Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 21 de mayo de 2022
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Celebrando a J. M. Barnadas

Sobre el ‘Diccionario histórico de Bolivia’, que este año conmemora el vigésimo aniversario de la publicación de una obra magna del conocimiento sobre nuestro país
Portada de ‘Diccionario histórico de Bolivia’, redactado bajo la dirección de Josep M. Barnadas, con la colaboración de Guillermo Calvo y Juan Ticlla. RL
Portada de ‘Diccionario histórico de Bolivia’, redactado bajo la dirección de Josep M. Barnadas, con la colaboración de Guillermo Calvo y Juan Ticlla. RL
Celebrando a J. M. Barnadas

Este año se cumple el vigésimo aniversario de la publicación de una obra magna del conocimiento sobre nuestro país, el Diccionario histórico de Bolivia, redactado bajo la dirección de Josep M. Barnadas, con la colaboración de Guillermo Calvo y Juan Ticlla, y publicado en dos tomos en Sucre, en 2002.

Por muchas razones, se trata de un título singular de la bibliografía boliviana. Primero, por la amplitud del propósito, dimensionado de la siguiente manera por el presbítero Diego Piccardo, en el homenaje que le hizo a Barnadas tras el fallecimiento de este el 26 de septiembre de 2014: “Esta obra, que le llevó ocho largos años, reúne a más de 300 especialistas de todo el mundo que, a lo largo de sus 2.400 páginas a dos columnas, desarrolla unos 3.800 artículos.”

La cita deja inscrita otra de las peculiaridades del Diccionario…: su carácter colaborativo. Entre esos 300 contribuidores, se cuentan otros historiadores, pero también economistas, juristas, ensayistas literarios, en fin. Por último, el trabajo de Barnadas et al. merece destacarse por haber sido un esfuerzo independiente, emprendedor, que no contó con ningún mecenazgo ni con el apoyo de ninguna institución cultural pública o privada. En ese sentido, sintetizó la forma de vivir de su autor principal, que desde muy pronto tuvo problemas con tales instituciones, entre ellas las universidades, así que todo lo que hizo en el campo historiográfico y cultural, que no fue poco, lo hizo más o menos por su cuenta.

Pese a su carácter colectivo, el Diccionario… lleva el sello inconfundible de Barnadas. Su firma está al cabo de la mayor cantidad de entradas, así que el conjunto trasluce, en un marco de formalidad científica, sus manías (por las abreviaturas, por ejemplo), sus filias (la reivindicación de las lenguas nativas, su amor por los siglos coloniales) y sus fobias (antipatía por los personajes izquierdistas, para mencionar una).

El carácter “self-made” del proyecto editorial permite explicar que este sea así: personal al mismo tiempo que universal. Su utilidad para los buenos lectores y para los investigadores resulta indiscutible. No nos debe sorprender que, pese a ello, nadie se haya propuesto la reedición de la obra, la cual se halla agotada hace mucho. Tales son “the facts of life” en Bolivia. Un erial cultural, por culpa del cual Barnadas, un catalán que se afincó aquí por razones familiares, crio un carácter más bien amargo o, quizá mejor haya que decir, vio empeorar sus rispideces congénitas, como señalan varios testimonios. Según Andrés Eichmann, Barnadas exteriorizó sobre todo una honestidad intelectual por la que “no estaba dispuesto a decir –y mucho menos a escribir– algo que no estuviera perfectamente de acuerdo con lo que pensaba, así resultara molesto a quien estuviera enfrente, fuera poderoso o no. También era incapaz de callar algo que consideraba justo que se dijera”.

Nuestro escritor siempre tuvo una suerte editorial adversa o, al menos, dificultosa, mezquina. Quizá la razón haya estado en que, con la excepción del Diccionario…, que concibió como un negocio editorial, en otras ocasiones no quiso poner dinero para publicarse a sí mismo, como tenemos que hacer los demás escritores bolivianos. Para ilustrar sus dificultades, baste anotar que escribió un libro en los primeros años 70, pero este solo vio la luz en 1986. Me refiero a Álvaro Alonso Barba. Investigaciones sobre su vida y obra, que apareció en la Biblioteca Minera Boliviana.

Este año, sin embargo, su esquiva suerte ha cambiado. La Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) acaba de publicar, después de cincuenta años, la segunda edición de su obra inaugural, que, me parece –sin conocer más que una parte de los 80 libros y los más de 1.000 artículos que firmó– fue también la más enjundiosa de las suyas: Charcas. Orígenes históricos de una sociedad colonial.

Este es el título que inició sus desencuentros con la academia, ya que en la Universidad de Sevilla, donde se presentó como tesis doctoral, fue considerada “marxista”. En realidad era, como aclara en la introducción su autor, “indigenista”. Barnadas era un hombre de derechas, pero al mismo tiempo, como buen catalán, fue coherentemente anticolonialista. Por eso en su labor historiográfica nunca disminuyó las atrocidades que se cometieron contra los habitantes originarios de Bolivia ni buscó justificar o edulcorar los móviles de los conquistadores. Los relató como fueron: tan bajos como humanos, tan terribles como audaces. Apegándose siempre a la fuente documental, cuya posesión fue, para él, el mejor de los argumentos.

Charcas… se ha publicado ahora de una manera estupenda, con mapas bien impresos, cómoda tipografía, solo unas pocas erratas y a un precio sumamente asequible. Ya no hay obstáculos. Es un título que un boliviano culto no puede dejar de lado.

Barnadas fue parte de la revolución historiográfica del siglo XX, por la que se admitió que todas las historias son interpretaciones de datos, que incluso el dato mismo es el resultado de una interpretación que lo busca, separa y hace inteligible. Así que Charcas… es una relación histórica crítica, que  al mismo tiempo que relata los hechos pretéritos desvela las teorías de los otros historiadores, para apoyarse en ellas o criticarlas, y que plantea sus propias teorías. Este es lo fascinante del método del libro, un método que solo puede ser ejecutado por alguien que domine las fuentes de la manera en que lo hace Barnadas, quizá el historiador más erudito que hayamos tenido tras la muerte de Humberto Vásquez Machicado. Sabía ocho idiomas –otros dicen que diez–, entre ellos los nativos, cuyo uso apropiado y constante defendió siempre. Se armó de una biblioteca con las obras principales del conocimiento sobre América colonial y otros temas solicitando libros a las editoriales para reseñarlos, es decir, leyéndolos (cf. Una biblioteca singular). En fin, es el autor de miles de entradas eruditas del Diccionario…

Su Charcas…, respetado por historiadores de todo el mundo, tiene sin embargo, a mi juicio, “demasiado pensamiento”. Quiero decir con ello que saca conclusiones que los datos no necesariamente autorizan, para probar una tesis nacionalista: que Charcas, es decir, la futura Bolivia, fue formando una suerte de proto-identidad nacional desde su mismo nacimiento. En ello hay tanto anacronismo (análisis del pasado con los ojos del presente) como en cualquiera de las obras historiográficas modernas (que, por cierto, ya no consideran el anacronismo como un defecto). Sin embargo, hay que estar conscientes de él. Me parece que el joven Barnadas no lo estaba, y que por eso cae, en ciertos pasajes, en el “mito del origen”. Trataré de demostrarlo en un texto posterior.

El excelente estudio introductorio de esta edición de Charcas…, escrito por la historiadora argentina Ana María Presta, es lo que se espera, pero solo a veces se puede encontrar en estas piezas dentro de la colección de la BBB: una presentación competente de la obra y una conmovedora biografía del autor.