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  • Diario Digital | sábado, 19 de octubre de 2019
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Episodio tragicómico: el filósofo Roberto Prudencio sobre la noche de San Juan

Sobre un acontecimiento olvidados por la narrativa minera, en el que uno de los protagonistas fue el filósofo boliviano Roberto Prudencio (1908-1975).
Episodio tragicómico: el filósofo Roberto Prudencio sobre la noche de San Juan


Hace poco el escritor Víctor Montoya publicó el libro La masacre de San Juan: en verso y prosa (Cochabamba: Grupo Editorial Kipus, 2019). Esta compilación contiene poemas, testimonios y ensayos de aquella trágica madrugada del 24 de junio de 1967, “que dejó un reguero de heridos y un saldo de más de dos decenas de asesinados entre hombres, mujeres y niños”, manifiesta Montoya en la introducción del texto. A decir del autor, “la masacre minera de San Juan (…) no figura en las páginas oficiales de la historia de Bolivia, aunque se mantiene viva en la memoria colectiva y se la transmite a través de la tradición oral, de generación en generación, convirtiéndola en algunos casos en cuentos y leyendas, como sucede con los hechos históricos que se resisten a sucumbir entre las brumas del olvido”. Esta afirmación es de algún modo ambivalente, ya que este acontecimiento histórico se encuentra registrado en varios testimonios orales y escritos, y prueba de ello, es la recopilación presentada por Víctor Montoya.

Los textos reunidos en la antología sobre La masacre de San Juan reflejan la posición asumida por varios intelectuales nacionales y extranjeros; se puede mencionar los escritos de Sergio Almaraz, René Zavaleta, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Guillermo Lora, Gregorio Iriarte, Regis Debray, Eduardo Galeano y fragmentos del diario de Ernesto Che Guevara; a este volumen se suman los emotivos poemas de Nilo Soruco, Alberto Guerra Gutiérrez, Jorge Calvimontes; además, el investigador Montoya incluye en la crestomatía las recientes publicaciones de Eliseo Bilbao (Lo tronaron, lo pulverizaron, publicado el 27 de mayo de 2017), Grover Cosme (San Juan rojo, Oruro, 2014) y Armando Córdova (Presencia guerrillera y la masacre de San Juan, Cochabamba, 2018), entre otros. Los autores seleccionados, coinciden en reprochar el accionar del gobierno barrientista, que decidió tomar por sorpresa los campamentos mineros de Llallagua, Siglo XX, Catavi y Cancañiri, “con el pretexto de evitar, a cualquier precio, la realización del ampliado nacional minero, que tenía previsto elaborar un pliego de peticiones y apoyar a la gesta guerrillera comandada por Ernesto Che Guevara en las montañas de Ñancahuazú”, indica Montoya.

A más de medio siglo de este hecho histórico, la bibliografía referente al 24 al junio de 1967 tiende solamente a resaltar lo ocurrido en aquella trágica noche, que en palabras del escritor Sergio Almaraz, fue considerado como “otro genocidio, bautizado por el pueblo como la Masacre de San Juan”. Pero considero que sería necesario ir más allá de esa fecha canonizada, para encontrar otros acontecimientos olvidados por la narrativa minera, en donde uno de los protagonistas fue el filósofo boliviano Roberto Prudencio (1908-1975).

A pocas semanas de lo ocurrido en la noche de San Juan, el presidente René Barrientos Ortuño posesionó un nuevo Gabinete ministerial mediante Decreto Supremo Nº 08061, en fecha 4 de agosto de 1967. Los ministros designados fueron reconocidos políticos y personalidades de la época: Walter Guevara Arze (Relaciones Exteriores), Alberto Crespo Gutiérrez (Defensa Nacional), Hugo Zárate (Obras Públicas y Comunicaciones), Mario Rolón Anaya (Trabajo y Seguridad Social), Juan Lechín Suárez (Presidencia de la Corporación Minera de Bolivia), Marcelo Galindo de Ugarte (Secretaría General de la Presidencia), José Romero Loza (Hacienda y Estadística), Fernando Diez de Medina (Sin Cartera) y Roberto Prudencio (Cultura, Información y Turismo), entre otros.

En ese tiempo, la opinión pública seguía de cerca el acontecer político interno, es así, que en los primeros días del mes de septiembre de 1967 solicitaron la interpelación a todo el Gabinete Ministerial por la noche de San Juan. Los pliegos presentados fueron suscritos por la Comunidad Demócrata Cristiana y por el senador del Movimiento Nacionalista Revolucionario Raúl Lema Peláez. El petitorio de Lema Peláez dice: “El Senador que suscribe, interpela al Gabinete por las nuevas masacres de Catavi, Siglo XX y Huanuni, ejecutadas por orden expresa del Presidente de la República, Gral. René Barrientos Ortuño, durante la noche de San Juan y los días 27 y 28 del mes de junio pasado, como única respuesta a las demandas socioeconómicas, planteadas por los trabajadores de las minas nacionalizadas”.

El 8 de septiembre de 1967 se dio inicio a la interpelación con la exposición del H. Mario Gutiérrez, quien hizo la historiación de la lucha de la Falange Socialista Boliviana (FSB), dando duras críticas al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y al Partido de Izquierda Revolucionaria (PIR), después entró en materia censurando la conducta del Gobierno por la masacre. Concluida la intervención del Jefe de la FSB, intervino el senador Lema Peláez, quien reconstruyó la historia de las masacres mineras: “El año 1923, se produjo la primera masacre en Uncía. Cinco años después, se produjo la segunda, y en esa oportunidad, fue el Mayor David Méndez el autor de esas desgracias. En 1942 se produce la de Catavi, que da lugar a un doble pliego interpelatorio: uno formulado por el PIR y otro por el MNR. De suerte que es la segunda vez que mi partido toma la defensa de los obreros para condenar y para censurar a los gobiernos responsables de esas masacres, y lo hace, atenido a los preceptos constitucionales y a los Derechos Humanos (…). La diferencia está en que la de Catavi tuvo como responsable a un militar, el Coronel Cuenca, quien entendiendo mal las instrucciones de conservar el orden en las minas, había dado la orden de fuego. En la masacre reciente de Huanuni, Catavi y Siglo XX, en la noche de San Juan, no es un militar el responsable directo; el responsable directo es el Presidente de la República”.

En otro punto de la interpelación, el senador Raúl Lema Peláez le hizo recuerdo al ministro Roberto Prudencio que en circunstancias similares se realizó un acto interpelatorio por los asesinatos de Chuspipata: “Hace la casualidad, que en este Gabinete que está presente, dos diputados de ese entonces, sostuvieron calurosamente sus sendos pliegos interpelatorios. Está presente acá el distinguido filósofo Dr. Prudencio, para quien le han creado una Cartera: la de Cultura. Ojalá que a través de su portafolio no siembre las ideas fascistas con el calor con que las sostenía en el Parlamento de 1940”. Las declaraciones del senador Lema Peláez provocaron que el H. Jorge Siles Salinas diga: “El señor ministro Prudencio es una de las figuras más altas, más insignes de la vida boliviana y es necesario que nos refiramos a él siempre con el mayor respeto y la mayor consideración”.



A lo que respondió el senador Lema Peláez: “Yo creo que el Dr. Siles Salinas, al abogar por su amigo, intelectual como él, ha interpretado mal mis expresiones. Yo no he tratado de ofender al distinguido señor Ministro, de cuyo talento la Nación tiene sus pruebas. Pero es que solamente con el talento, con el exclusivo talento, no se hace patria; más patria se hace Dr. Siles Salinas con la conducta, con la moral pública. Lo único que yo dije, al referirme al Dr. Prudencio, ministro de Estado, es que sostuvo con maestría, con devoción y con verdadera vocación, las ideas totalitarias”. Para esta afirmación, el H. Lema Peláez recurrió a los registros de la Cámara de Diputados de los años cuarenta, para echar en cara las palabras del joven Prudencio: “El totalitarismo es el gobierno total de una nación, el gobierno de sus mejores hombres, de sus élites. El totalitarismo no significa el caos ni la anarquía, es una nueva estructura política y jurídica”.

El H. Raúl Lema también se refirió a la postura política que asumió el filósofo Prudencio tras los sucesos de Chuspipata y Catavi: “El Dr. Prudencio se retiró del MNR a raíz de los crímenes de noviembre. Renunció públicamente a su condición de representante del MNR, y dejó las filas del MNR para siempre (…). Pero cuando se trata de la muerte de obreros, señor Presidente, porque la muerte iguala a todos, no debemos hacer distingos si su sangre es azul o su sangre es de otro color, aquí se trata del sacrificio de 19 personas, de 19 humildes obreros, y hay 82 heridos. Pero ese espantoso cuadro de Catavi reciente, no le impresiona al señor Ministro de Cultura, mejor dicho, no le impresionó al distinguido filósofo y escritor que con tanta fama ha venido de Chile”. Prosiguiendo con su alocución, el senador Lema Peláez fustigo al filósofo Prudencio con las siguientes palabras: “El momento en que le ofrecieron una cartera ¡bienvenida esa cartera! Se pone una venda en los ojos y no encuentra ningún delito pasado ni presente en el actual Gobierno”.

En la sesión del 12 de septiembre de 1967, el ministro Roberto Prudencio pidió la palabra: “H. Señores, no voy a referirme al fondo de la cuestión, voy a referirme a las palabras del H. senador por Tarija, que me ha aludido personalmente (…). El H. senador por Tarija ha expresado con una intención manifiestamente malévola, que por un Ministerio he sido infiel a mis principios y a las ideas que sustentaba cuando fui Diputado. A la altura de edad a la que he llegado, un Ministerio no es fruición, sino una responsabilidad. El Ministerio no me da ningún valor mayor del que yo pudiera tener, yo no soy lo que soy por ser Ministro (…), si algo soy en mi vida, lo debo a mi esfuerzo, lo debo a mi estudio (…). Yo no me orgullezco por el modestísimo talento que podía tener, tampoco por mis escasos conocimientos. Si de algo puedo enorgullecerme es por mi conducta moral”.

El Ministro de Cultura respondió a cada una de las alusiones del senador Lema, es así que rememoró su incursión en la política: “Si de algo me reprocho profundamente, si de algo me hago pesar con verdadera hondura, es de haber pertenecido al MNR, a ese funesto partido que ha sido la desgracia de la nación. Pero yo he pertenecido a ese partido cuando estaba en la oposición, estaba naciendo, y como yo, muchos creíamos en las sanas intenciones de ese nacionalismo, que se perfilaba como salvador. Yo no sabía en aquella época que los dirigentes del MNR tenían efectivamente relaciones con el nazismo alemán, que tenían connivencias con la Embajada alemana y recibían dineros de ella, yo no sabía entonces, porque no pertenecía aún al partido, yo era un joven un tanto iluso, un tanto soñador, yo era un fascista teórico, escribía y pronunciaba discursos, pero los que empleaban verdaderamente su acción sirviéndose de aquellas ideas o de aquella doctrina, eran los militantes del MNR”.

Con referencia a su renuncia al MNR, Prudencio manifestó enfáticamente al pleno camaral: “Cuando me convencí que había una torcida intención de ese partido, renuncié públicamente con ocasión de los crímenes de Chuspipata, crímenes verdaderamente nefastos (…). Yo me aparte horrorizado de los crímenes de Chuspipata, porque tengo horror a la sangre, y tengo, por lo tanto, horror de todo lo que signifique quitar la vida de los hombres. Yo no puedo aceptar las masacres, pero estoy seguro que no hay ningún Ministro de Gobierno actual, que pueda decir que acepta una masacre, que desea hacer masacre por la masacre. No señor Presidente. El Gobierno no quiere los crímenes –refiriéndose al gobierno de Barrientos–, el Gobierno asume una responsabilidad dura, y cosa difícil es asumir una responsabilidad y esa responsabilidad la tiene que asumir el Gobierno en momentos difíciles. Ningún Ministro puede estar satisfecho de la sangre que se ha derramado. Nosotros lamentamos profundamente y lo lamentamos con una sinceridad mayor”.

El punto más controvertido de la intervención del ministro Roberto Prudencio, se refirió a los acontecimientos ocurridos en la noche de San Juan: “El H. senador por Tarija, hablando de los sucesos actuales de Catavi, nos ha mostrado un cuadro idílico: los obreros alrededor de una fogata en la noche de San Juan, cantando canciones familiares… y de pronto, un grupo de soldados, un ejército ciego y violento, que entra a mansalva, a matar hombres, mujeres y niños. ¿Es esa la verdad, señor Presidente? ¿Es eso lo que creen sinceramente los señores interpelantes? Los señores interpelantes saben en su fuero interno, aunque no lo confiesen, que esa no es la verdad, pues si lo fuera no habría habido lucha y no habría habido soldados muertos también. Hubo sangre, sí, y lo deploramos todos, pero si se ha de hacer obra de Gobierno es necesario, muchas veces, el sacrifico de matar, el dolor de matar. Lo exige algunas veces la patria, y en aquellos momentos señor Presidente, lo exigía. Quizá la medida fue un poco cruenta, pero nunca se puede llegar al justo medio. El Gobierno, señor Presidente, tenía el legítimo derecho, que digo derecho, tenía el deber de ingresar a un trozo de la patria que se había declarado territorio libre”.

La espontánea declaración del filósofo Prudencio dejo atónitos a todos los asistentes, pero le dio suficientes argumentos al H. Lema Peláez, que le dijo: “Realmente ciertas expresiones del señor Ministro, no las puedo dejar por alto (…). Yo había leído en la prensa que el doctor Prudencio había sido nombrado Ministro de Cultura, pero por lo que acabamos de escuchar más parece ser Ministro de Propaganda, de propaganda de una causa perdida como es la causa de este Gobierno masacrador al que usted, señor Ministro, ha venido desde Chile a servirlo, poniéndose en una situación muy distinta de la que asumió 24 años atrás cuando ocupaba una bancada parlamentaria”.

Al día siguiente, la prensa local se refirió brevemente a las desatinadas declaraciones hechas por el Ministro de Cultura, tanto que su entorno político e intelectual le puso el apodo de “el filósofo de la muerte”. Pero este episodio histórico se desvaneció abruptamente de la memoria colectiva de los bolivianos, debido a que los intelectuales, los políticos, la prensa nacional y extranjera se enfocó en seguir de cerca los acontecimientos referidos a la guerrilla comandada por Ernesto Che Guevara, y posterior captura y muerte. Curiosamente, para las generaciones sucesivas, este hecho es considerado como la gran noticia del siglo XX.



Literato - [email protected]