Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 02 de octubre de 2022
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Jaime del Río: El zorzal de Chijini (I)

Primera parte en la que se hace un repaso a la vida y carrera del cantante y autor del famoso tema “Mi pena”
Rubén Ramírez Santillán cuyo nombre artístico es Jaime del Río. CORTESÍA
Rubén Ramírez Santillán cuyo nombre artístico es Jaime del Río. CORTESÍA
Jaime del Río: El zorzal de Chijini (I)

“Una pena tengo yo, que a nadie le importa, que me importa de nadie si a nadie le importo yo”  

El mes de abril de 2011, en una entrevista que realicé a Rommy Astro, una de las emblemáticas chinas morenas travestis que revolucionó la Fiesta del Gran Poder en La Paz, me hace referencia al cantautor Jaime del Río relatándome que vivía por la calle Pedro de la Gasca, en voz baja y con mueca pícara me dice “Jaime del Río era gay”, todas sabíamos que sufría mucho por su situación familiar y por su sexualidad seguramente, por eso debió componer tantos temas de amor y desconsuelo, sus temas eran himnos de nuestra época”. Rommy Astro recuerda que el tema “Mi pena” dejó huellas profundas en la vida de muchas personas, porque reflejaba los sentimientos más tristes de desprecio e impotencia que vivían.

Ese primer encuentro me impulsa a buscar datos sobre la vida de Rubén Ramírez Santillán cuyo nombre artístico es Jaime del Río. Indago en la página de Pentagrama del Recuerdo de Alfredo Soliz Béjar, quien plantea que el artista nació en Cochabamba por el año 1929. Por otra parte, Elías Blanco, autor del Diccionario de la Cultura Boliviana sostiene que nació en La Paz en fecha 1921, fuentes divergentes sobre la fecha y lugar de su nacimiento. Alfredo Soliz describe: “el cantautor vivió su niñez y juventud muy cerca del Parque Osorio de Cochabamba; dándose a conocer en el pequeño auditorio de Radio Cultura AM 1090, interpretando su cancionero inmortal, la cueca “Mi Pena”, los taquiraris “Estas demás”, “Palomita blanca”, “Sin motivo”, este dato puede corroborar a través del disco original de los fondos del archivo fonográfico de música boliviana del Espacio Simón I. Patiño, del sello Méndez. Me estremeció el corazón cuando escuché esta cueca cargada de dolor y sentimiento desde la propia voz de Jaime del Río. Me recordó a un texto que leí hace un tiempo, que Gerardo Arias afirmaba que Ramírez “hacía cantar a las penas”. Pienso que muy pocos reconocieron a este gran hombre, sus temas son “corta venas”. Cómo alguien puede componer una letra tan profunda, como quién quisiera gritar desesperadamente mi vida no vale nada, la soledad es mi único bien preciado, con el que decidí vivir y morir, dejando trascender su tristeza por el desprecio social de esa época, años 50 y 60.

Relata muy bien Ernesto Cavour, músico charanguista quién reconoce el barrio de Chijini como la cuna de artistas bohemios paceños, y que conoció a Jaime del Río cuando tenía 7 años, a través de su tío Jaime Sanjinés quien fue muy amigo del artista, “lo recuerdo como a un bohemio, siempre lo veía con su chalinita envuelto, muy alhajo, simpático; ya luego de joven los amigos que le conocieron, contaron que el mismo Jaime se puso el sobrenombre “del Río” como nombre artístico porque le habían levantado del río, así como a Moisés según la historia bíblica es salvado en el río, por lo que era señalado como hijo natural”. 

El sobrino Raúl Ramírez Ustáriz cuenta que su tío asistía a todas las fiestas de los parientes, le decían el infalible, aunque muchos se enojaban por su presencia porque jamás ha sido comprendido por su familia, lo han discriminado privándole de los derechos que le correspondían por ser hijo natural, que en aquellas épocas era mal visto y peor aún si eras artista. Él comenta: “después de los malhechores eran mal vistos los artistas en ese entonces, la madre de mi tío era una señora cochabambina de pollera, de esas lindas cochalitas rubias, que ante su belleza ha sucumbido mi tío abuelo, el padre de Jaime del Río, quién con una prodigiosa voz, que seguramente por este amor a su madre (que no sé que fue de ella), dedicó el segundo himno a la Llajta, su ¡Oh Cochabamba Querida! Ciudad de mágico encanto… sus canciones hasta la actualidad perduran, pero no lo reconocen en los créditos, muchos artistas interpretan sus temas apropiándose de la autoría, por lo mismo nuestra generación de sobrinos, su familia lo recordamos con amor y aplaudimos su talento, no en vano le decían: el zorzal de Chijini, por su voz, una lástima que nos dejó tan joven”

La familia en la actualidad conformada especialmente por sus sobrinos, nos recibió en su casa de Achumani el año 2015, reunión programada para hablar de su tío Jaime del Río. Emocionado nos contaba su sobrino Raúl que su tío era un hombre muy pretencioso, orgulloso, altanero, se vestía tan impecable que emulaba a Gardel, todos los días andaba con trajes que estaban de moda, todo un artista, un galán, había ganado muchos premios de la alcaldía. Lo irónico fue que vivía con escasos recursos, en un cuarto de aproximadamente 7x4 metros, que su tía María Ramírez le había cedido en la calle Pedro de la Gasca, la calle es más conocida como el Thanta Katu, palabra aymara que significa “mercado de lo viejo”, era un solo cuarto donde estaban la cama, algunos muebles, la cocina y la sala, espacio donde acogía a todos sus amigos y se armaba las noches bohemias. A este relato complementa su sobrina Rilma Ramírez, que su tío era muy cariñoso con ella y la llamaba mi pequeña Lulú, y cuenta lo siguiente: “yo pasaba todos los días por su casa, él me peinaba unas trencitas con rosones para ir al colegio, tenía una paciencia única, y ya cuando era adolescente venía a mi casa, como todo artista, hasta en la actualidad, no tenía recursos económicos, traía letras escritas en papel a lápiz en unos medios cuadernitos y me decía: hijita transcribe mis escritos en la máquina de escribir y le complacía, su cuaderno era lleno de composiciones, componía bastante y ensayaban con Gilberto Rojas, por eso a mi tío le decían el infalible, él estaba en todos las fiestas de las tías acompañado de su amigo, porque en la mayoría de las casas grandes en ese tiempo había piano. Mi tío cantaba y Gilberto tocaba el piano, eran compañeros de arte, siempre andaban juntos, seguramente él se quedó con muchos de los temas. Ahora entiendo cuando iba a su cuarto, las paredes estaban llenas de versos, mucha poesía “Si las paredes hablaran”, a este inmenso mar de letras acompañaban fotos de artista de revistas antiguas como Carlos Gardel, Frank Sinatra, era impresionante, seguramente yo transcribí muchas de esas letras, él me veía trabajar afanada mientras pasaba un programa radial que complacía canciones para hacer más popular al artista, entonces mi tío me pedía que solicite sus temas, cuando escuchaba las letras le preguntaba en qué te inspiras tío, y me respondía con un suspiro “en todo lo que te hace la vida hijita”.