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  • Diario Digital | sábado, 13 de abril de 2024
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‘Los colonos’, western revisionista sobre la ‘historia no oficial’ de Chile

La ópera prima del cineasta Felipe Gálvez, premiada en los festivales de Cannes y de Lima y seleccionada por su país para los Oscar, acaba de estrenarse en la plataforma de streaming Mubi
‘Los colonos’, western revisionista sobre la ‘historia no oficial’ de Chile

Para ser una ópera prima, Los colonos es sumamente ambiciosa. En primer lugar, se trata de una película de época, lo que implicaba varios retos logísticos. En segundo lugar, es un relato que recrea hechos reales pero poco conocidos vinculados al genocidio selknam, que se produjo a fines del siglo 19 y a inicios del siglo pasado en Tierra del Fuego y que implicó el exterminio sistemático de un gran sector de la población indígena radicada en esta región compartida por Chile y Argentina.

Los selknam o selk’nam, conocidos también como onas, eran nómadas terrestres, cazadores y recolectores que vivían ya en Tierra del Fuego cuando los españoles llegaron a la región, en 1520, y que fueron asesinados de manera implacable por ganaderos, misioneros y agentes de los estados de Argentina y Chile involucrados en un proceso de colonización que implicaba la toma forzada de tierras.

Se calcula que, alrededor de 1880, la población selknam era de 4 o 5 mil personas; en las primeras décadas de los 1900, se llegó a decir que estaban completamente extinguidos. En la actualidad, aunque no se conocen las cifras exactas, se habla de la presencia de unos 3 mil en Argentina y más de mil en Chile.

El director y coguionista de Los colonos, Felipe Gálvez, llegó al set de filmación amparado por su trayectoria de una década como editor de películas comandadas por otros (por ejemplo, aparece en créditos como uno de los montajistas del filme boliviano El gran movimiento, de Kiro Russo), pero respaldado también por su experiencia como autor de tres cortometrajes. Los primeros dos fueron prácticamente ejercicios destinados a la búsqueda de un estilo propio, pero el tercero, Rapaz (2018), mostraba ya el potencial que tenía como narrador de nivel.

“Ese fue el germen de los proyectos que empezaron a surgir después”, nos dijo el cineasta chileno a través de una conexión por Zoom efectuada desde su hogar en París, donde vive desde hace solo unos meses. “Fue lo primero que me tuvo en un set más de un día y con un equipo muy grande, sin entender muy bien qué hacía cada quien”.

Rapaz, que daba también indicios de las preocupaciones sociales de su creador, era una historia contemporánea y urbana sobre el linchamiento de un joven tras el simple robo de un celular. Los colonos va mucho más allá, en el sentido de que nos lleva al pasado para ahondar en las raíces de crímenes contra los derechos humanos que no han sido analizados en toda su amplitud.

“Es una película coral, con muchos personajes que aparecen y desaparecen, pero contada desde el punto de vista de quienes ejecutan la violencia, no desde el de las víctimas, con el fin de provocar preguntas en el espectador”, describió Gálvez, quien estudió en la Universidad de Cine de Buenos Aires. “Y pese a que es una película de género, no tiene héroes”.

No es un secreto para nadie que el cine chileno ha sido pródigo en la presentación de producciones que reconstruyen circunstancias vinculadas a la época del régimen militar. (…) Pero no ha sucedido lo mismo con el genocidio selknam.

Eso no quiere decir que no existan películas sobre el tema. Gálvez citó a El botón de nácar (2015), un documental de Patricio Guzmán que atendía el exterminio de manera alegórica y poética; Tierra del fuego (2002), un largometraje de Miguel Littin que se desarrollaba en los años previos, y Blanco en blanco (2019), que adoptaba la mirada de un fotógrafo contratado para la boda de la hija de un terrateniente que se convertía en testigo involuntario de las masacres.

Pero el mismo director aseguró también que todas esas aproximaciones han sido muy distintas a la suya. “A mí me gusta evitar los eufemismos”, declaró. “Los colonos va de frente al tema, y este es un tema que no es de conocimiento masivo, que no es parte de la historia oficial”.

“La gente que estudia humanidades, la gente que estudia antropología lo conoce bien, pero no es algo que se enseñe en las escuelas”, prosiguió. “Curiosamente, se acaba de hacer mucho más conocido porque, hace unos meses, el estado chileno reconoció finalmente que se había dado un genocidio, luego de una votación unánime en el Senado”. (…)

Contradicciones y omisiones

La idea para desarrollar el filme surgió tras la observación de sesiones de fotografía muy distintas, pero procedentes de la misma época. Las primeras eran de Julius Popper, un explorador rumano nacionalizado argentino que participó activamente en las masacres de indígenas y que, en cierto momento, difundió con orgullo una serie de imágenes que mostraban una de estas cacerías.

De manera simultánea, Gálvez comenzó a revisar otras imágenes que exhiben a familias de indígenas posando ante la cámara, sonrientes y aparentemente felices, y se dio cuenta de la manipulación de la realidad que estas implicaban. De hecho, Los colonos contiene una escena en la que un funcionario del gobierno intenta de manera infructuosa hacer una toma de una mujer que se rehúsa a sonreír.

“Hay una frase típica pero cierta que dice que la Historia la cuentan los ganadores”, retomó el cineasta. “En ese sentido, es como si esta película estuviera hecha de escenas borradas, de páginas eliminadas”.

“En Latinoamérica, estudiamos la historia de la conquista de los españoles y después vamos directamente a la independencia de nuestros países”, prosiguió. “Pasamos de vernos como víctimas de la colonización a vernos como pueblos libres, pese a que lo cierto es que nos convertimos a la vez en colonizadores de nuestra propia población”.

Otro aspecto interesante de Los colonos es la fuerte presencia de personajes extranjeros, lo que le da a la historia entera una variante llamativa en lo que respecta al conocido tema del intervencionismo. Dos de ellos trabajan para José Menéndez, un empresario español de la vida real cuya familia sigue siendo dueña de tierras en la misma región y que es interpretado por el icónico actor Alfredo Castro (El Club, Neruda): Alexander MacLennan (Mark Stanley), un exsoldado británico que existió realmente, y Bill (Benjamin Westfall), un mercenario estadounidense que es puesto a su servicio.

“En esa época, se traía a mucha gente de afuera”, explicó nuestro entrevistado. “Contratabas a alguien que tuviera experiencia militar y que conociera la industria ganadera. Antes de que se abriera el Canal de Panamá, el Estrecho de Magallanes era la única manera de llegar al Océano Pacífico, por lo que Punta Arenas era un puerto importantísimo y una de las ciudades más importantes del mundo”.

En su propia realidad

Al ser enviados por Menéndez a una misión de exterminio, MacLennan y Bill son acompañados por Segundo (Camilo Arancibia), un mestizo de ascendencia mapuche que trabaja para el empresario en condiciones evidentes de explotación.

“Me gustó la idea de presentar a tres personajes arquetípicos del cine que se unen con un mismo fin: el soldado, que es como el héroe del cine y de la literatura a finales del siglo 19; el nuevo héroe americano, que es el vaquero; y el marginal analfabeto, que proviene quizás del cine latinoamericano de los 70, de las películas de Glauber Rocha”, describió Gálvez. (…)

“Al filmar la película, era primordial que nos pusiéramos en la mentalidad de esa época y que no manejáramos el concepto idealista de que el mestizo se podía rebelar o se podía volver un justiciero”, dijo Gálvez. “En esos tiempos, por ejemplo, no había ni un solo intelectual que defendiera a los indígenas”.

Para probar su punto, el director recordó el caso de Charles Darwin, el eminente proponente de la Teoría de la Evolución, quien, luego de un viaje a Tierra del Fuego efectuado en 1832, escribió un diario en que catalogaba a los selknam como “las criaturas más abyectas y miserables” que existían.

“Los investigadores llevaban a los indígenas a zoológicos humanos y los exponían en museos, en parques y en ciudades europeas”, describió. “Además, los abrían para examinar sus cerebros y averiguar si estos eran iguales a los de los otros humanos”.

“Por otro lado, Segundo es un personaje mestizo que representa la pasividad chilena y que alude al rol que tuvo mi país en este proceso al ignorar lo que sucedía en una isla privada, bajo el mando de un terrateniente que enviaba a sus hombres a matar a los indígenas”, añadió. “Más del 90 por ciento de la población chilena actual es mestiza”.

El guion de Los colonos, escrito por Gálvez y su colaboradora Antonia Girardi, está basado en “Sumario sobre vejámenes inferidos a indígenas de Tierra del Fuego”, un documento de 1895 redactado por un juez que fue enviado a la zona por el gobierno central luego de una serie de denuncias alarmantes recibidas por los medios de comunicación de la capital.

“Esos textos tienen datos duros sobre testigos de matanzas y ventas de personas”, nos dijo el director. “Pero los historiadores decidieron evitar estas verdades, diciendo en cambio que los indígenas habían desaparecido simplemente por enfermedades traídas desde otras partes”.

Cuestión de imagen

Tras abandonar sus intenciones iniciales de hacer la película en blanco y negro, Gálvez optó por reproducir la estética de las fotografías pintadas de los hermanos Lumière, en lugar de capturar la realidad tal y como se presentaba ante el lente.

“Me pareció interesante aproximarnos a esto desde una imagen artificial; los colores están manipulados.”, expresó el cineasta. “La película no tiene sonido directo; todos los diálogos fueron construidos en postproducción. Los vestuarios también están exagerados”.

Eso no quiere decir que Los colonos prescinda de citas estrictamente cinematográficas. De hecho, Gálvez considera que se encuentra llena de esta clase de referencias. “Hay incluso muchas que son textuales, como la que se hace a The Man Who Would Be King [1975] bajo el concepto de que dos ingleses pueden colonizar todo un continente”, explicó.

“Y el personaje de Segundo tiene mucho que ver con El Chacal de Nahueltoro”, agregó, en alusión a la emblemática cinta de Littin sobre un campesino acusado de asesinar a una mujer y a sus cinco hijos. “Nuestra película empieza como un western, se va transformado en una película de aventuras, pasa a ser una historia de horror, se mete después en los terrenos de un ‘thriller’ psicológico, se convierte en un ‘thriller’ político y regresa finalmente al drama”.

Reivindicaciones y semejanzas

Los colonos, que era la apuesta de Chile para el Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional, pero que no fue incluida en la ‘lista corta’ se estrenó poco después del lanzamiento de Killers of the Flower Moon, la cinta de Martin Scorsese que recrea otras circunstancias reales de abuso contra una comunidad autóctona, en su caso, los asesinatos de indígenas osage sucedidos en Oklahoma a principios de la década de 1920.

“¿Cuántas películas se han hecho desde The Birth of a Nation [1915] que muestran puntos de vista diferentes [al del blanco conservador]? No tantas”, cuestionó el realizador. “Hay muchas historias ocultas que necesitan ser reveladas, y los cineastas lo saben”.

“Mira lo que pasa con The Zone of Interest, que podría ser vista como una cinta más sobre la Segunda Guerra Mundial, pero que es en realidad una película increíble que pone el punto de vista en un personaje inesperado”, describió.

El siguiente proyecto de Gálvez busca también recuperar las páginas borradas que él mismo ha mencionado para desmitificar la figura del espía, tan popularizada en el plano histórico desde la posguerra, y trasladarla a una historia relacionada a su propio país.

“Hay otros géneros de propaganda que se pueden deconstruir y desmontar, y me interesa seguir en ese camino”, pronunció. “La película va a ser sobre el juicio a [Augusto] Pinochet en Londres, pero no solo sobre lo que aconteció ante la vista pública, sino sobre lo que no se vio”. (…)