Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 15 de septiembre de 2019
  • Actualizado 02:10

¿Por qué creemos que nos gusta la música que escuchamos?

Sobre la importancia de abrirse a nuevas experiencias musicales y romper con la monotonía de nuestros géneros favoritos.<br>
¿Por qué creemos que nos gusta la música que escuchamos?

Uno. ¿No les pasa que cuando están en el transporte público, expuestos a la música de la radio, de repente y sin querer se encuentran tarareando una de Shakira? o que, por alguna casualidad, no tienen sus benditos audífonos, y están expuestos al gusto del prójimo, de pronto se les pega “Bulería” de David Bisbal… Pues bien, es pura ciencia, la música que “está de moda” (o estuvo o estará) en su gran mayoría está creada precisamente para que sea pegajosa, o sea para que “nos guste” inmediatamente, cuidadosamente confeccionada, procesada por expertos productores profesionales para que repitamos la melodía y la parte del coro una y otra vez. “Bulería, bu-le-rí-a….”. Al cerebro le gusta la repetición.
Dos. En la música uno de los elementos principales se llama “ostinato”, (en el rock se lo conoce como riff y en la música electrónica se llama loop). Pues bien, el ostinato es una sucesión de compases que forman un motivo musical, ese motivo se repite durante toda la canción llegando muchas veces a ser el alma de la interpretación, mientras más se repita más nos gustará. Por ejemplo, las primeras cuatro notas de la Quinta de Beethoven, (que conoce todo el mundo) Ta- ta- ta-  taaaaannnn… Esas cuatro notas se repiten en diferentes tonos y alturas a lo largo de toda la interpretación, ese “ostinato” (del italiano “obstinado” o sea, insistente, terco), esa sucesión de acordes hace reconocible a la interpretación. Ese patrón le otorga personalidad a la obra. “Smoke on the Water” de Deep Purple tiene un riff de guitarra (igual de famoso) que se repite 22 veces en una canción de 6 minutos, el “superhit” de los Rolling Stones; “Satisfaction” tiene un riff que se repite 40 veces en una canción de cuatro minutos, y ambas son inmediatamente reconocibles. “Te boté”, el reguetón número uno del 2018 según la revista Billboard, tiene un loop de dos acordes que se repiten 178 veces en un tema que dura apenas 4 minutos. Otra vez, mientras más se repita, más nos va a “gustar”.
Tres. Nuestro cerebro está programado para seguir los patrones, un patrón es una estructura reconocible, es una sucesión de hechos o elementos que hacen reconocible una cosa. Reconocer los patrones en la naturaleza fue cuestión de supervivencia para los humanos antiguos, eso significa que está impreso en nuestro ADN. Es por esta razón que podemos ser fácilmente engañados por una ilusión óptica de esas que abundan en la red, nuestros ojos están tratando de convencernos de que las imágenes (ahí armadas, o sea ese patrón de imágenes) que están delante de nosotros son reales, pero nuestra parte racional nos dice que solo es una ilusión. Al igual que con la música, creemos que el tipo de música que escuchamos es la única que “nos gusta” porque es la única que escuchamos, en realidad estamos limitando a nuestro cerebro a repetir un solo patrón de música. Al cerebro le encanta repetir.
Cuatro. Uno de los consejos recurrentes para el desarrollo de la creatividad en cursos sobre estrategias publicitarias es siempre escuchar música nueva, música a la que no está acostumbrado tu oído. Esto permite encontrar nuevas salidas a diferentes situaciones, nuevas formas de pensar y de resolver problemas, en cambio, si uno escucha solo bachatas -dejándose engañar por esa “ilusión del gusto”- su cerebro está, digámoslo así, condicionado a reaccionar (siempre) de la misma manera. De ahí la máxima de John Lennon: “cada persona es el reflejo de la música que escucha”. Amigo, amiga, está bien que usted decida ser una persona unidimensional en la música, que su favorita sea la cumbia villera o el pop ruso o el death metal o el tecno, está en su derecho, no importa, pero no le hagamos eso a nuestro cerebro, no seamos injustos con él, no lo condenemos a un encierro eterno cuando puede enriquecerse de maneras inimaginables. Estimulémoslo, alimentémoslo bien. De usted y solo de usted depende, señor, señorita, caballero, joven, cholita… amigue, por su bien debe usted forzar a su oído a otros sonidos musicales, a otros paisajes melódicos, a otra manera de entender el mundo, si usted no lo hace nadie más lo hará, a no ser que tenga un amigo como yo.
Profesor de Historia de la Música - [email protected]