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  • Diario Digital | miércoles, 01 de febrero de 2023
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La Deep Ecology y sus dilemas

“En la medida en que los seres humanos están relacionados internamente con el resto de la vida en la Tierra, la autorrealización humana solo puede lograrse si todas las demás cosas también logran la autorrealización”
CORTESÍA AUTOR
CORTESÍA AUTOR
La Deep Ecology y sus dilemas

Es indudable que uno de los principales fundamentos filosóficos de la denominada Deep Ecology es el pensamiento de Martin Heidegger. Si bien Heidegger nunca tematizó específicamente sobre ecología, su pensamiento abrió un espacio germinal para las inquietudes propiamente ontológicas de la ecología profunda. Este movimiento filosófico postula que en el actual estados de cosas, las reformas superficiales son insuficientes, e incluso, inútiles del todo. En este sentido, para la ecología profunda, las políticas eco-friendly en general y los enfoques que valoran las estrategias de desarrollo sostenible, por ejemplo, solo maquillarían una praxis que en realidad nunca se modificaría en su esencia. Es decir, que lo medular del modo de relacionarnos con nuestro entorno, nunca sufriría cambios consistentes.

Precisamente, la deep ecology es profunda porque decide preguntarse por cosas profundas; intenta llegar al núcleo del problema ecológico. Para Michael Zimmermann “los ecologistas profundos sostienen que a largo plazo (si es que hay un largo plazo) la humanidad debe avanzar hacia una nueva comprensión de lo que son la humanidad y la naturaleza, una comprensión que sea ecocéntrica, no antropocéntrica y no dualista”. De lo que se trata es de mudar completamente nuestra comprensión de la realidad. En este sentido, para los ecologistas profundos el cambio ni siquiera debería ser ético, sino fundamentalmente ontológico.  La ética ambiental suele centrar el problema ecológico precisamente en la ética. Es decir, según esta corriente, bastaría con que el ser humano corrija su accionar ético para que de esa manera el planeta deje de ser explotado y destruido. Sin embargo, para la ecología profunda, primero se debe producir un cambio ontológico y solo después, dentro de ese horizonte y a partir de esa “claridad”, el ser humano podría transformar la forma de relacionarse con la naturaleza. Un cambio meramente intelectual o ético no bastaría, tal cambio de comprensión requiere un cambio de conciencia, un sentido intuitivo de identificación empática con todas las cosas. Este es el denominado “giro ontológico”, uno de los pilares fundamentales de la ecología profunda. 

Para pensar este giro ontológico, la ecología profunda se sirve del pensamiento de Heidegger. Con el giro ontológico se busca salir de una comprensión antropocéntrica, dualística y utilitaria de la naturaleza; y entrar en una comprensión que deja “que las cosas sean”. Este cambio ontológico, provocaría una transformación espiritual, un cambio de conciencia que nos permitiría vivir respetando y cuidando a todos los seres. El aura mística es evidente, pero no es para nada accidental o casual. Me parece que se trata justamente de eso. Vemos que Arne Naess, pese a ser ateo, habla del Atman (Yo mayor) o de budismo Mahayana. También aparecen alusiones a Espinoza, que afirmaba que, en determinados estados de espíritu, podríamos comprender que “todo es Dios”. Existe una búsqueda de “vaciamiento” del ego que es evidente. Se busca, en este sentido, anular la percepción dualística entre hombre y naturaleza, con la finalidad de mirar eco-céntricamente. Paradójicamente, -afirma Zimmerman- “cuando uno se convierte en ‘nada’ (la apertura), simultáneamente se convierte en ‘todo’, en el sentido de que ya no se identifica y defiende un fenómeno en particular, el cuerpo del ego, sino que puede identificarse con todas las cosas y ‘dejarlas ser’”. 

Además del giro ontológico, se debe mencionar la idea de Self-realization (Autorrealización) que es basal para la ecología profunda. Desde un igualitarismo ecocéntrico, Arne Naess especifica que “la afirmación de la vida, la alegría, la actividad y el gozo son indicaciones de la autorrealización en los seres humanos. Sin embargo, en la medida en que los seres humanos están relacionados internamente con el resto de la vida en la Tierra, la autorrealización humana solo puede lograrse si todas las demás cosas también logran la autorrealización”. En este sentido, el hombre nunca estaría “en” el medio ambiente, es decir, el medio ambiente no sería algo distinto de nosotros. No existiría una división ontológica firme. La relación, o más bien la interrelación, es lo que sería propiamente constituyente u originario, y en la medida en que percibamos esas fronteras (no originarias), nos quedaríamos cortos para una conciencia ecológica profunda.

Ahora bien, Heidegger está presente en estas reflexiones; tanto en su parte negativa, como en la positiva, pero por sobre todo a la hora de plantear los dilemas más escabrosos a los que la Deep Ecology se enfrenta. Decíamos que la nueva comprensión buscada por la ecología profunda es una comprensión no antropocéntrica, no dualista y no utilitarista de la realidad. Pues bien, como se sabe, toda la crítica a la historia de la metafísica (olvido del ser) realizada por Heidegger se basa en una crítica profunda al antropocentrismo de Occidente, a la comprensión moderna de la realidad como sujeto-objeto y a su consumación epocal cristalizada en la técnica. En este sentido, todos los “no” de la Deep Ecology encuentran desde Heidegger una fundamentación filosófica extremadamente potente. Heidegger permite entender, o por lo menos sería un camino más para entender, la metafísica produccionista que sería el origen del hecho de que veamos a los entes, ya ni siquiera como meros objetos, sino solamente como materia prima. Es decir, meros entes que esperan ser utilizados “por nosotros”.

En la parte positiva del giro ontológico, Heidegger aporta con su idea de “habitar”, tematizada en sus textos tardíos. Heidegger dice, que solo habitamos, cuando estamos al abrigo de la tierra y el cielo, los mortales y los divinos; la cuaternidad (Das Geviert). Con esto, Heidegger da un paso más en el “descentramiento” del sujeto moderno, para intentar habitar desde el mismo claror del ser. 

Ahora bien, ¿dónde estaría el dilema? Pues bien, la Deep Ecology se divide en aquellos que creen en una evolución progresiva de la humanidad hacia ese estado más elevado de conciencia anteriormente explicitado. Estos cambios tendrían que ser siempre voluntarios y configurados a partir de la educación, sobre todo. Otros, al contrario, creen que esos cambios tendrían que ser radicales y en muchos casos, no necesariamente consensuados. Por este motivo, la ecología profunda muchas veces es acusada de ser proto-fascista o neo-marxista. Pero curiosamente, nunca es acusada de ser “neocapitalista” o “neo-democrática”, porque al parecer las bombas atómicas no son lo suficientemente “radicales”. Heidegger veía, quizás exageradamente, que toda la historia de occidente desde Platón, había sido una degeneración y creyó en un determinado punto de su vida, en un cambio brutalmente radical de ese destino. Como se sabe, busco ese otro comienzo…fallidamente… en el nacionalsocialismo. 

Músico y filósofo - [email protected]