Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 28 de mayo de 2024
  • Actualizado 00:32

Escuchar para cambiar

Algunos apuntes a propósito de las presentaciones de teatro, danza y escritura creativa en los recintos penitenciarios de San Antonio y San Sebastián Mujeres
Escuchar para cambiar.
Escuchar para cambiar.
Escuchar para cambiar

“Aquí el tiempo pasa lento, un día es como un año”, me dice una mujer privada de libertad muy pensativa, luego me mira me sonríe y explica la importancia de estas presentaciones porque son un encuentro de forma diferente, más humana, divertida, de escucha, desahogo. Estoy sentada en medio de un espectáculo que es la muestra final de tres meses formativos con talleres de teatro, danza y escritura creativa, en el marco del proyecto Acción Cultural y Protagonismo Juvenil de Progettomondo.

Son muy importantes para las personas privadas de libertad estos espacios de escucha, de creación de obras que se vuelven en una suerte de retrospectiva, de liberarse metafóricamente, de reírse de las desgracias vividas. Además, son una intervención artística que se da en el mismo centro penitenciario, un momento para decir lo que piensan y sienten. El compromiso de los y las que participaron se muestra cuando sabes que no les interesó perder llamadas o recibir encomiendas por centrarse en realizar la presentación, algo que para nosotros es simple, pero para ellos es muy importante, ya que no depende de ellos que vuelva a suceder.  

Participé de la presentación en el recinto penitenciario de San Antonio (hombres) y San Sebastián Mujeres.  De llegada teníamos un tiempo para ver los escritos y dibujos pegados en la pared, que se realizaron durante los talleres. En el mismo lugar, luego vi la obra de teatro y danza. En San Antonio, cada autor leyó su escrito, esto fue muy emotivo, poner el cuerpo a lo que afirmas, enfrentarse a un público. Esto lastimosamente no pasó en el de mujeres, ya que apostaron por compartirnos solamente las voces grabadas, no pudimos ver quién leía. 

En ambos recintos penitenciarios, un tema que se repite es la añoranza por la familia, en algunos casos el arrepentimiento. Me sorprendió mucho ver que en el de mujeres existen muchos bebés, niños y niñas. Ser madre de por sí ya implica un sinfín de cambios importantes en tu cotidianidad, ahora pensemos que en las cárceles existen reglas muy marcadas, como por ejemplo no encender la luz después de cierta hora. Y, ¿si la criatura se enferma? ¿Cómo mandar a un niño al colegio? ¿Qué impactos tiene la maternidad en prisión sin que haya espacios dedicados para esto? ¿Cómo una madre gestiona los recursos para cuidar a su hijo si está privada de libertad?

Cuando privamos a una mujer que ha cometido un delito, muchas veces se priva de esta libertad a sus hijos. Muchas veces quedarse con sus mamás es más seguro que salir con “algún familiar”. Qué clase de sociedad somos si no nos preocupamos por niños que no han cometido ningún delito, que no puedan ejercer libremente su derecho a crecer en un ambiente que les brinde todas las seguridades y comodidades que necesitan.  

Esta vida cotidiana caótica del cuidado de la vida misma, que tienen a su cargo las mujeres, intervino en la obra de teatro y fue de una manera orgánica. Vimos mujeres comprando víveres, recibiendo a los hijos que son traídos de la escuela, a los bebés que se fatigan por el calor, etc. Y en momentos dramáticos pautados por la obra de teatro, el público se reía. Qué mejor terapia que reírnos de las malas decisiones que tomamos. El momento de lágrimas vino cuando una mamá cantando una canción de promesa a su bebé de cinco meses que vive con ella en este lugar.

La maternidad y el abandono, por no decir olvido, son lo que muchas mujeres privadas de libertad deben afrontar. Tengo la sospecha de que no pasa lo mismo cuando eres un hombre privado de libertad. Por ejemplo, en la presentación en el recinto de San Antonio: una esposa e hija participaron, fue lindo ver la felicidad de esta familia. En San Sebastián no participó ningún familiar. 

Según Saskia Niño de Rivera, en México en los centros penitenciarios de las mujeres es donde más abandono existe; mientras que en la de hombres ha podido ver a la madre abnegada que nunca deja de visitar, la esposa y hasta la amante. María Galindo, en Bolivia, también habla sobre el tema, refiriéndose a las madres “abnegadas” de los feminicidas que nunca los dejan y a los que siguen defendiendo a pesar de todo. 

Al inicio, en el recinto penitenciario de mujeres sentí un poco más recaudo por parte del público penitenciario, distancia, pero al finalizar las obras tuve la oportunidad de conocer a Paola y Fernanda, con quienes hablamos sobre lo bien que hace bailar. Terminamos reflexionando sobre la importancia de seguir buscando sentido a la vida. Me hicieron ver que no solo el tema de la maternidad, el abandono, la familia, la violencia hace parte de la historia de muchas mujeres. Principalmente me alertaron de no cegarme por un amor y es que el amor “romántico”, ese en el que esperas que un príncipe te salve, muchas veces puede cegarte e involucrarte con la persona equivocada en el momento equivocado. Y esto a cualquiera de nosotras le puede pasar. 

Entiendo que hay matices en todas estas historias y que las personas privadas de libertad deben cumplir su deuda con la sociedad, pero esto no quiere decir que no podamos aprender de ellas, que pueden dar pistas de dónde fallamos como sociedad. Nos pueden dar la oportunidad de mejorar la realidad de las nuevas generaciones que se están gestando. No desterrarlos al olvido y hacernos cargo de las profundas desigualdades existentes. Salgo con la certeza de que estos son los lugares donde debemos aprender escuchando qué cambios debemos hacer para ser una sociedad menos violenta. 

Si te interesan estos temas, te sugiero escuchar el podcast “Penitencia”, de Saskia Niño de Rivera.