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  • Diario Digital | jueves, 09 de abril de 2020
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NIDO DEL CUERVO

Eneas y la tragedia de cualquier época

Una mirada a la creación de la obra La Eneida y como esta planteaba una fuerte carga crítica a la Roma de entonces.
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Eneas y la tragedia de cualquier época

“Pallas te hoc uulnere, Pallas immolat et poenam scelerato ex sanguine sumit” (Eneida, XII: 948-949).

Detuvo su diestra y detuvo al mundo, Roma se contenía al filo de una súplica enemiga en forma de verso: “No vayas más lejos con tu odio”. Turno, el derrotado, aguardaba un veredicto cantado desde mucho antes y aun así Eneas dudó; un imperio debía nacer. pero ¿era esa la manera? Los libros X y XII de La Eneida de Publio Virgilio Marón son de los más importantes del poema épico romano porque en ellos se evidencia la grandeza del poeta y la crítica del artista a su pueblo.

La Eneida es un poema épico que remonta el origen del imperio Romano hasta la destruida Ílion, Eneas es el heredero de un pueblo desterrado que busca un lugar donde asentarse con sus súbditos y sus dioses; más allá de eso, este poema cuenta como los diversos pueblos de la costa itálica, primero, y otros del mediterráneo, después, se fueron integrando en lo que se conocería como la República Romana que pasaría luego a convertirse en un imperio. El poema fue encomendado a Virgilio por quién se considera el primer emperador romano, Octaviano Augusto, con dos objetivos: a) brindarle al naciente imperio un origen común y una historia ancestral a la cual remitir sus valores y tradiciones; inspirar al pueblo romano un sentimiento de unidad que era muy necesario después de casi 40 años de guerra civil.

Para la composición de su Eneida, Virgilio se inspiró en dos poemas épicos anteriores como son La Iliada y La Odisea y hay diferentes momentos del poema romano que son identificables con pasajes de los poemas homéricos: el naufragio de la flota romana, el descenso al inframundo, la guerra entre rútulos y teucros por una mujer, la muerte de Palante. Pero es a partir de los libros finales que Virgilio toma distancia de su antecesor y compone un poema que ya no cumple el rol de ser simplemente pedagógico o ser un referente histórico para el pueblo romano; es una obra con una fuerte carga crítica a la Roma de entonces y a sus cada vez más constantes guerras internas.

Al comienzo del libro X de la Eneida, Venus reclamó a Juno por su actitud desfavorable hacia los teucros pues, desde el destierro de Troya, ésta no hizo más que llenar de dificultades el camino de Eneas y de los suyos. Juno respondió, versos 63-96, que no fue ella quién ocasionó los problemas de los troyanos sino que fueron ellos mismos por su actuar belicoso y artero los responsables de su suerte. Virgilio vivió la mayor parte de su vida siendo testigo de las pugnas de poder entre senadores y cónsules, este pasaje es la forma sutil y crítica de hacer una reflexión sobre ello; aquí el poema ya no expone pedagógicamente el modo de ser romano, sino que pone en duda algo que en ese momento lo estaba corrompiendo: conquistar el poder sin importar el costo moral que implicaba.

Otra duda ocurre al final del libro XII cuando Eneas, conmovido por la súplica de Turno, detiene su brazo vengativo. Virgilio canta de un héroe que duda. Eneas no es igual al invencible Aquiles o al astuto Odiseo que nunca se opusieron a las Moiras. El héroe troyano siempre tuvo en sus manos la oportunidad de fundar el imperio, pero en la suspensión del golpe fatal sobre Turno que conduciría a la posterior unión de los pueblos itálicos, Eneas detuvo al destino… por un segundo. Turno muere al final, pero no porque Eneas lo deseara sino porque éste tenía el deber de vengarse, había una deuda de honor por la muerte de Palante, no matar a Turno habría significado un insulto al pueblo de Evandro, su aliado. Es el final triste y desencantado del poema, pero es el final que Virgilio pensó para su obra maestra antes de morir. Es la tragedia de todos los tiempos cuando la sangre derramada, incluso por la causa más justa, debe ser limpiada con más sangre y los vivos, no los dioses, no los muertos, deben cargar con el peso de la muerte y la pena sobre sus espaldas.

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