Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 04 de diciembre de 2021
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La piel del tejido

Reseña de ‘El tejido adiposo’, la primera novela del escritor Gabriel Entwistle. Disponible en Editorial 3600.
Portada de la más reciente obra del escritor Gabriel  Entwistle. CORTESÍA DE LA AUTORA
Portada de la más reciente obra del escritor Gabriel Entwistle. CORTESÍA DE LA AUTORA
La piel del tejido

Si el efecto Proust, en honor al escritor Marcel Proust, remite a ese momento en que el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila nos abre a la memoria a un tiempo perdido y se viaja vertiginosamente atrás a la comuna francesa de Combray, el jardín del señor Swann, el teatro y la plaza, debemos imaginar en El tejido adiposo de Gabriel Entwistle a qué geografías viaja Primo Oehler cuando come, Primo, personaje central de esta novela, tiene una antropofagia que lo separa del mundo y paradójicamente lo hunde en él, sin embargo y lo sabemos, aunque todos están en las antípodas a veces extendemos puentes. Primo niño de exceso con su pesadez al correr falla en cruzar a ese puente donde inicialmente está un padre no biológico. Lo apodan Cicciolina, por sus pechos, Primo fuma con su medio, y atlético hermano, Rünnie. Primo mira al cielo, como buscando señales, pero encuentra el rostro de un extraterrestre que lo observa a su vez con severidad. Primo y Rünnie, instalados en una fenotípica diferencia, pero unidos por una accidentada vida familiar, atraviesan por la agria separación de sus padres y también por territorios violentos de niñez. Primo es la infancia y la vida comienza a desplumarlo muy rápido como diría el escritor Adolfo Couve.

Nos encontramos con un padre asesino sin oportunidad de ejecutar más que en la mente, padre Oehler que odia la ciudad y sobre todo a su ex. Primo comenta años después y además recién casado “que el matrimonio como una analogía de esta ciudad: un laboratorio de frustraciones”. La ciudad es asumida en esta novela como la representación de los lugares no lugares, espacio de transición. Matrimonio y ciudad como lugares herrumbrados bajo la nostalgia de un antiguo esplendor que se hace de imaginarios remotos. Personajes signados en belleza de lo áspero. Presos sin saberlo de la Utopía que proviene de la voz griega cuyo significado es no hay tal lugar y por más que se viaje como imagen de aspiración, dice Jung, se hace más que evidente ese anhelo nunca saciado, en este sentido los periplos de Primo, su padre postizo y de su madre son en sí mismos el paso a la integración con la sombra (Jung). Así la novela tiene escenarios móviles que van desde el sur chileno, a Bolivia, en una Cochabamba por demás antropofágica y Argentina, como las salidas de un habitus entendido por Bourdieu, moldea las prácticas futuras, orientándolas a la reproducción de una misma estructura,  que se convierte en este caso en la noción de amenaza que hay que subvertir mediante el viaje o un cambio de aires,  pero no importa lo variopinto de las geografías si es solo el cuerpo el que se ha respondido al llamado y lo novedoso siempre conspira como lo hacen todos los espejismos.

Otro universo que se explora es el del amor y su amenaza que se resuelve momentáneamente con los hijos, por quienes se siente devoción y pese a ello son quienes desde sus orillas opuestas viven indiferentes a la perpetuación de la vida de la que son objeto. 

El tejido adiposo, habla de la piel que nos sobra, personajes con hueso y demasiada piel. En este sentido Entwistle es un escritor del tacto y ¿Quiénes son los escritores del tacto?  Se pregunta Menchu Gutiérrez en La Palabra y el tacto y contesta: “Son los que consiguen que el frío de sus palabras entumezca nuestra piel; los que generan con sus palabras cuchillos, agujas, alfileres o hachas como la que Kafka imaginaba hendida en mitad de su cabeza”. El tacto que atraviesa tanto a la ciudad y a los cuerpos en este sentido hace que la construcción de estas individualidades y sus cortes psíquicos sen la representación de un yo maltrecho por el desencuentro y sin embargo están completamente ávidos. El tacto de El tejido adiposo, nos ubica en la piel de barcos rumbo a sus respectivos naufragios, y hay quienes afirman que el destrozarse en el arrecife puede significar no una desgracia, sino una próxima liberación.

En este relato magistral, la antropofagia no solo le pertenece a Primo, sino a su familia que está siempre a la deriva, a su mujer que no soporta las librerías, a los hijos que estrenan también sus propias soledades. Eso que Gabriel Entwistle configura como un activar la ficción, de tornarla performativa siempre menoscabada por lo que el lenguaje cotidiano llama golpe de realidad. Entonces gobierna el realismo y la obsesión por dar cuenta del entorno mediante la minuciosa representación y se cumple lo que Carlos Fuentes plantea sobre una literatura con hondura intelectual ya que los tiempos y espacios se dan cita, se conocen y recrean. Y si de eso se trata también se incorpora la imagen que amplía las instancias narrativas. Así el autor nos deja una iconografía talismánica de instantes decisivos.

En Tejido Adiposo que se ambienta en 1992 y el año 2014, se remite a una potente construcción narrativa donde lo iniciático está marcado por la extrañeza ante la otredad, esta novela construida desde una penetrante polifonía, donde la noción de frontera se impone desde el cuerpo y las bifurcaciones que ofrecen los viajes con su falsa promesa de novedad o reparación y aun así, esta vasta novela nos permite buscar el goce desde el derrumbe; y nos permite entender que pese a todo hay más que desesperanza. Entwistle escribe desde la capacidad de desconcertar y al mismo tiempo es imposible sustraerse a su influjo sobrio y feroz.