poética cifrada en la fuerza del inicio, en su ofrenda que da sabor al tiempo con lo que tiene a la mano, en el cuerpo: lo abrasador, lo pasional, lo que se yergue vivo entre todo lo demás.

Mónica Velásquez Guzmán

El payaso bélico, de Carlos Fernando Tapia Vaca

En un tiempo en el que gran parte de la nueva poesía ha olvidado el valor del riesgo al enfrentarse al folio en blanco para transitar por vías tranquilas pero, consecuentemente, poco emocionantes, Carlos Fernando Tapia Vaca entrega un primer libro como el que en una apuesta incierta se decanta por el todo o nada. No hay medias tintas en El Payaso bélico, tampoco las concesiones que podrían esperarse de un libro con el que comienza una carrera literaria, y es por ello que estamos ante una de esas obras que no dejan indiferente al lector. Y no provoca indiferencia porque los poemas que aquí se contienen incomodan a veces, cuestionan siempre. En el fondo y en la forma, en el lenguaje otro que elige el poeta y en su proyección visual. Un libro, en definitiva, que se nos presenta lleno de la honestidad del que sabe que la poesía es la única vía para enfrentar la lucha de lo uno y su contrario interior, de las contradicciones.

Daniel Rodríguez Moya

Poeta español, jurado del III Premio de Poesía Hispanoamericana “Francisco Ruiz Udiel”

Maneras de parar el mundo, de Melissa Sauma

La poesía de Melissa Sauma está hecha desde una posición contemplativa, una vinculación con lo contemporáneo, lo urbano, lo íntimo, lo delicado, lo experimentado, siempre desde el asombro. Una suerte de impresionismo posmoderno habita en esta poeta boliviana que ha encontrado, tempranamente, una voz individual de una diafanidad y un ritmo enaltecedor. 

Este timbre sonoro, tan límpido y refrescante, resulta ser un remanso, un bosque donde descansar luego de la faena prosaica de la ciudad. Un espacio para amar y para hablar con el cosmos, un sitio en donde la palabra significa y se dignifica. Una zona del lenguaje en donde se encuentran los conceptos que darán el efecto de la libertad en medio de este oficio, de esta delicada y asombrosa manera de parar el mundo, sin que para ello se necesite desvirtuar el lenguaje, manipular la sintaxis, sustituir el concepto por el sonido o romper el encantamiento del texto.

(…) Hay que celebrar este libro y a esta autora latinoamericana que viene navegando en el río de su poesía por las sendas en donde los amantes del poema sabrán beber de sus aguas hasta la satisfacción. 

Xavier Oquendo Troncoso - Poeta ecuatoriano

Donde los dos azules se tocan, de Felman Ruiz

No concibo una literatura / que no sea una herida abierta, sentencia Felman Ruiz (1989) en este su segundo libro, donde depura y a la vez afirma una voz poética enhebrada con resonancias de madera y aldabas, larvas y precipicios, dislocaciones y murallas. 

La desgarradura que esta voz invoca atraviesa todos los textos y podría llamarse desencanto (o finitud). De ahí que el autor no sea concesional con la vida ni con las palabras: sabe que los espejos escupen, el amor se pudre y que permutaríamos este cuerpo vetusto / a la menor oferta. Sin embargo, también ha divisado lugares donde los azules se tocan, cielos atávicos y abiertos, árboles altísimos, cimas en la mirada y estaciones de combustible para llegar donde nuestra sola estatura no alcanzaría. 

Entre aquella cama de autopsia y esta atalaya parecen haber nacido estas páginas, en las que reverberan y se trasfunden múltiples voces y miradas, cercanas y lejanas, que delatan a un agudo lector y observador. Hay que leerlo y seguirlo con atención: le han sido hincadas en la piel algunas astillas esenciales y uno de los misterios del poema: su capacidad de redimirnos en la contingencia de nombrar.

Gabriel Chávez Casazola

Timbal de piedra, de Marcelo Canavire Castillo

Timbal de Piedra, la abismal vigilia. Mucho ha esperado este libro en fraguarse. El resultado es un texto escrito en el movimiento. Sus poemas nos sumergen en la ciudad moderna, pero no aquella de las multitudes, ni tampoco la del individuo subiéndose al tranvía o algún otro medio masivo de transporte. Por lo contrario, la soledad del poeta está hecha del tránsito, del aislamiento, la de las imágenes en movimiento detrás de los cristales de nuestras seguras y asépticas máquinas de cuatro ruedas. 

Es allí desde donde el poeta ve y relee, presente y pasado, también la promesa del renacimiento, el que nos trae las palabras, cuando las cosas y los seres que queremos empiezan a ser polvo. Es allí, desplazándose, como un músico siempre en gira, cuando el poeta detiene el tiempo, lo suspende para bienvenir al río de timbales remotos (destrucción y construcción) y, en un instante, acceder a esa abismal vigilia, a ese momentary lapse of reason. 

                                                                                                                                                                 Alex Salinas

Donde germina el agua, de Nicole Vera Comboni

El libro Donde germina el agua de Nicole Vera nos sumerge en una experiencia onírica: Sueño dentro un sueño que me sacudo para despertarme. Algunas de las preguntas más antiguas de la literatura reaparecen en este poemario, a través de vivas imágenes que exploran el insomnio, el dormir, los sueños… La voz poética participa no solo como soñadora, sino como agente creador y espectador en una atmósfera inquietante. No soy yo quien sueña / quiero decir, no soy solo yo; clave del texto poético una voz que se fragmenta ¿entre el mundo de la vigilia y el del sueño que finalmente parecen mimetizarse? Una polilla sueña, otra, enredada en una telaraña, desesperada enuncia: no voy a arder en los templos del poema [.]

Jessica Freudenthal Ovando

Ante un cadáver, de Roberto Amézquita

Todo lo que no quiero pensar / porque me quemaría la conciencia / es lo que ahora escribo,  declara Roberto Amézquita y, revestido de palabras calcinantes, como lenguas de fuego, oficia una Misa de Réquiem ante un cadáver que es altar vacío, oquedad y silencio.

Es el cadáver de su padre, sí, pero podría ser el de Adán, nuestro mítico padre común, o el de cada uno de los lectores cuando nuestro nombre ya no nos nombre y lo que quede sea, a manera de túmulo, un montón de piedras sin vida y sin respuesta.

Por eso, no es súplica lo que mana de este libro, sino imprecación escéptica, ‘contra Kyrie’, en poemas despojados de esperanza como el cuerpo despojado de alma y rostro, lo sagrado vaciado de Dios y la muerte de sus máscaras.

Eppur si muove, hay un resquicio de luz en la misteriosa certeza de Amézquita de que basta abrir la ventana para hablar con los muertos; una ventana por la que asoma –y nos asoma– este poeta mexicano que, siendo joven y una revelación de la actual poesía latinoamericana, tiene a la vez una voz sabia y madura en lecturas, formas y sentidos.

Gabriel Chávez Casazola