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  • Diario Digital | jueves, 28 de octubre de 2021
  • Actualizado 07:43

La espía detrás del espía

Reseña de El agente topo, de Maite Alberdi, película chilena nominada al Oscar a mejor documental que puede verse en Netflix.
Un fotograma de ‘El Agente Topo’, de Maite Alberdi.   NETFLIX
Un fotograma de ‘El Agente Topo’, de Maite Alberdi. NETFLIX
La espía detrás del espía

Maite Alberdi es una directora de cine chilena que como método creativo ha decidido borrar los límites. Especialmente los límites entre documental y ficción, pero también entre el que mira y el que es mirado. Lo hizo en su famosa película La Once (2014) y ahora, dos películas después, lo hace con su documental nominado al Oscar, El agente topo (2020).   

El agente topo es Sergio Chamy, un hombre de 87 años que está retirado, acaba de perder a su esposa y está cansado de pasear por las calles y parques de Santiago y de no hacer nada. Siempre fue un hombre de trabajar mucho, de hacer cosas. Ese su espíritu lo llevó a marcar en el periódico un anuncio de trabajo, en una agencia de detectives privados. Sin saber que terminaría siendo la estrella de cine en la que se ha convertido. La película de Alberdi trata sobre este agente que es contratado para espiar a una anciana mujer, Sonia Pérez, internada en una residencia de ancianos porque, la familia del “blanco” cree que sufre maltrato. Para eso el documental ingresa a Sergio en la residencia, previo hilarante entrenamiento con las nuevas tecnologías –enviar mensajes de audio por WhatsApp, mensajes escritos, filmar con unas gafas con cámara, grabar con un lapicero, etc.-  por parte del jefe detective de la agencia para que le pueda reportar sus avances con el blanco.

El documental, en su forma, se asemeja a una película de detectives: la puerta del despacho del detective con su nombre pintado en el vidrio, el escritorio y las lámparas en penumbra, los files con las fotos de blancos y candidatos a espías, Muchos planos y contraplanos, sombras de objetos y personajes que acentúan el tono de misterio para establecer una atmósfera detectivesca. El agente topo casi parece una ficción, salvo cuando la cámara filma a la directora y los técnicos detrás de la escena, o al boom del micrófono entrando en cuadro. Esas migas de pan que la directora va dejando al principio del camino del documental para que no nos perdamos en el seductor poder de la ficción, se van diluyendo hacia la segunda mitad del filme para dejarnos a merced de las vidas e historias de los habitantes de la residencia de ancianos.

Está la anciana que habla por teléfono o por control remoto de la TV con su mama y que además se quiere escapar del hospicio, está la que recita poemas, está la coqueta que quiere casarse con Sergio, está la que llora porque no la visitan nunca, está la que roba, la que enferma, la que se apaga y la que muere. Está también el “blanco” a la que tratan muy bien.

Alberdi nos convierte en voyeurs de un mundo, de por sí, privado; en decadencia, pero también de un mundo conmovedor. Alberdi desdibuja de esta manera la distancia entre la ficción y el documental, pero también entre el espacio público y el espacio privado. Ella misma, al introducir un buzo espía en el asilo se convierte en una espía disfrazada de Sergio Chamy. La artista, como espía, se acerca de un modo insólito a lo que hacía Sophie Calle con la fotografía, la vigilancia de la vida cotidiana. La vigilancia sistemática de las personas en su vida privada. Entra en ellas sin pedir permiso, se camufla y lo hace utilizando métodos policiales de seguimiento. Se acerca así a la investigación social, porque documenta con la cámara y a lo largo del tiempo sus hallazgos. Es cierto también que pulsa incómodas claves de privacidad, porque los ancianos no saben y muchos no se dan cuenta de que los están filmando. Pero a diferencia de lo que hacen las redes sociales, las cámaras de vigilancia de las calles, de los bancos y de los comercios, estas cámaras de cine ponen nombre y apellido a cada una de las vidas que se revelan a nuestros ojos y a los de la directora.  Alberdi retorna la dignidad, otorga un cuerpo y una historia a esas vidas que transcurren silenciosas, ocultas a una sociedad que no las quiere mirar.