Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 18 de septiembre de 2019
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La “Historia del Rey Chiquito” en el cerco a La Paz de 1781

Ofrecemos una revisión histórica y literaria a un personaje clave en el histórico hecho que marcó las luchas indígenas en contra de la corona española.
La “Historia del Rey Chiquito” en el cerco a La Paz de 1781
El protagonista principal de la novela Historia del Rey Chiquito de Porfirio Díaz Machicao, es el adolescente Pedro Obaya de 18 años de edad, más conocido como El Rey Chiquito. En la novela se aborda sobre el fracaso de una treta que fue planificada por Obaya y Túpac Katari con la finalidad de capturar a Sebastián Segurola, cabeza de las milicias y de la resistencia española al cerco a Nuestra Señora de La Paz. A consecuencia del mentado plan, Obaya es capturado y, posteriormente, ejecutado con alevosía para que sea un símbolo de escarmiento.

Antes de comentar sobre la participación de Obaya en el cerco, es necesario hacer algunas puntualizaciones. La ciudad de La Paz en 1781 es sometida a dos tipos de acciones: la primera, está relacionada con el cerco, el mismo es efectuado por los indígenas, a la cabeza de Katari y su esposa Bartolina Sisa, con la intención de aniquilar a los españoles y a todos sus séquitos causantes de la opresión a los indígenas; la segunda, está relacionada con las barricadas, que son realizadas por los habitantes de la ciudad con el propósito de contrarrestar el acecho constante de los indígenas sublevados. Quien organiza y lidera esta acción es el comandante Sebastián Segurola.

Por otra parte, en esa refriega entre indígenas y españoles, los más perjudicados al principio han sido los citadinos, porque con el cerco se cortó todo tipo de provisiones, físicamente estaban diezmados; sin embargo, al final salieron victoriosos debido a la mala estrategia de los indígenas, quienes en vez de aprovechar la debilidad de sus enemigos para realizar un ataque definitivo, malgastaron sus fuerzas y el tiempo en la construcción de una represa que no causó la inundación esperada en la ciudad, porque reventó antes de lo deseado. En consecuencia, confiaron más en el dique, que en su superioridad numérica.

En el primer capítulo, el autor hace conocer su intención que consiste en colocar al adolescente Obaya en el mismo nivel de heroicidad de Túpac Katari y Bartolina Sisa, porque tal como menciona: “nadie ha referido hasta hoy -que yo lo sepa- la Historia del Rey Chiquito”. Y para visibilizar al héroe ignorado, el novelista habría escrito su novela basándose en documentos históricos existentes en la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Andrés.

Por otra parte, Díaz Machicao no toma partido por el cerco realizado por los indígenas con la finalidad de “abolir los abusos de los españoles y de restablecer el viejo incanato”. Él más bien sale en defensa de la ciudad cercada y a través de la novela muestra esa postura de la siguiente manera: “Solamente por hacer realidad la ley india se incendió sus huertos y sus casas, se voló sus mujeres y se mató a sus niños (…)”. En consecuencia, el autor por más de que pretenda resaltar el valor y la osadía de Obaya en el cerco de La Paz, su “bandera” es la ciudad y por ende la causa de los españoles.

El Rey Chiquito después de presentarse ante Katari y de mencionar que es descendiente de Túpac Amaru, hace conocer su principal propósito de su visita: “Mi obligación es de servir a tu revolución, de mantener vivos y animosos a tus hombres y hacerles saber que nuestro reino volverá a ser lo que fue antes”. Sin embargo, él se desmarcó de lo que señalaba. Todo su esfuerzo estaba centrado en planificar, conjuntamente con Katari, un complot.

Terminada la planificación, Katari decide encomendar la concreción de la treta a Antonio Zuñiga. Obaya decide acompañar al escogido diciendo: “Iré yo con él, Túpac Katari. Iré con él. Y seremos dos héroes en lugar de uno”. A partir de esa afirmación se puede deducir que a Pedro Obaya lo que más le inquietaba era el hecho de ser héroe y no tanto así los objetivos de los indígenas sublevados, que queda en segundo plano; además, un héroe de una contienda en su percepción debe ser a consecuencia de un acto premeditado y no así de una mera circunstancia.

El complot consistía en entregar una carta firmada por Diego Oblitas a Segurola, para que éste salga con sus séquitos de la ciudad cercada. Al respecto en la mencionada misiva se expresa, entre otras, lo que sigue: “V. Señoría salga sin recelo alguno para que de este modo demos combate de ambos lados (…)”. Segurola se da cuenta, para la desgracia de los indígenas, de la treta por el nombre del remitente, quien era un español fallecido. En represalia son apresados Zúñiga y Obaya. El hecho de haber utilizado a un muerto para lo que buscaban Katari y Obaya, hace suponer que ellos no tenían una información precisa de sus enemigos, ni contaban con una inteligencia eficiente.

Obaya estando preso sufre todas las maleficencias de los españoles. Con su salud quebrantada todavía cree que algún día sus congéneres triunfarían en sus reivindicaciones. Cuando ya estaba apunto de morir, Segurola ordena su ahorcamiento aduciendo: “No permitiremos que muera en su celda. No deberá morir en la impunidad, señor Auditor. Que no queden sin castigo sus atrocísimos crímenes. Mañana le ahorcaréis (…). Está es mi sentencia para el Rey Chiquito”. La orden no sólo estipulaba el colgamiento, sino también el de distribuir las partes de su cuerpo en los extramuros de la ciudad para que sirva de escarmiento a los indígenas sublevados.

En conclusión, el adolescente Pedro Obaya en vez de contribuir, como deseaba, hizo quedar en ridículo a Katari en cuestiones del “Arte de la Guerra”, porque gracias a su ocurrencia planificaron, en base a una persona fallecida, un complot para coger a Segurola. Obaya quizá por ese hecho, más que por razones investigativas, no sea tomado en cuenta en los libros de historia como un héroe más del cerco de 1781, que es reclamado por el autor de la novela.

Sociólogo y educador - [email protected]