Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 29 de noviembre de 2020
  • Actualizado 03:25

El censurado informe de universidades públicas en Bolivia: un diálogo necesario con Emilio Lamo de Espinosa

Un diálogo con el autor de La reforma de la Universidad pública de Bolivia, la polémica alrededor de la mencionada publicación y su paso por el país durante la década de los noventa.
Emilio Lamo de Espinosa, sociólogo y catedrático español. Archivo
Emilio Lamo de Espinosa, sociólogo y catedrático español. Archivo
El censurado informe de universidades públicas en Bolivia: un diálogo necesario con Emilio Lamo de Espinosa

Hace años atrás escuché al filósofo H. C. F. Mansilla referirse a una investigación crítica a las universidades públicas en Bolivia, cuyo autor fue nada menos que el prestigioso investigador Emilio Lamo de Espinosa. Esto llamó mi atención para iniciar la búsqueda del informe. Lo curioso del asunto, es la escasa información del estudio, ya que, pude percibir un desconocimiento generalizado de parte de docentes universitarios, estudiantes y administrativos. Luego de indagar bibliotecas privadas, pude acceder a una copia del libro La reforma de la Universidad pública de Bolivia, publicado en Bogotá, el año 1998. Tras este hallazgo, logré contactarme con el profesor Lamo de Espinosa. Me llevé una gran sorpresa por la respuesta que me dio: “Me valió ser declarado persona non grata por el sistema universitario boliviano ¡Muy orgulloso de ello!”. Por lo que solicite al autor dialogar sobre este oscuro episodio. Después de veintidós años de la publicación del informe de universidades, el doctor Emilio Lamo de Espinosa aceptó relatarnos algunos pasajes de su estadía en Bolivia, los resultados de la investigación y su recepción académica, además, se refirió brevemente a su labor intelectual que viene realizando.  

¿Dónde reside actualmente?

Vivo en Madrid en la misma casa desde el año 1973. Aunque por razones de mi trabajo viajo (o viajaba, antes de la pandemia) mucho por España, y bastante por el extranjero, aunque menos de lo que me gustaría.

¿Qué actividades académicas realizó dentro de la universidad?  

He sido catedrático de sociología y profesor durante más de medio siglo en varias universidades, pero, sobre todo, en la Complutense de Madrid. Pero he dado cursos en muchas otras, españoles, americanas (norte y sur) y europeas. Fui director del Instituto Universitario Ortega y Gasset durante casi diez años, un centro de investigación de posgrado en ciencias sociales y humanidades. Y luego he sido fundador, primer director, y actualmente presidente (desde 2012), del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales, un think tank dedicado a las relaciones exteriores de España. 

¿Continúa dando clases? 

Sí, en algunas ocasiones, aunque ya no como responsable docente sino como invitado. Pero sí doy numerosas conferencias y charlas en los más variados foros, casi una o dos a la semana. 

¿Cuál fue su última publicación? 

La última es una recopilación de trabajos de sociología del conocimiento, algunos nuevos, otros revisados, con el título de De nuevo sobre la sociedad reflexiva. Escritos de teoría y estructura sociales, editado por el Centro de Investigaciones Sociológicas, en 2018. 

¿Tiene en puertas un nuevo libro? 

Sí, en marcha un libro colectivo sobre la hispanidad y sus muchos debates aquí en España y en Latinoamérica. Está terminado y probablemente lo editara Turner a comienzo del año próximo. Yo he escrito la presentación (el título provisional es Los Bad hombres. De conquistas, encuentros y memorias), y el capítulo final sobre si América Latina es o no parte de Occidente. Con este serán ya 25 los libros que habré editado, personal o colectivamente.

Retrocedamos a la década de los años noventa: ¿Qué idea se hacía de Bolivia? 

Sinceramente, no mucho. Lo que cualquier español culto conoce de América Latina. Pero Bolivia era poco conocida en España a diferencia de otros países de la región como Argentina o México. Así que tuve que leer mucho sobre Bolivia, su historia y su sociedad antes de viajar. 

¿Cómo llegó a vincularse con Bolivia para elaborar el informe de universidades públicas? 

Fue una propuesta que me hicieron desde el gobierno español. Yo había elaborado la reforma de la Universidad española en los primeros años 80 como Secretario de Universidades en el primer gobierno de Felipe González. Hicimos la Ley de Reforma Universitaria (conocida como LRU) en 1983, que adaptó la Universidad española a la nueva constitución democrática de 1978 (la llamada “transición a la democracia universitaria”). Además, en esa fecha era director del Instituto Universitario Ortega y Gasset, especializado en educación superior, y era consultor para varias instituciones especializadas en educación superior. Con ese bagaje me ofrecieron (y acepté el encargo) analizar el sistema universitario boliviano y proponer ideas para su reforma. Se relata en el prólogo del libro del modo siguiente: “Para emprender esta tarea el gobierno solicitó, en 1995, apoyo a la Secretaría de Estado y Universidades e Investigación (SEUI) de España y a la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) del gobierno de España. A su vez, la AECI y el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) encomendaron, a fines de 1996, al ‘Instituto José Ortega y Gasset’, prestigiosa entidad española, experta en educación superior, la realización de la investigación. El Instituto destacó a un equipo de profesionales, encabezado por su director, don Emilio Lamo de Espinosa, que visitó Bolivia en varias oportunidades durante 1997, recabando datos y entrevistando a distintos actores de la educación superior”.       

¿A qué edad llegó a suelo boliviano? 

El primer viaje fue en 1997, es decir, tenía entonces cincuenta y un años.

¿Cuál fue su primera impresión? 

Evidentemente la de un país muy pobre y con enormes desigualdades. Todavía me impresiona esa casi tibetana imagen de La Paz extendida por una inmensa vaguada y en la que, a diferencia de lo que ocurre siempre, los ricos viven abajo y los pobres arriba. También las diferencias enormes entre el altiplano y la Amazonía. Y me fascinó el arte barroco de las iglesias y las misiones jesuíticas. Un país muy singular, distinto a casi todo de lo que conocía, con una enorme personalidad. Me impresiono mucho Potosí, perdido en el altiplano, y pensar que en el XVII era quizás la población más numerosa de toda América. Recuerdo mi sorpresa cuando, subiendo al cerro, pude ver puestos de venta donde ofrecían cartuchos de dinamita. Entonces en España sufríamos el terrorismo de ETA, y eso me sorprendió enormemente.  

¿Cuántos viajes realizó?

Hicimos tres viajes. Uno primero exploratorio en 1996 para estudiar la viabilidad del proyecto. Un segundo viaje en febrero de 1997, de trabajo. Y el tercero en julio de ese mismo año, para presentar los resultados. En el segundo viaje me acompaño mi esposa que, sin embargo, no soportó bien la altura de La Paz, tuvimos que bajar rápido a Santa Cruz, y no regresó después. 

¿La intelectualidad boliviana tenía conocimiento de su trayectoria académica?  

Algo, aunque no mucho. Creo que sólo Hugo Celso Felipe Mansilla me conocía pues yo había trabajado y publicado antes sobre la Escuela de Frankfurt. Tuve la suerte de ser alumno de Habermas cuando hice el doctorado en sociología en la Universidad de California en los años 70, y en mi libro sobre la Escuela de Frankfurt (La teoría de la cosificación) le citaba. Luego tuvimos algún otro contacto intelectual. 

¿Qué departamentos pudo conocer?

 La Paz, Oruro, Santa Cruz y Cochabamba. Y en todos ellos visitamos universidades varias, tanto públicas como privadas, entrevistando a rectores y personas relevantes. En el anexo del libro figura una detallada enumeración de todas las personas que entrevistamos para elaborar el Informe. Muchas, desde luego, y de sectores muy variados, no solo universitarios o académicos, también empresariales, sindicales y políticos.

¿Qué tiempo le llevó concluir la investigación? 

Empezamos a trabajar en el 96 y el libro se editó en el 98, unos dos años. 

¿Recuerda alguna autoridad del ámbito político y universitario? 

Mi memoria es muy mala y han pasado más de 25 años. Recuerdo bien los escenarios, las ciudades y las universidades, el parlamento y, por supuesto, la entrevista con el presidente (Hugo Banzer Suárez), pero no puedo nombrar a las personas, que sí aparecen relacionadas en el anexo del Informe editado. 

¿Quiénes fueron sus colaboradores en la investigación? 

Creamos un excelente equipo de trabajo. Enrique Ibáñez Rojo, doctor en ciencia política y buen conocedor de la política y la sociedad boliviana pues es pariente del general Vicente Rojo, que fue jefe del Estado mayor del Ejército de la República durante la guerra civil española, más tarde refugiado justamente en Bolivia. Enrique Ibáñez ha seguido investigando y publicando sobre Bolivia. María Jesús Sansegundo, profesora de la Universidad Carlos III y experta en financiación educativa, que más tarde sería nada menos que Ministra de Educación en España, fallecida hace años. José Antonio Fernández, consultor internacional con amplia experiencia en proyectos en América Latina. Y finalmente contamos con la muy valiosa colaboración de Gustavo Rodríguez Ostria, bien conocido, que tendría una brillante carrera intelectual y académica. 

¿Usted fue el director y responsable final de la investigación? 

Sí, fui el director y responsable final, aunque la redacción la hicimos conjuntamente todo el equipo. 

¿La redacción del estudio se realizó en Bolivia o en España?

En los dos sitios.

¿En las distintas etapas de la investigación, recibió apoyo del sector universitario?

Constantemente y con toda generosidad. Pudimos entrevistar a quien quisimos sin dificultad alguna. Rectores, vicerrectores, estudiantes, profesores, expertos y un largo etcétera. Incluso fuimos recibidos por el presidente Banzer.

¿Su investigación es un informe crítico?

Sí y no. Es (era, y pretendía ser) un informe objetivo de la situación del sistema universitario boliviano que, evidentemente, formulaba críticas al tiempo que proponía soluciones. Es cierto que el tono era crítico, y ello por dos razones. La primera porque la realidad era manifiestamente criticable, y de ahí la urgencia de una reforma en profundidad, urgencia sentida por todos. Y en segundo lugar porque el informe es académico y no político, y por lo tanto nos expresamos con claridad y sin ambigüedades. Ya sabes, los mexicanos dicen que los españoles (y más los castellanos) hablamos “golpeado”, con excesiva franqueza y sin tapujos o circunloquios. Puede que eso contribuyera a la dureza del informe. 

¿Es un retrato frío de las universidades públicas y de su sociedad?

De la Universidad, y en alguna medida del sistema educativo, pero no de la sociedad.

¿Al concluir su estudio, hubo algún interés de parte del gobierno y las universidades por difundir los resultados?     

Sí, por supuesto. La edición del informe lleva una presentación del entonces ministro Tito Hoz de Vila. Y el propio informe se presentó en un importante evento que se celebró en Cochabamba en 1998, como se relata en el Informe: “Los autores son responsables del contenido del presente informe. Entregado formalmente al Ministro de Educación, Lic. Tito Hoz de Vila, en enero de 1998, el informe fue presentado por sus autores y debatido conjuntamente por representantes de la Universidad Boliviana, de las universidades privadas, por varios expertos extranjeros y por funcionarios del Estado en Cochabamba, los días 12 y 13 de febrero de 1998, en el seminario denominado Diálogo Universitario Boliviano. Las críticas y los comentarios que allí se hicieron presentes han sido un acicate para dar a conocer el informe a un público más amplio de Bolivia como de Iberoamérica”.    

¿Su estudio encontró diferencias o similitudes entre las universidades bolivianas y españolas?

Sí claro, aunque más diferencias que similitudes. La Universidad española en aquellos años estaba ya plenamente embarcada en un proceso de auto-reforma, que se había iniciado con la LRU, de la que hablaba antes. La Universidad boliviana era muy consciente de la necesidad de su reforma, pero estaba bloqueada por ideologías muy enfrentadas que impedían avanzar. 

¿Recuerda algún aspecto positivo o negativo de la burocracia universitaria?

Ese fue el talón de Aquiles, nuestra denuncia de como la autonomía universitaria había sido capturada por una suerte de nomenclatura burocrática de profesores y estudiantes eternos, que se negaban rendir cuentas a la sociedad, amparados en una ideología revolucionaria que no había acabado de aceptar la soberanía del parlamento. 

¿Por qué su investigación se publicó en Colombia y no así en Bolivia?        

La edición se hizo en el marco del Convenio Andrés Bello por quien había financiado la investigación, la Agencia Española de Cooperación Internacional. No pensaba que el lugar de edición fuera relevante.

¿Recuerda de manera general los resultados a los cuales arribó su estudio?  

Recuerdo el que quizás era más importante: la ausencia de una verdadera voluntad de reforma en las autoridades universitarias de Bolivia. Nuestra tesis central es que, por muchas leyes que se hicieran, si no hay voluntad de reforma interna, no valdrían gran cosa. Lo importante era pues generar debates e informaciones para que se gestara ese núcleo reformista dentro del mismo sistema, blindado detrás de una interpretación errónea de la autonomía universitaria y del cogobierno. Afirmábamos que la Universidad no es ni un Estado dentro del Estado, ni la vanguardia de la revolución pendiente, pero tampoco un organismo de la Administración Pública, ni una empresa o un eslabón del sistema productivo. Es una comunidad de investigación y enseñanza al servicio de la nación. La Universidad boliviana debía pues asumir que la soberanía estaba en el Parlamento, dejar de percibirse como guardiana y custodia de las esencias populares y, en definitiva, hacer ella también su propia transición a la democracia. Pero todo ello aparece expuesto con toda claridad en las Conclusiones y Recomendaciones del informe: “Pues bien, el principal problema para llevar adelante una autorreforma de la Universidad Boliviana es que, debido a la fuerza de las ideologías y las culturas institucionales que las sustenta, los actores que deberían impulsar el proceso son inexistentes o débiles. Y por ello la prioridad principal es generar ese liderazgo universitario mediante un amplio debate: (1) entre universitarios; (2) entre universitarios y líderes de opinión; (3) entre universidades públicas y privadas; (4) entre la universidad, el gobierno y el Parlamento; (5) y de todos ellos con la sociedad civil. ¿Cómo? Fomentando clubes de debate, en la prensa y los medios de comunicación, etc. En todo caso, es evidente que el principal problema es generar los actores del cambio, romper el círculo vicioso (pacto perverso) y transformarlo en un círculo virtuoso”.   

¿Cuántas ediciones tuvo el informe?

Que yo sepa solo una. 

¿Cuál fue la recepción que tuvo el libro? 

Sin duda el informe fue muy mal recibido por las autoridades de las universidades públicas, singularmente de la CEUB que, no solo lo censuró, sino que trato de querellarse por supuesto plagio (al parecer no encontraron nada mejor), querella que fue rechazada por los tribunales, y a mí en concreto me declararon persona non grata. Ello me llevo a publicar un artículo en La Razón contra los “Torquemadas boliviano”, lo que dio lugar a algunas noticias en el mismo diario. E hicieron todo por ocultar el informe, sospecho que con bastante éxito. 

¿Realizó otros estudios referidos a temas bolivianos?

No. No lo hubo.

¿Actualmente que información tiene de Bolivia? 

Mucha, por supuesto. Como es evidente desde España se ha seguido con mucha atención la evolución política de Bolivia, desde Morales a la actualidad. Y también el notable progreso económico. Creo que en estas dos décadas ambas sociedades se conocen mucho mejor que entonces. No debemos olvidar la importante emigración boliviana (y en general andina) que hay hoy en España.