Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 28 de junio de 2022
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Celso Montaño Balderrama: De Punata a Quillacollo pasando por el universo*

“Hace unas semanas, ejecutó un acto de generosidad infinita: donó su biblioteca. Cedió una parte esencial de su vida para el disfrute de los demás, fiel convencido de que la cultura es principal para la felicidad y el cambio social”
Celso Montaño Balderrama en el programa Memorias que perduran.         MEMORIAS QUE PERDURAN
Celso Montaño Balderrama en el programa Memorias que perduran. MEMORIAS QUE PERDURAN
Celso Montaño Balderrama: De Punata a Quillacollo pasando por el universo*

Si evocamos la fecunda Punata donde el niño Celso Montaño Balderrama nació y creció, se puede hablar de su destino de sembrador. Sembró el conocimiento en las aulas y ahora lo siembra con la generosa donación de su biblioteca a Quillacollo.

Las vidas de personas como él, están acompañadas por miles. Ha atravesado el espíritu de varias generaciones: contemos, por ejemplo, a los millares en las aulas de escuelas y colegios rurales y urbanos que aprendieron de él las primeras letras, los primeros conceptos, las ideas básicas y complejas para comprender la casa, el pueblo, la ciudad, el país, el mundo y los universos… Así pensada la labor de este maestro se revela enorme y parecería la más importante de su vida. Pero, Celso es más que un maestro al uso; él se abalanzó al gran banquete de las artes y del pensamiento y de allí también salió acompañado y reconocido por centenares. 

Cuando entró en la universidad pública (donde obtuvo dos títulos) por entonces con resabios discriminatorios y racistas, su rebeldía se imponía armada de protesta, esfuerzo y estudio. Vecino del sur de la ciudad de Cochabamba, insufló aquella rebeldía en sus vecinos hasta conseguir que su zona sea tratada como el norte. 

Pero, hay otra vida más en Celso Montaño Balderrama. Hace más de medio siglo, su hermano Jaime intuyó el destino de su hermano menor, y le regaló un libro. El todavía adolescente provinciano, lo recibió y supo que ese objeto de papel que le hablaba, lo acompañaría toda su vida, esa que aquel día comenzaban juntos. Aprendió la orfebrería de ese hermano y quizás de este delicado, minucioso, arte aprendió a llegar a lo recóndito de las páginas. Desde aquella mitad del siglo pasado hasta ahora, Celso atesoró las palabras, las ajenas apropiadas de los miles de libros, y los tomos de la cincuentena que es autor.  

Sus paredes rebosantes de tomos expresaban el único y sencillo método de construir una biblioteca que se precie: libro leído, libro que accede a sus estantes. En la modesta vivienda del sur creció la envidiable biblioteca de Celso, creció como los hijos amados, cuidados, acompañados frecuentados. Hace unas semanas, ejecutó un acto de generosidad infinita: donó su biblioteca. Cedió una parte esencial de su vida para el disfrute de los demás, fiel convencido de que la cultura es principal para la felicidad y el cambio social. Fue un nuevo acto de amor de este ser excepcional.

Nació en Punata, viajó por los libros a los múltiples universos y quiso que ese viaje lo continuaran los lectores de la provincia; si no pudo ser Punata, entonces es Quillacollo. En esta ciudad está anunciada la apertura de este maravilloso mundo literario. Estamos ansiosos de asistir a su inauguración.

Hoy, Celso estará ante su computadora escribiendo sus ideas agolpadas. En una pausa, dirigirá su mirada a los muros, pero no los verá desnudos, en el lugar de los libros verá más de una generación leyéndolos y volverá feliz a su teclado.

Así es Celso. Tengo el orgullo de ser su amigo.

* En realidad Celso paseó por los multiversos, pero uno no se separa fácilmente de las palabras que ha querido por largo tiempo (nda)