Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 19 de septiembre de 2019
  • Actualizado 07:05

Gustavo Orihuela: “El jazz es una historia de resiliencia y mucha estética”

Entrevista al violinista boliviano y director del Bolivia Django Festival, que desarrolla su segunda versión desde el jueves y llega a Cochabamba el martes 20 en el Jazz Stop.
Gustavo Orihuela: “El jazz es una historia de resiliencia y mucha estética”

La historia de Django Reinhardt parece estar escrita para un guión que agrupa a todos los grandes exponentes del jazz: un músico de una clase marginada, golpeado por alguna desgracia que al mismo tiempo le permitió desarrollar su música a un nivel tan alto, peculiar y característico que lo lleva a convertirse un género por si solo.
Gitano y habiendo perdido dos dedos de una mano en un incendio, Django llegó a ser, durante las décadas de los años 30 y 40, el guitarrista más importante de Europa. Creó las llamadas guitarras manouche que son la base del jazz gitano, gypsy jazz o bolero swing

El Bolivia Django Festival es un homenaje a él y su música, con esta segunda edición que se extiende a otros tres departamentos, con 30 artistas y cuatro países invitados. A Cochabamba, llegará el próximo martes 20, a las 20:00 horas en el Jazz Stop, con la presentación de Mala Traza Gypsy Jazz, Gustavo Orihuela y el argentino Ricardo Pellicán.
Compartimos una entrevista con su creador y director Orihuela, virtuoso violinista formado en el Conservatorio Nacional de Música y en Valencia, que ha dedicado su carrera a las orquestas sinfónicas del país y España, a grupos de rock y flamenco, a agrupaciones de folclore, pero ahora ha decidido quedarse en jazz.
¿Cuáles son las principales diferencias entre el jazz tradicional y el gitano?
Básicamente este estilo de jazz nace en las décadas de los  30 y 40, donde Django desarrolla un estilo característico,  mezclando la música popular francesa con el swing americano. Une estilo muy virtuoso, popular, con baladas y rumbas. Los instrumentos principales son guitarras manouche de los autores luthiers, Django tocaba primero el banjo, después se quemó sus dedos y tuvo que desarrollar este género, en el que hay mucha picardía, mucha coordinación. El ensamble son dos guitarras acompañantes, un solista, que solía ser Django, un contrabajo y un violín en un formato acústico, por lo que no entraba batería, a veces suele acompañar un clarinet. Se trata de un sonido muy orgánico, relacionado a la madera que perdura hasta el día de hoy.

¿Qué ha aportado Django a la historia y sonido del jazz?

Django tiene una historia muy particular. Es un gitano que viene de una población excluida, como son los gitanos nómadas, quien ha desarrollado un virtuosismo único. Él vivía en su caravana junto a su mujer quien  vendía flores de celuloide, por lo que quemó su hogar  y él quedo solamente con dos dedos para tocar. Con una frustración gigante, fue tan silente que logró no quedarse atrás y desarrollo el estilo más importante de la guitarra jazzística europea y creó este nuevo género denominado jazz manouche de la etnia gitana en Francia. Gracias a esto, se constituye en el principal guitarrista europe a nivel mundial, junto a Stépane Grappelli en el violín  y el Quintento del Hot Club de Francia

Podría decirse que fue él quien introdujo los instrumentos de cuerda al jazz…

Ya se tocaban antes los instrumentos de cuerda, principalmente el violín en la música popular francesa o la misma guitarra, pero Django creo un nuevo tipo que son las manouche, fabricadas por luthiers y apropiadas por el Quinteto del Hot Club de Francia. La llamada fue muy grande. Despúes, en los años 40 y por la guerra, Django tuvo que  separarse de Grappelli y fue a tocar a los Estados Unidos con figuras mundiales, como Louis Armstrong.
El jazz nació con las clases marginadas y reprimidas. Django es parte de este grupo al ser  un gitano en la Segunda Guerra Mundial.
¿Se puede hablar del jazz como un movimiento que nace y se reproduce desde la exclusión?
Es un tema complejo social e históricamente; no obstante, no solo nace a partir de la exclusión, sino de las raíces, de las esencias, en este caso francesa, gitana de los pueblos. Inclusive para hablar de un jazz boliviano se debe remontar a los ritmos de raíz.

¿Esta faceta se ha ido perdiendo y se puede considerar al jazz como elitista?

Parcialmente podría decirse que sí. Nuestra tarea es hacer propuestas inclusivas, invitamos a la participación de niños, jóvenes y adultos, llegando a diferentes escenarios educativos. Estamos abriendo un poco esta brecha y que la gente escuche nuevas cosas. Creo que Europa ha triunfado en este aspecto por el fomento a la generación de públicos críticos, que, obviamente, van a exigir mejores actividades relacionadas al arte. Soy muy crítico con lo que pasa actualmente en Bolivia, consumimos folclore o basura (reguetón), que es la tendencia mundial, pero cuando reflexionamos qué es lo que hace bien a una sociedad, debemos repensar qué estamos consumiendo.
Has tenido una época como intérprete de música clásica, siendo parte de varias orquestas. ¿Dónde encuentras las diferencias entre ser un músico académico y uno de jazz?
Son lenguajes diferentes. Para mí, toda la música que esté bien hecha y desarrollada es recibida. Debes inmiscuirte en la música que quieres hacer: ¿quieres tocar jazz? entonces debes estudiarlo, ubicar las raíces, escucharlo todo el día. En la clásica es igual, se trata de empaparte, estar preparado para dirigir una roque o estar en un cuarteto. La diferencia entre la música clásica y jazz radica en que este último me da la libertad de poder hacer mis sueños a través de este lenguaje, más libre, más creativo y con más destreza para la performance en el acto en tiempo real para componer al vivo, que se debe trabajar con mucho tiempo.
¿Qué aporta el violín al jazz?
Es muy importante desarrollar el violín en este género, porque normalmente al jazz se lo relaciona con el saxofón y la trompeta. El violín es una nueva propuesta en el jazz, una opción muy noble porque como violinista transformas lo que se conocía antiguamente con este instrumento, que puede ser muy versátil, convirtiéndose en el saxo de Ben Webster o la trompeta de Miles David, y eso lo mostró Grappelli. Para mí, es una increíble oportunidad interpretar gypsy jazz y música boliviana con mi marca. El jazz me permite, con mi violín, acceder a cualquier música del mundo. Desde el punto de vista técnico musical, te posibilita conversar con fluidez con otros instrumentos en cualquier situación, conocer músicos de todo el mundo sin hacer un ensayo previo, te da una capacidad intuitiva amplía porque constantemente estas creando, es crear en vivo y que ninguna presentación sea la misma. Después, como filosofía, es un estilo que lucha con la exclusión social, por la aceptación de la diversidad y por el derecho a la expresión libre y diversidad. Es una ideología que pregona los valores del ser humano.
Fuiste músico académico y miembro de grupos de rock, ¿por qué decidiste quedarte en el jazz?
Escuche a Grappelli y quise seguir con este camino, más diverso, no solo clásico y boliviano. Es un lenguaje que te abre al mundo, no hay límites en la improvisación del jazz. Ha dejado a nivel mundial una huella que se mantiene en la época. Es una historia de resiliencia y mucha estética en la música.
periodista- [email protected]