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  • Diario Digital | jueves, 23 de mayo de 2024
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Carta a TD. Las memorias de Andy Cherniavsky

Sobre la autobiografía de la fotógrafa más importante del rock argentino, ex pareja de Andrés Calamaro y un personaje que orbitó la vida de Charly García. Obra editada en Argentina por Editorial Planeta.
Portada de ‘Acceso directo’, autobiografía de Andy Cherniavsky (derecha).
Portada de ‘Acceso directo’, autobiografía de Andy Cherniavsky (derecha).
Carta a TD. Las memorias de Andy Cherniavsky

Meses antes de que las restricciones por la Pandemia se hicieran más dramáticas, en Buenos Aires, Editorial Planeta publicó Acceso Directo. Memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años 80 de Andy Cherniavsky. Se trata de una autobiografía de la fotógrafa más importante del rock argentino, ex pareja de Andrés Calamaro y un personaje que orbitó la vida de Charly García. Ella inmortalizó a la leyenda en fotos que forman parte del imaginario (inconsciente) colectivo. Si tuviéramos que deconstruírnos continuamente, como deberíamos hacerlo, esta introducción que asocia a la profesional de la foto fija estaría errada, o nos permitirá reconocer el error, no es ella en función de ellos, es ella por sí misma, más allá de los otros.

Cherniavsky recorre los años de su carrera, íntimamente ligada al rock argentino, pero también se pregunta por el lugar ella que ocupa dentro de la historia. También deshace a los ídolos y revela cuestiones mucho más profundas sobre lo que es una década y sus consecuencias dentro de la propia cultura de su país

Entre anécdotas va reconstruyendo el pasado que ella recuerda y son las propias fotos el registro que le permiten reconocer, en la distancia, cuestiones que sucedían alrededor de todo un movimiento que cambió las formas de decir y hacer las cosas. Pensar hoy en el espectáculo “en vivo”, restituir el lugar que estos ocupan dentro de la acción social, también es algo que surge como consecuencia de esta lectura, en el hoy, como una cuestión posterior al lugar desde donde se escribe. 

También los miedos de la autora son expuestos en el libro. El temor a la violencia explícita del rock en general, y a aquello implícito que el poder masculino tiene enraizado en aquellos años, pero más que una denuncia frontal sobre lo vivido, lo que aquí se dice tiene relación con las formas de naturalizar ciertas maneras de intimidación que uno sólo puede reconocer con el paso del tiempo frente a otros contextos. La juventud se gana con los años, la juventud existe en tanto uno ya la ha atravesado, por eso las memorias de esta juventud –en el caso de Cherniavsky- adquieren mayor potencia en tanto ella puede reflexionar sobre esto.

Muchas veces las fotos a nosotros nos han devuelto a lugares de una intimidad primigenia, al pasado que nos hace ser, hemos recorrido con complicidad años pasados, queriéndonos contar historias mínimas de las cuales guardamos sensaciones particulares. Otras veces nuestras fotos nos hablan del ahora, del hoy, de lo que estamos haciendo, de nuestros propios deseos. Estas maneras de acercarnos a los registros, desde nuestro sentido más amateur no dejan de ser cuestiones importantes a la hora de reconocernos.

Cherniavsky recorre su archivo y lo comparte con el lector, como lo hiciera hace ya algunos años con la exposición “Los Ángeles de Charly” que montó junto a Hilda Lizarazu y Nora Lezano para celebrar a Charly García. Pero esta vez, con el libro, se aparta de lo que ha fotografiado para ser un poco más ella, aunque también ella sea ellos, de alguna manera.

Las fotos que nos hacemos, las que nos tomamos, esas que son para nosotros, en ellas también hay el registro de lo que somos como de lo que hay en nosotros. Hemos podido recorrer caminos que nos hacen ser, que nos permiten descubrirnos, no sólo al uno y al otro, sino al uno en el otro. Estas fotografías que no forman parte de ningún archivo personal guardan, en su cualidad de instantáneas, el secreto de los días y las noches que hemos atravesado. Es una forma de compartir la experiencia de estar más allá de las maneras más tradicionales, quizás de un modo mucho más práctico en la acción de estar presentes.

Las fotografías de Cherniasky son ese presente, o esa presencia más bien, de algo que no desaparece con el tiempo, sino que se impregna en la piel de quienes descubrieron algo más de los otros a través de su lente.

Si no fuera por esa cámara algo de lo que somos estaría incompleto. La historia no gozaría de ese placer que provoca la imagen. Aunque los archivos personales desaparezcan, queda la historia detrás de ellos. Quedan sus orillas para volver, sus contornos para descubrir las formas, hasta que la luz haga con la imagen su presencia. El libro de Cherviasky es una invitación a pensar no sólo en ella y su obra, sino en lo que cada quien hace desde la propia fotografía.