Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 06 de diciembre de 2021
  • Actualizado 20:10

Ebrios de vida

Reseña de la película de Thomas Vinterberg Una ronda más, producción danesa nominada al Oscar 2021 por Mejor Película Internacional.
Mads Mikkelsen protagoniza ‘Una ronda más’. bteam pictures
Mads Mikkelsen protagoniza ‘Una ronda más’. bteam pictures
Ebrios de vida

Era una ola botando espuma, rompiéndose apasionada contra las rocas, un amor que se quemaba sin límites, unas personas que no parecían actores, una lujosa fiesta del 60 aniversario que terminaba a los puños. Era el cine despedazándose, perdiendo el control. El cine en Dinamarca era eso, no una ilusión, no más, nunca más después de eso. Conocimos el alevoso cine danés así y a través de una lista. Un pauteo de reglas, que, a modo de juego, un grupo de cineastas daneses se impuso como método para salvar al cine de su muerte. Porque sí, para ellos estaba muerto. No era libre, era burgués, maquillado, individualista y retrogrado. Uno de los cineastas que redacto aquella lista, conocida como el “Manifiesto de Dogma 95”, era Thomas Vinterberg.

 Veinte y tantos años después, Vinterberg apuesta por lo lúdico de las listas como método para revivir lo inerte con su premiada película Druk (2020), Una ronda más en español. La lista la redactan cuatro hombres, colegas y sistemáticos profesores de escuela heridos a muerte por el tedio, las presiones diarias en la casa, el trabajo y las inseguridades que les trae la crisis de los cincuenta. Escriben en la lista, cosas radicales como en el manifiesto Dogma: “implementar el consumo diario de alcohol manteniendo una constate de 0,05%. Solo tomaremos durante las horas de trabajo. Como Hemingway, no después de las ocho de la noche o en el fin de semana”. Una ronda más es la historia de estos cuatro profesores que deciden caminar con toda conciencia y responsabilidad por la delgada línea que divide la mesura del exceso, la risa del llanto, la salud de la enfermedad, el goce del padecimiento, la vida de la muerte.  

 Con el alcohol, como con las drogas, el sexo y el rock and roll no se puede saber cuándo el auto perderá el control ni en que curva se despeñará al vacío. Este es uno de los complicados planteamientos de Vinterberg en la película.  Martin (interpretado por un inspirado, dulce e increíble Mads Mikkelsen) es un profesor de Historia del último curso de secundaria. Sus alumnos suenan con empezar de verdad sus vidas, él, en contraste, se ve desorientado, frustrado, inseguro, serio y entrando en una depresión. Una de esas noches alrededor de una mesa en un restaurante, iluminada como si fuera una pequeña fogata, con otros tres profesores amigos suyos, Nikolaj (Magnus Millang), Tommy (Thomas Bo Larsen) y Peter (Lars Ranthe) comienzan a hablar de la teoría de un famoso filósofo y psicólogo noruego, Finn Skårderud, que alega que los seres humanos nacemos con un nivel de alcohol bajo en nuestra sangre, un 0,05 por ciento para ser exactos y eso desequilibra nuestro estado de ánimo. Aquí es donde deciden someterse al experimento de equilibrarse adentro para sentirse bien por fuera. Lo cual sí sucede, en un principio, pero el alcohol, como la sangre de cada uno, actúa de diferente manera en cada organismo y psique. Aparecen los desbordes, las oscuridades, las miradas enojadas, los vasos rotos. Lo hermoso de la película es que no es una oda al alcohol, ni una moraleja contra el alcoholismo, sino una celebración de la vida.

 Los profesores, los hombres están decididos a encontrar la intensidad de vivir de nuevo porque no hacerlo es morirse lentamente. En una entrevista en la plataforma del Festival de Toronto, el director, cuando le preguntan por qué el alcohol ayuda, dice: “porque te hace olvidar el pasado, te da una especie de lucidez”. Sentencia que resuena en los textos del escritor Jaime Saenz, cuando habla del “acto alcohólico”, ese que permite alcanzar el sagrado “júbilo”.  Y al final, después de unos giros oscuros y dolorosos de la película, eso es lo que sentimos, una celebración no del alcohol, pero de lo que es estar vivos, de esa alegría o descubrimiento de la alegría; aunque eso implique un cierto grado etílico en la sangre y el permiso que nos damos a nosotros mismos de perder el control de vez en cuando.

 Una ronda más está nominada a Mejor película extranjera a los Oscars pero también a Mejor Dirección que seguramente no le será difícil ganar. Pero si hubiera un Oscar a la mejor escena de cierre, es seguro que Vinterberg lo ganaba. En esa escena vemos a ese “júbilo” que solo te es revelado por el alcohol.