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  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
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[Lengua popular] Cómo convertirse en un bonsái

Reseña a la obra Freaks, de Tobías Dannazio, publicada por la editorial Electrodependiente.
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[Lengua popular] Cómo convertirse en un bonsái

El término Freak, dicen los del Oxford, designa a una persona que es considerada inusual por el modo en que se comporta, luce o piensa. El término, que me animaría a traducir por el de “raro”, visto por la academia, refiere a algo “que se comporta de un modo inhabitual”; rozando quizá lo anormal. Por su lado el Corominas, confirmaría esta acepción de “raro” como lo “poco numeroso” y “poco frecuente”. Pero, quizá, ninguna de estas referencias “encaja” totalmente con los Freaks que nos presentan los cuentos de Tobías Dannazio, obra publicada por la editorial Electrodependiente. Recurro pues a un diccionario infame, el Urban dictionary, un sitio en línea en el que cualquiera puede definir una palabra y esta, a su vez, ser aceptada por medio de un sistema de votación. Así, la definición más votada para el término Freak dice lo siguiente: 

FREAK

n. a person who likes to do kinky shit in bed or have sex a lot

v. to have intercourse or makeout

Así, un Freak sería alguien que gusta de hacer kinky shit (término que también tiene un apartado en este diccionario y designa a las cosas que hacen las personas que han perdido completamente el juicio, especialmente en lo que refiere al sexo) o alguien que gusta de coger a lot. Ahora, pese a que no pueda dejar de recurrir a las primeras definiciones más “canónicas”, pienso que esta definición, más pudenda, puede articular los textos de Freaks. Aviso que habrá momentos en que homologaré el término freak con el de “raro”. Dicho esto, continuemos.

Thomas Nagel comienza su artículo, ya clásico, ¿Cómo es ser un murciélago? de la siguiente manera: “La conciencia [el carácter subjetivo de la experiencia] es lo que vuelve el problema mente-cuerpo realmente inexplicable”. ¿Por qué recupero este comienzo? El tema que trata de dilucidar Nagel en dicho artículo no versa sobre los “raros” o los freaks, trata más del problema que es intentar explicar cómo un cúmulo de neuronas y seso derivan en una experiencia única e irrepetible del mundo. Pero, y por eso recuerdo a Nagel, eso último es también un problema nuestro. Con los freaks tenemos también algo inexplicable, pues los freaks lo son siempre en nombre propio y en primera persona. Es su experiencia tan particular de “su” mundo lo que les da el estatuto de freaks en primer lugar. En el fondo, no sabemos qué diantres tienen en la cabeza y solo nos queda espectar o hacer espectáculo de ellos. Así, lo que se busca en cada cuento de Freaks, me parece, es dar cuenta de esa experiencia particular, de la “voz interior” del freak. Se busca invitar en la lectura a ser, a la vez, expectante y actor. Es evidente que hay más de un modo de ser freak. Pero, retomando al diccionario urbano, los cuentos de Dannazio nos presentan principalmente dos tipos: dos kinky shit. El primero enfocado en el placer sádico y el otro en el placer sexual. Ordenaré los cuentos bajo esos dos criterios y, para ello, pasaré a resumir los cuentos colocando al inicio el número del cuento según su orden de aparición en el texto. 

Primer kinky shit: 

(1.) En La fragua se nos presenta a dos muchachos. Uno interroga al otro sobre cómo este había matado a un perro a base de clavarle agujas: “Las últimas agujas se las clavé en la boca, y a los lados de los ojos. Quería que se clavaran hasta el fondo, hasta que le salieran por otro lado, por las orejas, por el culo. Fui a una pieza y cogí una almohada de la cama, se la puse en la cabeza y me senté encima para que entraran bien las agujas”.

(3.) En Sadismo se cuenta la historia de dos niños que, sin saberlo, tienen una relación sádica con toques de ternura. Así, el niño que relata terminará diciendo lo siguiente: “lo que llevo más encima de todo este episodio es la esencia infantil e inocente del sadismo, esa necesidad extraña de maltratar e inmediatamente después querer y consolar a una misma criatura”.

(4.) En Devoción un viejo cuenta la historia de historia de su vida a lado su “amo”, en un ambiente distópico en el que los miembros son moneda de cambio y el asesinato público un honor. Extraigo un fragmento de la narración del viejo en el que cuenta el modo en que su amo trató a un joven: “inclinó al adolescente bocabajo sobre su regazo e introdujo dos dedos por donde salen las heces. Tras un par de irrupciones ya no eran solo los dedos, sino toda la mano, y luego el antebrazo entero; la sangre y la mierda le corrían copiosamente chorreando hacia el codo; los gritos se tornaban progresivamente trágicos y horrísonos”.

Segundo kinky shit: 

(2.) En Bonsái se nos cuenta como la vida sexual de Lina la lleva al “orgasmos de los orgasmos”, momento en el cual Lina, trascendida, termina convertida en un bonsái de cerezo en miniatura. 

(5.) Pro-betas narra cómo, en un futuro lejano, la capacidad de clonar gente dio lugar a la posibilidad de elegir y modificar genes a elección. Las modificaciones que se acentuarán en el relato son las relacionadas con el sexo: «Así aparecieron las primeras hiper-putas; al principio fue lo básico, rostros angelicales y cuerpos perfectos, pero luego, con los años (como es apenas lógico), emergerían las más curiosas aberraciones.» Recuerda, a momentos, al Anuncio, del Confabulario de Arreola.

 (7.) Lo deshecho es una escena de amantes sadomasoquistas que gustosos esperan la próxima visita: “La alcé del cuello, luego la tiré contra el suelo, apenas comenzó a ponerse morada. (Escupiría un par de dientes con un poco de sangre y babaza.) La giré sobre su eje jalando los cabellos de perra-cara y le llené el recto con mi carne de bestia malnacida”.

¿Tercer kinky shit?: 

 (6.) En Mi gabán es negro y detectivesco se nos cuenta los falsos minutos finales de alguien que busca valer, aunque sea, dice él, “valerverga”. Este relato en particular desentona con los demás, pues, aunque buena parte trata de los deseos más o menos carnales del narrador, hay cambios en el relato (los cuales le dan nombre al cuento) que obligan a ponerlo en otro grupo no tan claro. 

Quisiera terminar diciendo que no hay que confundir al Freak con el Perverso. De cierto modo, y eso he querido hacer notar con los resúmenes, el freak está cerrado en sí mismo y su círculo de acción es reducido. Quizá exceptuando a La fragua, los freaks en los cuentos no buscan dañar sin sentido a nadie, de hecho, las rarezas que cometen son siempre consentidas y por eso es que estos cuentos son más una invitación a la aceptación de “la rareza en uno mismo” que a violentar al otro. Para esto ultimo siempre se puede recurrir al Conde de Lautréamont.

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