Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 19 de septiembre de 2021
  • Actualizado 16:13

Carta a TD. ‘La bolchevique enamorada’

Sobre la única novela de la escritora y marxista rusa Aleksándra Kolontái, cuya edición boliviana fue presentada a través de Viejo Topo Ediciones y Subtterranea Ediciones.
Portada de la obra ‘La bolchevique enamorada’, de la autora Aleksándra Kolontái (derecha). ELABORACIÓN PROPIA
Portada de la obra ‘La bolchevique enamorada’, de la autora Aleksándra Kolontái (derecha). ELABORACIÓN PROPIA
Carta a TD. ‘La bolchevique enamorada’

En el Prólogo a la Edición Boliviana se lee: “Rusia. Corría el año 1923 cuando, en la recientemente constituida URSS, Aleksándra Kolontái, marxista rusa, publicó su única novela a la que tituló La bolchevique enamorada que, según la propia autora: no pretende ser una obra literaría en el estricto sentido de la palabra sino más bien una obra centrada básicamente en la psicología de las relaciones sexuales del periodo de la posguerra, de una sociedad en proceso de construcción y que, de esa manera, intenta reflejar el estado de la sociedad soviética desde la perspectiva de una mujer militante.” De este modo, Yolanda Téllez (quien es autora del libro Para escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz) nos ubica en el libro recuperando las propias palabras de Kolontái.

La autora rusa es parte fundamental de las primeras participaciones protagónicas de la mujer en la Unión Soviética. Kolontái, que se uniera los bolcheviques, y quien fuera parte del Comité Central del Partido Comunista de la URSS, ocupó cargos políticos importantes durante el primer periodo de la Revolución, y posteriormente como diplomática de su país, además ella escribió más de un libro, entre los que destacan: El amor y la mujer nueva, El amor de las abejas obreras o Las relaciones sexuales y la lucha de clases. Kolontái fue una activa defensora de los derechos de las mujeres durante toda su vida.

La edición boliviana de La bolchevique enamorada fue editada en 2020 y deja, para la historia contemporánea, en sus créditos un detalle no menor: “D.L. No realizado por cierre de Of. Del Repositorio Nal.” De esta manera Viejo Topo Ediciones y Subtterranea Ediciones, nos devuelven a los días de la cuarentena más rígida a causa de la Pandemia del COVID-19. Pero no lo hacen en un gesto dramático, sino más bien como una declaración de principios que afirman la importancia de insistir en la urgencia de continuar “haciendo” incluso a pesar de la adversidad. El libro, más allá de sí mismo, es un gesto de defensa de la alegría.

“No había tiempo para eso. Aquel día, sin embargo, habían salido juntos sin haberse puesto de acuerdo. ¡Tenían tantas cosas que decirse!. Sentían como si fueran dos viejos amigos que se reunían para contarse todas sus cosas. No obstante, de pronto los dos se quedaron silenciosos. Se sentían más próximos que nunca.” Escribe Kolontái, y entonces abre los caminos a ese y otros encuentros de la pareja protagonista, la autora lo hace en medio de la hostilidad revolucionaria, lo hace durante la Revolución. Ubica a sus personajes y defiende también ese derecho a ser pareja más allá de la institucionalidad y sus arbitrariedades, dejando un espacio para la libertad de ser uno y el otro, o más bien, uno en el otro.

A diferencia de aquel contexto en el que se desarrolla la novela, donde la propia institucionalidad de la Revolución Rusa ocupa un lugar fundamental, la ausencia de Estado en Bolivia durante el periodo de la Pandemia, que coincidía con aquel gobierno irregular, dejaba huérfanos a quienes insistieran en seguir creando y difundiendo el pensamiento, mucho peor el caso de los que ocuparon un lugar en defensa de la divulgación de criterios que aparentemente podrían estar en contra de los discursos oficialistas de entonces.

Por eso el libro, que fuera publicado por primera vez en 1923, revela mucho más de lo que dice, porque esta apropiación de su existencia en un entorno adverso, parece una acción en sí misma de resistencia, y como ya se ha dicho, de defensa de la alegría.

La bochevique enamorada no tiene una aparición casual en la Bolivia del año 2020. Es más bien una acción de denuncia, primero de aquello que la política ha hecho durante la alteración del orden democrático boliviano; pero también como una forma de insistir en las referencias bibliográficas del protofeminismo, que muchas veces se hace invisible cuando proviene de historias masculinizadas, como puede ser la propia Revolución Rusa incluso desde la ficción.

Y aquí estamos, descubriendo y compartiendo lecturas, aquellas que quizás no haríamos si no fuera por el otro. Hay libros que no vamos a leer, pero basta que nos contemos de su existencia y su trama para hacerlos nuestros. A veces apropiándonos de costumbres que no teníamos buscamos el último capítulo para leerlo antes de continuar con la experiencia de la lectura, por ejemplo, sólo por saber qué va a suceder en esa ansiedad que nos provoca el ser lectores. Muchas veces malos lectores. Pero también la defensa de la alegría debe ser leerle al otro, y que el otro escuche, y que pregunte, y responder, y cuestionar…y así, la vida tiene sentido. O quizás otros sentidos.