Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
  • Actualizado 05:46

Gabriel Mamani Magne: “Los premios son básicamente dinero”

Entrevista al flamante ganador del Premio Nacional de Novela 2019 por la obra Seúl, São Paulo
Archivo del autor.
Archivo del autor.
Gabriel Mamani Magne: “Los premios son básicamente dinero”

El nombre de Gabriel Mamani Magne ha irrumpido con fuerza en el radar del movimiento literario del país al ser nombrado el martes como el ganador del Premio Nacional de Novela 2019 por la obra Seúl, São Paulo. Es un galardón que se suma a los otros cuatro que ha cosechado en los últimos siete años. Ha obtenido el premio Adela Zamudio (2012, con el cuento Por el camino del trueno), Premio Nacional de Literatura Infantil (2012, con la novela Tan cerca de la Luna), Premio Eduardo Abaroa en la categoría de Periodismo cultural (2015, con el reportaje Una matraca en Charrúa), y el Premio Franz Tamayo de Literatura (2018, con el cuento Por ahora soy el invierno).

Son distinciones que, por su nivel de convocatoria y antigüedad, obliga a seguirle el rastro y estar al pendiente de sus próximos proyectos. Sin embargo, para él, los premios son “más que todo algo económico”, que le permiten escribir tranquilo, “con el estómago lleno”. Con 31 años ha legitimado su expectativa a través de una institución importante, como puede ser la de los premios. 

Estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), aunque nunca la ejerció, “ni espera ejercerla”, y obtuvo el título de Master en Literatura en la Universidad Federal de Río de Janeiro. En la actualidad, además de la escritura, se dedica a la edición y a la traducción de textos en lengua portuguesa. Es colaborador del periódico Página Siete y codirige el sitio babelicas.com, destinado a la difusión de narrativas de desplazamientos migración y viajes. 

La Ramona comparte una entrevista con el autor en la que se discute sobre la importancia y legitimidad de los premios, lo mundano y cotidiano y su repercusión en la esfera social y el papel, mirada del literato en estos tiempos de crisis sociopolítica. 

¿De qué nos hablas en Seúl, São Paulo?

Es una novela sobre la adolescencia, la migración y la identidad. Cuenta la historia de dos jóvenes de 17 años que hacen el servicio premilitar en la Fuerza Aérea Boliviana. Uno de ellos, el protagonista que narra la historia, es altero y el otro es brasileño hijo de padres bolivianos migrantes que hicieron parte de una camada de costureros que fueron a trabajar en el Brasil. Seúl y São Paulo son dos ciudades irónicas en la novela. Por una parte, São Paulo constituye en el imaginario de la migración nacional de una ciudad destino importante. Seúl representa a la gran acogida que hay en La Paz de la cultura coreana, en algún punto esta influencia, principalmente en la música, llegan a adquirir relevancia en la historia. Se escribe mucho sobre la migración desde el punto de vista desde la experiencia, pero no en la situación previa que provoca que la gente se vaya del país. Es una novela escrita con mucha rabia por las críticas que tengo hacia el sistema castrense y humor, propio de la juventud donde no se toman las cosas muy en serio.

En cuanto a la forma, ¿cómo la trabajaste?

Siempre pienso en el capítulo entero antes de empezar a escribirlo. Son cortos y fluidos, divididos entre una y dos páginas. Está narrado en primera persona. Pienso mucho en la sonoridad y ritmo de las oraciones. 

En los últimos siete años has ganado cinco premios. ¿La idea es seguir postulando hasta consolidar tu carrera o más bien siempre tener un respaldo económico con las distinciones monetarias?

Los premios, además de vitrinas, son básicamente dinero. Ser escritor es como ser futbolista. El trabajo no se reduce a los noventa minutos dentro de la cancha; hay que alimentarse bien, hacer ejercicios, entrenar cada día, estar bien psicológicamente. Con la literatura pasa lo mismo: hay ciertas condiciones necesarias para producir algo de calidad. En ese sentido, un premio te da un contexto más amable para escribir. García Márquez decía que él escribía mejor con el estómago lleno. Yo pienso igual.

Tus premios delatan que te has aventurado en distintos géneros como la crónica, el cuento y la novela. ¿En cuál de ellos te sientes más cómodo o sientes que mejor encaja tu estilo?

Creo que cada historia te susurra una forma, un género. Intento obedecer a ese susurro y a partir de ahí decidir qué forma darle a lo que quiero contar. Pienso que lo que debe “encajar” no es mi estilo, sino la historia. Es así que hay historias que encajan mejor en una extensión mayor (novela), y otras que, debido a su sentido de oportunidad, funcionan mejor en la crónica.

¿Es sobre lo cotidiano y lo mundano lo que te inspiras a reflexionar en tus obras o más bien buscas dramas universales y de interés social?

Me gusta tomar lo que tengo a la mano: mi barrio, mis recuerdos, cosas que escucho en la calle. Un evento cotidiano puede hacer de prisma: hablas de algo tan simple como un barrio pero al mismo tiempo ese barrio te devela mucho sobre una ciudad, un país, una sociedad.

Se dice que el trabajo de un artista frente a crisis sociales es prevenir a través de su obra una concienciación. En nuestra actual coyuntura, cuando el conflicto ya ha estallado y se convierte en violencia, ¿existe algún papel que debe jugar, en este caso, el literato?

El papel del escritor debe ser el de cualquier ciudadano responsable. Hay que informarse, para así poder opinar y actuar. Estamos viviendo un momento terrorífico en Bolivia. Términos como “racismo”, “justicia”, “indignación”, “democracia” y otros han sido desnaturalizados y vaciados de su contenido. ¿Por qué? Porque nunca hemos reflexionado sobre esas ideas. Recién ahora nos damos cuenta de que nuestra democracia es endeble y que este país es enfermamente racista, cuando en los hechos a lo largo de nuestra historia hemos preparado el terreno para lo que se está viviendo hoy. La literatura sensibiliza y hace más reflexiva a la gente. Soy un convencido de que la situación actual de Bolivia sería menos difícil si hubiéramos reflexionado más y mejor sobre los infinitos problemas de este país. 

Periodista - [email protected]