Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de diciembre de 2021
  • Actualizado 21:10

El “condimento” de los clásicos cochabambinos

Una mirada a las particularidades y aspectos socioculturales del derbi cochala, que enfrenta a los equipos de Wilstermann y Aurora. 
Ilustración por Diego Clavijo.
Ilustración por Diego Clavijo.
El “condimento” de los clásicos cochabambinos

En el mundo del fútbol se tiene a un clásico como un duelo superlativo, donde el honor juega un papel protagónico, digno de campeones que definen mucho en su camino rumbo al título.

“El Clásico” español, el Boca-River de Argentina o el clásico uruguayo. Hay tantos clásicos de fútbol en el mundo, es cierto, sin embargo, se debe admitir que el Wilstermann-Aurora tiene un condimento especial.

Más allá del fútbol, este condimento quizás sea el mismo que se usa en el trancapecho que se sirve en el Félix Capriles, donde después del primer tiempo y los insultos al clásico rival, auroristas y wilstermanistas se encuentran en los pasillos del estadio, compartiendo la llajwa para el sándwich de chola o haciendo fila para la wist’upiku, como si nada hubiera pasado. Eso convierte al entretiempo en un elemento peculiar de los clásicos cochabambinos, especiales y distintos a los de los otros clásicos bolivianos o del mundo.

Mucho se habla del verdadero clásico de Bolivia, donde paceños y cruceños sacan a relucir su juego y campeonatos, mientras que en Cochabamba, la misticidad es la principal protagonista.

El ritual de los hinchas, previo a un clásico se asemeja a una cábala, a una suerte de expresión cultural que se transmite por generaciones, y que mantiene la esencia a lo largo de los años y con el pasar de las décadas. El hincha de Aurora o de Wilstermann, con su casaca celeste o roja, respectivamente, almuerza “a lo cochabambino” previo a un clásico de domingo, con algún tradicional plato cochala, claro, no falta quien “le eche” una tutuma o un chop previo a ir al estadio.

La caminata rumbo a Cala Cala, con el sonido de los bombos de las barras bravas de fondo, se mezcla con el olor del carboncito anticuchero de la avenida Libertador, en la recta de general, donde también se apostan los puestos de venta.

El estruendo de los aviadores, que se agolpan en la curva sur, denota la tradición del “Hércules”, que carga en sus hombros 15 títulos profesionales, mientras que en la recta de general, el “Celeste” se hace llamar “El Equipo del Pueblo”, luciendo con responsabilidad los colores de la bandera del departamento. Lejos del estadio, los boliches cochalos también se transforman en estadios, siguiendo la transmisión del partido acompañados del cacho y algún platito como el pique o el sillpancho.

A diferencia de La Paz, Potosí o Santa Cruz, pareciera ser que el clásico de Cochabamba no pretende demostrar quién es el mejor de la ciudad, sino busca algo más. Este significa toda la previa, el entretiempo y el color festivo que adorna el estadio. La historia también cuenta, es cierto, clásicos como el de 2010, donde los auroristas celebraron el descenso del “Rojo”, o el de 2013, donde Wilstermann venció por 6-0 al clásico rival. Sin embargo, a la hora del fútbol, esa historia deja de ser un factor determinante, y el nerviosismo se apodera de los protagonistas y de quienes los acompañan en las tribunas.

Por otro lado, la historia que sí pesa es la edad de los aficionados, en la que en las tribunas se mezclan hinchas de antiguas generaciones, quienes vieron a figuras como Taborga, Alcocer o Issa, entre otros.

Un clásico tradicional que une a cochabambinos de todos los sectores de la ciudad y de todas las provincias del departamento. El juego queda obnubilado por lo externo al fútbol, algo intrínseco que se fue formando con los años y que se fue transmitiendo por generaciones. Parece ser una analogía el mensaje de uno de los “trapos” que muestra la tribuna de Wilstermann, donde se lee “Del rojo como mi padre”, denotando la responsabilidad de heredar el sentimiento.

Al final, sólo los hinchas conocen el sufrimiento y el dolor que conlleva ser hincha de un equipo, así como las alegrías y pasiones del mismo. Pareciera ser que toda la misticidad del día del clásico, contrarresta los problemas que se viven en el departamento, como el desempleo o el propio covid, que golpean con fuerza a la población de Cochabamba

En un clásico especial, donde se extraña a los hinchas que no podrán ver este partido. Solo queda agradecer por la herencia que nos dejaron, y celebrar, por poder ver un clásico cochabambino más, sin importar quien salga victorioso. Queda festejar que es único en el mundo.