Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 25 de septiembre de 2022
  • Actualizado 21:36

La nueva Luz(mila)

Reseña de un reciente recital de la cantante nortepotosina Luzmila Carpio, en La Paz. El evento sirvió como ‘avant premiere’ de su nuevo disco, ‘Inti Watana’
FOTO | Ricardo Bajo
FOTO | Ricardo Bajo
La nueva Luz(mila)

“No hay tanto charanguito, el charanguito que tanto queremos”. Así habla Luzmila Carpio Sangüesa, a la mitad del concierto “avant premiere”. Ha elegido la Feria del Libro de La Paz para presentar su nuevo trabajo discográfico, “Inti Watana” (el retorno del sol, ZZK Records). La banda que acompaña a la cantante nortepotosina (de la comunidad Qala Qala) no es la misma de siempre. Ahora hay dos músicos a los costados, casi en los extremos para dejarle el escenario central a ella. Ellos son el compositor argentino de música contemporánea Leonardo Martinelli en los arreglos, mixes, samplers/secuenciadores, guitarra y percusión; y el ruso Alexey Musatov en el violín de los mil sonidos. En algunos temas, permanece lo de antes y entonces surge ese charanguito y esa zampona que resisten; entra en escena Meleán Sangüesa. El nuevo disco de Luzmila es la música del futuro: folklore y texturas electrónicas. Lo ancestral y lo nuevo caminan juntos; nace una propuesta fusión única/auténtica. Es un momento semilla.

La tocada del pasado martes que llena a rebosar el Teatro Auditorio Illimani del Campo Ferial de La Paz (con capacidad para 800 personas sentadas) es una experiencia sonora sobrecogedora. El trabajo visual inmersivo del artista orureño Sirio Alvante conjuga celebración, tradición y experimentación audiovisual. De la melancolía y la ternura, al baile; de la reinvindicación política a la armonía. Y en el centro del universo, el “violín que canta”, como la llamó un día el gran Yehudin Menuhin. Es un viaje cósmico a las raíces de la tierra/pachamama.

El público, entregado de inicio ante la presencia magnética de Luzmila, se emociona con el  corto de animación “Abuela Grillo” y la canción de invocación “Chillchi Parita”. Entonces llueve. Cuando suenan las primeras melodías de “Wawa Tusichinapaq Phatitan”, todos y todas viajamos al mejor lugar del mundo, el abrazo/pecho de la madre. Cuando escuchamos por primera vez “Inti Watana”, Luzmila nos amarra el sol a nuestro corazón. “Hasta mañana vamos a esperar a que regreses, para que tu luz brille sobre todos nosotros”, dice en quechua. “Haz también que nosotros seamos la luz”. 

Los nuevos temas del disco se suceden (va a cantar 22 canciones -algunas clásicas entre ellas- en hora y media de concierto). El telón va a caer dos veces. Luzmila lleva años esperando este recital y no se quiere bajar. “Airampo t’ikitay” y “Canción geométrica” (con la chacana sagrada inundando de colores la whipala milenaria) dan paso a huayños de fiesta potosina; de mayo, de carnavales. Luzmila no se aguanta más y baila con “su comparsa” en “Misk’i Takiy”; danza como la semilla de choclo para volver feliz a la tierra. Del festejo al remix hay un paso. Leo Martinelli llama “maestra” a Luzmila y anuncia dos temas que invitan a mover el esqueleto. Son “Warmikuna yupay chasqapuni kasunchik” y “Tarpuricusun Sarata”.  Entonces llega el respeto; y con el maíz ya sembrado y la chicha morada preparada, todos y todas nos brindamos. 

“Réquiem para un ego” es un misil a la línea de flotación de la vanidad y el narcisismo. “El día que yo me he ido nadie me ha despedido, tal vez no he cumplido con mi pueblo, los perritos de la calle aullarán, ellos lloraron por mi”, canta en castellano. El venado y la llama nos abren el camino. El presagio de las aves nos deja mensajes. Ya se viene el documental “Luzmila y los pájaros” del bonaerense Pablo Mensi. Mientras tanto, ella abre sus alas. Y después, zapateadito. La antepenúltima canción es para recordar a Ernesto Cavour, “que nos dejó sonidos bonitos para que nuestra Bolivia crezca”. Es “Yanapariwayku”. Canta así en quechua y castellano: “Mujeres, hombres y niños, charango jilguero mío, ayúdenme y cantemos, charango contigo hermano, pediremos justicia para nuestros pueblos”. Siempre valiente y digna. El público pide “Al Cautiverio” y ella se despide con “Bartolina” y un mensaje de amor: “munakuyki”.  Antes no se olvida de pedir: “vayan a comprar libros”. Así lo hacemos. La nueva Luz(mila) es la de siempre.