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  • Diario Digital | miércoles, 27 de enero de 2021
  • Actualizado 12:45

Honor y redención en una galaxia, muy, muy lejana…

Una reseña a la primera temporada de la nueva serie del universo expandido de Star Wars, The Mandalorian, disponible en Disney+
Un fotograma de la primera temporada de la serie. DISNEY
Un fotograma de la primera temporada de la serie. DISNEY
Honor y redención en una galaxia, muy, muy lejana…

Recién pude terminar de ver la primera temporada The Mandalorian y realmente, qué joyita. Cuando a directores creativos les das la libertad para explorar y explotar el universo expandido de Star Wars pueden salir grandes historias.

 The Mandalorian es un western espacial en toda regla, que se nutre y se inspira de clásicos como La Trilogía del Dólar de Sergio Leone, y de Yojimbo, de Akira Kurosawa, así como George Lucas lo hizo en su momento para Star Wars (1977). No es coincidencia que Jon Favreau (Iron Man; Chef, El Rey león) -un gran fan de la saga- haya decidido retornar a la nueva serie de Disney sobre una galaxia muy, muy lejana a sus orígenes, con un personaje, un cazarecompensas mandaloriano -interpretado por el chileno Pedro Pascal (Narcos; Juego de tronos)-, que se asemeja al “hombre sin nombre” que encarnó el buen Clint Eastwood.

Situada después de los eventos de El retorno del Jedi, The Mandalorian es ese espacio vacío entre el surgimiento de la Nueva República y la aparición de la Primera Orden (Episodios VII, VIII y IX), pero lejos de todos los personajes y planetas que conocemos (bueno, casi). Nos sumerge al mundo de pistoleros, contrabandistas y cazarecompensas. Un mundo donde rige la ley del más fuerte, del más audaz, del sucio o incluso afortunado. Del bueno, el malo y el feo. Un mundo, sin embargo, donde también hay códigos de honor, traición y redención.

Para los fans de Star Wars será realmente un deleite, por todas las referencias ocultas y obvias que The Mandalorian prepara, y por cómo conecta e invita a ver (o a volver a ver) otras grandes producciones como Star Wars Rebels o The Clone Wars. No por nada Dave Filoni -considerado como el protegido de Lucas- es productor ejecutivo de The Mandalorian y, curiosamente, creador y cocreador, respectivamente, de las series que menciono anteriormente. “Everything is connected”, hubieran dicho en Dark. 

Aún con todo ese bagaje y antecedentes, la serie de Favreau es apta para todo público. Con capítulos que duran entre media hora y 45 minutos (o un poquito más), maneja una narrativa muy fresca y dinámica, que hace recuerdo al espíritu de esas viejas series y películas de aventuras de ciencia ficción de los 80’s que te transportan a la niñez (Capitán Power y los soldados del futuro; Buck Rogers en el siglo XXV), pero con un cuidado excesivo a los detalles y un alto valor de producción. Y eso es algo que se aprecia sobremanera.

The Mandalorian tiene esa aura de la trilogía original, que denota el cariño y amor de su creador y escritor, Favreau, hacia una saga que lo cautivó cuando era un niño y fue como un bálsamo a sus 12 años posiblemente en sus horas más tristes, cuando su madre murió, según dio a conocer en una entrevista. Su ensamblaje actoral es de lo más variado, con secundarios como Carl Weathers (Apollo Creed de Rocky); Nick Nolte, Giancarlo Esposito (Breaking Bad) y hasta Werner Herzog, pero que se complementan a la perfección. Incluso cada uno de los ocho capítulos de la primera temporada es dirigido por un director diferente, entre los que se encuentran el mismo Filoni, el ganador del Oscar Taika Waititi (Jojo Rabbit) y Deborah Chow, que se ha ido abriendo espacio dirigiendo capítulos para importantes series como Better Call Saul y The Man In The High Castle, entre otras. El único requisito que Favreau les exigió es que amen a Star Wars como lo hace él. Y eso también se nota.

Es curioso que dos de los mejores productos ‘live action’ que han salido de Star Wars en la etapa de Disney no tengan como protagonistas a los jedi. Sin duda Rogue One y ahora The Mandalorian son un claro ejemplo de cómo hacer las cosas bien sin recurrir a la sobreexplotación y abuso de la nostalgia de una saga. He disfrutado mucho con la primera temporada y ya estoy esperando que la segunda termine para verla de principio a fin. “I have spoken”.