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  • Diario Digital | viernes, 24 de mayo de 2024
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Una exposición para cuestionar lugares comunes del Indigenismo

A propósito de la retrospectiva dedicada al artista David Castro Gastelú, en el Museo Nacional de Arte (La Paz)
Una exposición para cuestionar lugares comunes del Indigenismo.
Una exposición para cuestionar lugares comunes del Indigenismo.
Una exposición para cuestionar lugares comunes del Indigenismo

La exposición retrospectiva del artista David Crespo Gastelú (1901-1947) instalada en el Museo Nacional de Arte (MNA) puede servir para replantear algunos de los conceptos fundamentales del indigenismo boliviano de la primera mitad del siglo XX en temas como cronología, influencias de estilo y relación con las vanguardias artísticas.  Pocas veces se ha tenido a disposición el corpus de la obra de un representante de este periodo que, en la elocuencia de las formas artísticas, permita cuestionar algunos de los clichés sobre un movimiento artístico que ha tendido a ser en exceso simplificado.  

Génesis de un movimiento programático y estilístico

Se suele consignar como inicio del Indigenismo artístico boliviano el año de 1929, fecha de retorno al país del artista potosino Cecilio Guzmán de Rojas tras una década de estudios en Europa.  Trabajos especializados sobre la pintura boliviana como los efectuados por Pedro Querejazu y Carlos Salazar pondrán en cuestión este punto de partida señalando un antecedente directo al Indigenismo en la obra de artistas teluristas o ancestralistas activos en Potosí en la década de 1910, más precisamente en la de “Los Pintores libres de la Sierra”, un colectivo de artistas de una producción enaltecedora y reivindicativa del paisaje andino y su habitante indígena. 

Aunque ni Querejazu ni Salazar hacen énfasis en este tema, al señalar este antecedente, los orígenes del Indigenismo boliviano no solo se retrotraen por lo menos 10 años sino que se vinculan con mayor claridad con los indigenismos mexicano, argentino y peruano ya en curso para las primeras décadas del siglo XX.  Asimismo, esta datación permite dotarlo de un contexto cultural mucho más complejo que contempla, incluso, movimientos modernistas como el de la primera generación de Gesta Bárbara. 

Esta perspectiva resulta muy útil para el análisis de la obra de un número significativo de artistas que, aunque hubieran sido contemporáneos o posteriores a Guzmán, no necesariamente deben ser considerados como sus seguidores. En efecto, evidencia la existencia de una tradición artística local en la cual hubiese germinado, poco a poco, la obra de los grandes artistas de los 30 y 40. 

En consecuencia, cabe poner en cuestión también la influencia hegemónica que el estilo de “ritmos voluptuosos” de Guzmán habría tenido sobre los artistas bolivianos de la época.  En palabras del artista este se basaba en un “sistema de curvas” a partir de la correlación entre las formas del paisaje con la fisionomía del individuo indígena. De acuerdo a estudiosos como Rigoberto Villarroel y Salazar, este habría sido difundido a inicios de los 30 desde la Academia Nacional de Bellas Artes y adoptado de forma general. 

Obras icónicas del Indigenismo boliviano como las desarrolladas independientemente por maestros como Jorge De La Reza, Gil Coimbra, Mario Ibañez, Alejandro Illanes y, por supuesto, el propio Crespo, entre otros, parecieran demostrar, sin embargo, la existencia ya desde finales de los 20 de un estilo indigenista altamente estilizado bajo influjo de distintas vanguardias modernistas por fuera de lo propagado por Guzmán desde la Academia.  Estos estilos serían la base del indigenismo local. 

Crespo Gastelu y el estilo indigenista  

Aunque resulte inevitable establecer similitudes entre la obra de Guzmán y la de Crespo estas no necesariamente deben ser vistas como resultado de la influencia del potosino, sino como indicadores del establecimiento de un estilo colectivo (¿nacional?) ya hacia la década de 1930. 

Este se hubo caracterizado por una alta estilización dibujística y por una paleta lumínica dominada por el contraste de fuertes colores primarios con ocres oscuros y agrisados. Se trata de formas tendentes a esquematizar el paisaje y los rasgos fisionómicos del habitante indígena mediante un dibujo marcadamente lineal y geométrico, así como a priorizar un fuerte cromatismo con el objetivo de destacar la luminosidad “dura” de un paisaje exento de perspectiva área. 

Este estilo colectivo puede encontrar sus orígenes más certeros tanto en los indigenismos desarrollados en los países latinoamericanos como en las exploraciones llevadas a cabo por los ismos y  las vanguardias del periodo de entre siglos.  En todo caso, resulta incuestionable que en la obra de artistas bolivianos desde finales de los 20 explicita ya un rechazo a un academicismo riguroso en pos de una expresión modernista con temas locales como marca identitaria.

Los rasgos más evidentes de este estilo se manifiestan de manera muy clara en la obra de Crespo iniciada por vía autodidacta en la década de 1920.    Como Guzmán, el artista paceño observó que el paisaje andino tiene una luminosidad especial por sus condiciones atmosféricas propias y, siguiendo las concepciones teluristas, asumió que el habitante andino es una especie de extensión de la tierra, por lo que merecía un tratamiento plástico particular en la representación de su fisionomía.  El análisis cronológico nos muestra que su estilo característico no puede ser visto como una derivación del más conocido del potosino, además, porque en lo dibujístico tiene sus orígenes propios en su temprana vocación caricaturista y porque en sus aspectos pictóricos ambos habrían sido desarrollados acaso de manera simultánea (entendiendo que las exploraciones más plásticas de Guzmán en dibujo y color datan de la década de 1940: vistas del Cuzco, alrededores del Titicaca y Llojeta).  Al respecto, debe señalarse además que la obra de Crespo estuvo marcada por una experiencia directa y acaso hasta íntima del altiplano y el contacto con sus habitantes, por lo que ciertamente refulja autenticidad y personalidad.  

La obra de Crespo que se expone en el MNA funge, así como una muestra de un movimiento cultural y artístico amplio y complejo que no puede ser circunscrito únicamente a la influencia que Guzmán hubiese podido ejercer.  El Indigenismo local se fue cultivando desde la década de 1910 no solo sus aspectos de contenido, sino también en el paulatino surgimiento y la confluencia de varios estilos individuales que compartían la común influencia internacional de la modernidad.  En consecuencia, seria miope ver la obra de Crespo y la de otros grandes indigenistas como réplicas de la obra de un “gran iniciador”, antes que como la consolidación simultánea de una primera corriente de un “arte nacional”.    

Investigador en artes y artista