Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 23 de septiembre de 2019
  • Actualizado 11:53

Un embajador de la música rioplatense

El músico argentino Máximo Diego Pujol forma parte de la IV Bienal Internacional de Guitarra de Cochabamba, evento a realizarse del 20 al 22 de agosto.
Un embajador de la música rioplatense

Con el apoyo de la Secretaría Superior de Culturas de la Alcaldía, Gamboa, Andes Arte, el Conservatorio Milan y “H” estuches para guitarras, del 20 al 22 de agosto se celebrará la IV Bienal Internacional de Guitarra de Cochabamba en el Teatro Achá, evento dirigido por el guitarrista nacional Marcos Puña y que contará con relevantes figuras de la guitarra internacional como la figura que hoy nos ocupa. La Bienal contará también con clases magistrales y su habitual concurso, que en 2019 es de convocatoria internacional en homenaje a Máximo Pujol (Argentina 1957). 
No son muchos los grandes concertistas de guitarra que sean a la vez compositores. Pienso en los casos de Leo Brouwer (Cuba), Roland Dyens (Francia) o del entrañable Agustín Barrios (Paraguay). El próximo 21 de agosto el Teatro Achá tendrá el privilegio de recibir a uno de estos extraordinarios fenómenos del arte guitarrístico, al argentino Máximo Diego Pujol. Recuerdo la primera vez que lo escuché, con su famosa Suite del Plata, inmediatamente me recorrió el flechazo, supe que estaba ante un músico cuya obra quería recorrer paso a paso.
Mientras escribo estas líneas voy escuchando la obra de Pujol. Sorprende su abundancia.
Sucesor directo de Astor Piazzolla, Pujol es el intérprete de la noche porteña, de sus calles y recovecos, de sus pasos y quiebres de cintura, de sus rondeos y piernas de mujer, del canto y la melancolía, siempre de la melancolía, como en Verde alma donde Pujol vuelve a revelar su arte de gran melodista, hijo dilecto del bel canto italiano, como a Mozart le gustaba. Candombes y murgas, milongas y milongones, pero ante todo el tango. Pujol es tango.
Los tres movimientos de su Sonata, que se llaman A pleno sol, Final de jornada y A cara de perro, son el máximo homenaje al trabajador obrero. No he escuchado nunca mejor música dedicada al trabajador de a pie. Pujol tiene una profunda sensibilidad social. No solamente convoca a los talleres a detener su trabajo, les invita a bailar tango. El tango es subversivo. Es tango: cambia al mundo. Y ahora sí entiendo su pieza Lejos de casa, un Ulises que se aleja de la casa, viaja y se pierde en el mundo, se llena de melancolía -esas son las melodías de Pujol- y vuelve, siempre vuelve, con candombes y ritmos alegres ante la visión de la ribera, del azul del Río de la Plata.
El maestro Discépolo decía del tango que “son pensamientos tristes que se pueden bailar”, con el maestro Pujol podemos decir que “son bailes tristes que se pueden pensar”, como en Elegía por la muerte de un tanguero, inspirada en Piazzolla, que le dedica a su colega y amigo, al guitarrista Víctor Villadangos (casi digo Villa-tangos), quien nos visitó hace seis años atrás y tocó en el Achá gracias a la gestión de Marcos Puña, en el marco de la Bienal (concurso, festival y clases magistrales de guitarra). Dicho sea de paso, el concurso de la IV Bienal Internacional de Guitarra de Cochabamba, de este agosto, se denomina justamente Máximo Diego Pujol y en su generosidad, como no podía ser de otra manera, el maestro compuso una obra para el concurso que se llama Canción de la Mañana.
Hay una anécdota hermosa que no puedo dejar de mencionar: hace poco tiempo atrás hizo su partida de este mundo el padre de Marcos Puña, don Guillermo, a quien recuerdo con nostalgia, porque siempre venía a elogiarme mis modestos toques de guitarra.
Marcos subió a la red un lindo mensaje hablando de su padre, Máximo leyó el mensaje y al poco tiempo compuso una pieza dedicada a Marcos, y a su padre, que se llama Despedida, variaciones y final, que será estrenada este mes cuando Marcos ingrese al escenario.
Es momento de mencionar la Suite Buenos Aires. Una obra perfecta. No solamente Pujol compuso obras para solista de guitarra, sino para dúos, tríos y cuartetos. En Suite Buenos Aires el maestro convoca a la flauta con acompañamiento de guitarra.
Si alguien quiere conocer la obra de Pujol no puede dejar de visitar esta obra hermosísima, todo está allí, todo el fuego, el ritmo, la melancolía y el baile (otra obra imprescindible es Tres piezas de otoño, para dúo de guitarra). Y para que no falte nada, Pujol compuso una obra para los futboleros, para los hinchas de Boca: en Una tarde en la Boca, describe la llegada de los hinchas, que ocupan la Bombonera, con sus cánticos y bombos, describe el gol, la euforia y la salida de la cancha, en una tarde, y las hojas del otoño que se van perdiendo en un abrazo fraternal…
Músico y filósodo - [email protected]