Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 19:04

CORONAIDEAS

Carta para Mary Luz Salazar, la enfermera cruceña en bicicleta

Una reflexión de la autora al ver su imagen y los comentarios de la gente, pero sobre todo al escuchar su voz y su pensamiento
Mary Luz Salazar. Internet
Mary Luz Salazar. Internet
Carta para Mary Luz Salazar, la enfermera cruceña en bicicleta

Hola, Mary Luz, 

Mi nombre es Mary Carmen Molina Ergueta y soy de La Paz. Nuestros nombres nos hacen casi tocayas. Me llamo Mary por mi abuela, que es cruceña como usted. Me entusiasma pensar que no estamos tan lejos, a pesar de las distancias geográficas y culturales, de nuestros proyectos de vida y profesionales, de los contextos y oportunidades. Me he animado a escribirle porque quiero compartir con usted y con todas las personas que quieran leer esta carta lo que ha pasado por mi mente desde que he visto su fotografía manejando bicicleta, volviendo a su casa después de una jornada doble en su trabajo como auxiliar de enfermería, en las calles de Santa Cruz, en plena lluvia torrencial el lunes 22 de junio por la mañana. 

Usted estaba con su indumentaria de trabajo. En la fotografía que circuló mucho y muy rápidamente en redes sociales ayer por la mañana se ve que el agua le cubre los pies y que sus pantalones están mojados. En la entrevista con UNITEL comentó que en otro trayecto de su camino el agua le llegaba hasta la cintura. He visto también fotos y videos de gente flotando sobre maderas en las calles inundadas esta mañana. Algunas de estas fotos se volvieron memes y la gente las usó para el humor. Nada que el internet no aguante. A mí no me causaron risa porque, aunque nunca se inundó mi casa o mi barrio, me angustia lo difícil, frustrante y problemático que debe ser para las personas que sí pasan por esta situación.

Hace poco he tenido un problema de salud que me ha permitido conocer un poco a las trabajadoras y los trabajadores en esta área. Ese momento creo que entendí un poco qué significa la vocación de servicio en salud y tal vez en general, para todos los oficios, profesiones y pasiones que tienen los seres humanos. Si tienes vocación para algo, vas a hacerlo con seguridad, con una alegría que no siempre se muestra en una sonrisa, sino en el cuidado que le pongas a las cosas para que salgan como tú crees, como sabes que están bien. Y vas a hacerlo sin que sea una molestia, por más que haya detalles en el proceso que no sean positivos, ni justos, ni agradables. Si tienes vocación por algo, vas a hacer todo lo que implique (o casi todo) para que el resultado no sea mediocre. A través de todas las enfermeras y enfermeros (que los hay, pero son menos), y a través de los tres médicos (una mujer y dos hombres) que me operaron y atendieron en La Paz hace algunas semanas, conocí formas de la empatía y la solidaridad que agradezco enormemente. Poder sentir compasión por el dolor de otro, ayudar para que ese dolor y la enfermedad pasen, poder conectarse con la emocionalidad del otro a través de su cuerpo, tan desconocido para una misma, es un trabajo que requiere una vocación fuerte y clara, paciente y cuidadosa, porque estás frente a lo más vulnerable y más propio del otro: su cuerpo, su cuerpo enfermo, su dolor. 

Mary Luz, me ha gustado mucho escucharla en una entrevista con Tuffi Aré. Quisiera destacar algunos puntos de sus respuestas. En primer lugar, me parece muy importante algo que usted afirmó en esta y otras entrevistas: está contenta de cumplir con su trabajo. Estudió para auxiliar de enfermería y egresó en 2012. Desde niña quiso ser doctora, pero cuenta que no tuvo la posibilidad, pero que su familia sí la ayudó para que realice sus deseos. Ahora combina su trabajo en el Centro de Salud con sus estudios profesionales en la carrera de bioquímica y farmacia. Durante la cuarentena está pasando clases virtuales, cursa el noveno semestre y espera poder graduarse este año, aunque piensa que tal vez no sea posible por la emergencia sanitaria. Es la única hija mujer, la única profesional y la única persona que, durante este tiempo de pandemia, cuenta con un salario fijo en su familia. Usted es una mujer que no ha dejado de lado sus proyectos personales y profesionales, una mujer que es soporte económico de su familia, que es querida por sus primas, que se solidariza con sus compañeras de trabajo que viven más lejos, eligiendo usted ir en bicicleta, porque no le queda tan lejos como a otras que, de no ser por el micro que se ha dispuesto para transportar al personal del hospital, tendrían que ir, por ejemplo, a pie. Y todo esto lo hace contenta, con la satisfacción de una vocación que usted la ha construido con pasión y con trabajo. 

Si me permite, me ha llamado la atención que en sus intervenciones en esa entrevista usted no haya elegido usar una palabra en particular: sacrificio. Quiero decirle, con respeto y empatía, que celebro que esta palabra y este concepto no sea algo que a usted le interesa relacionar con su trabajo. Pienso que este no es un sacrificio, en el sentido doloroso, penoso, costoso del término. Para mi, usted no se sacrifica, usted trabaja y hace todo lo necesario para desarrollar su profesión. Que, estoy segura, muchas veces no tiene una buena cara, que le ha debido dar malos ratos y que tiene muchas condiciones que no son justas, pero que en definitiva usted ha elegido y usted ama. El trabajo no debe ser un sacrificio, el trabajo es una bendición, me dijo una vez mi padre, que a principios de 1990 tuvo que llevar a su familia entera a Santa Cruz durante algunos meses por motivos de trabajo como electricista fabril. Pienso que él, como usted, no se estaba sacrificando por su familia: él quería hacer su vida lo mejor posible, a través de todos los medios que escogía y a veces se le imponían, con un trabajo digno y una responsabilidad completamente articulada a sus deseos personales, darle todo a su familia. En las entrevistas no ha compartido usted mucho de su familia –no quisiera que entienda que estoy comparándola con la mía, no podría, no conozco a sus padres, ni a sus hermanos ni a sus primas. Tampoco la conozco a usted, es verdad, pero como miles en Bolivia he visto esa foto suya, he escuchado sus entrevistas, he escuchado su voz. Y en ella su pensamiento es claro. 

Muchos periodistas, líderes de opinión y personas en general, en redes sociales y medios de comunicación, han destacado su labor a través de algunas palabras en particular, que se han ido repitiendo: en sus comentarios, usted es “símbolo de esperanza”, “heroína”, “luz de esperanza”; su fotografía en bicicleta bajo la lluvia es “hermosa”, un “himno al esfuerzo y a la vocación”. El Ministro de Defensa, Fernando López Julio, compartió su foto en Twitter con el siguiente texto: “Esto es amor por la Patria y los bolivianos!!!”. Sobre esta imagen, en varias entrevistas usted ha mostrado su sorpresa, no sabe quién la tomó, se la mostraron sus primas emocionadas cuando llegaba a casa, usted no tenía idea, tenía el celular sin los datos conectados. Cuando vi su imagen en redes sociales, cuando me la enviaron por WhatsApp con un mensaje que destacaba su patriotismo y sacrificio, sentí y pensé muchas cosas, confusas, todas a la vez. Primero pensé en quién es la persona sobre esa bicicleta, qué se llama, cómo podía manejar así, en esa lluvia, que se iba a enfermar por el frío, por las aguas, tal vez contaminadas. Luego, al leer y escuchar los comentarios de la gente, le confieso que me empecé a sentir incómoda: había una celebración de la precariedad laboral con la que no estaba de acuerdo, una visión del trabajo ligada al sacrificio que no comparto, y una manera de presentarla a usted que está dentro de un universo de vulnerabilidad y desventaja con el que discuto mucho. 

Por mi profesión (licenciada en Literatura) y por mis intereses profesionales y personales, me dedico a analizar las formas en las que las mujeres están presentes en las sociedades, casi siempre injustas con nosotras, sistemáticamente verticales y machistas. Por esta mi vocación de estudiar las representaciones de las mujeres en libros, películas y otras formas de cultura, pero también en el ámbito público y cotidiano, su fotografía y sus descripciones me han despertado muchas asociaciones. Las imágenes siempre han servido al poder para desarrollar estrategias de subordinación, debilitamiento y sacralización, contra las mujeres. Por ejemplo, esa idea que se tiene de que la mujer es sagrada muchos escritores la usaron en la ficción para quitarle poder real a las mujeres reales, atribuyéndoles un poder trascendental casi siempre ligado a su muerte. Pensé también en que, en muchas historias y en la Historia del mundo, los héroes, para ser héroes, deben entregar su vida. No creo que usted deba entregar su vida para que yo la considere, para que la valore como una mujer con ideas y proyectos claros, una profesional responsable, una persona solidaria y empática, una persona digna de mejores condiciones de trabajo en un país en el que la justicia y los derechos se vulneran cada día. Usted está viva, manejando bicicleta, trabajando con cariño. Me dio escalofríos pensar que, aunque hubiera sido involuntariamente, había personas que estaban sugiriendo que el hecho de que usted ponga en riesgo su vida al trabajar (como todo el personal de salud y servicio en primera línea ante la pandemia) era algo para celebrar. No todos sugirieron esto: muchos también hablaron de que no está bien idealizar la precarización del trabajo, muchos trajeron de nuevo el problema que representa el personal médico contagiado por COVID-19. Muchos otros la aplaudieron también por su responsabilidad y entrega, innegables y que merecen reconocimiento. Sin embargo, me pregunto, qué tipo de reconocimiento, qué condiciones y derechos debe tener su labor.

Mejores condiciones de trabajo, es lo que usted ha pedido claramente. Cuando el señor T. Aré le preguntó qué pedidos tenía con respecto a su trabajo, usted, Mary Luz, no dudó al responder: “Pedimos más ítems”. Trabaja hace seis años en el Centro de Salud Vida y Esperanza y aun no tiene un contrato fijo, cada año le hacen a usted y a varias de sus compañeras contratos anuales. Entonces, cada año, necesitan el respaldo del Sindicato de Enfermeras, que vela por ustedes para que no pierdan su fuente laboral. Solo dos o tres enfermeras en el Centro de Salud tienen ítem. La falta de puestos fijos de trabajo es una demanda del sector que hemos escuchado mucho en los últimos años y que permanece sin soluciones concretas. Lo sabemos por usted, por su voz, que ha tenido claridad en marcar este problema desde un lugar real y poderoso, la fotografía que le tomaron pero, sobre todo, la voz de esa imagen, que usted no dudo en hacer oír en nombre propio y del sector que, en la coyuntura y en los medios de comunicación, representa. Ayer por la noche, medios de comunicación anunciaron que la Ministra de Salud Eidy Roca ordenó que se le diera un item. Lo anunció el periodista T. Aré, que la entrevistó más temprano. Me alegro por usted, Mary Luz, porque esto significa que sus condiciones laborales mejorarán. Ojalá también mejoren las condiciones de sus compañeras y de todos los trabajadores en salud en Bolivia. Me pregunto si sus colegas tendrán que ser fotografiadas en bicicleta bajo la lluvia para poder visibilizar su trabajo y lograr que sus demandas sean escuchadas. ¿Qué se necesita para tener derechos laborales en el país? 

Sobre el sector y su fuente laboral en específico, tampoco dudó en poner sobre la mesa un pedido urgente: más personal, ya que hay muchos trabajadores contagiados de COVID-19. Es difícil saber lo que pasa en cada hospital o clínica: en el caso del Centro de Salud Vida y Esperanza sí se distribuyó insumos de bioseguridad a todo el personal, nos lo ha contado usted. Pero en otros no ocurre lo mismo y esto vulnera aún más las condiciones de trabajo de médicos y enfermeras. Me acuerdo de un video que circuló en redes el 8 de junio, también situado en Santa Cruz, en el que se ve que una trabajadora de salud se quiebra en llanto y frustración cuando expone a la alcaldesa interina Angélica Sosa la falta de trajes de bioseguridad, botas desechables y cascos de protección. Es triste saber que la provisión de estos insumos es objeto de la desorganización, la negligencia y la irresponsabilidad de las autoridades. La trabajadora que vimos en ese video, cuyo nombre lamentablemente no conozco, necesita condiciones mínimas de trabajo, insumos de bioseguridad, derechos laborales. No para ser una heroína, sino para ejercer su labor con dignidad y justicia. 

Disculpe que esta carta sea tan extensa. Pienso que su imagen y sus palabras han producido uno de los eventos más potentes y cuestionadores durante este tiempo de cuarentena y emergencia sanitaria. Ojalá que lea esta carta, Mary Luz, no sé cómo hacérsela llegar, por eso la publico de esta forma, y porque quiero recuperar su voz y no solo la fotografía viral. Y he querido escribirle una carta –sabiendo que el género epistolar en Bolivia no está con buena fama– porque no quería referirme a usted como si fuera algo a analizar. Me quiero despedir de usted celebrando la forma en la que usted vive y piensa el trabajo, la dignidad de sus condiciones, la solidaridad y la empatía. Dijo en una entrevista que una persona enferma de COVID-19 necesita, además de cuidados médicos, el apoyo de su familia, de la gente que la quiere y valora. La empatía, mirar de frente al otro y tratar de comprender sus condiciones y faltas, sus dolores y demandas, su diferencia, esa empatía ha desaparecido casi por completo en Bolivia. Su voz, Mary Luz, no es la esperanza para que este sentimiento no desaparezca. Su voz marca la urgencia de la existencia de esta capacidad social en nuestra cotidianeidad rota. Le agradezco la valentía de encarnarla, en tiempos de crisis sanitaria y polarización política, en los que ver al otro como una amenaza es una estrategia de un alcance más peligroso y letal que el virus.

Reciba mi más profundo respeto y admiración.

Mary Carmen Molina Ergueta

Crítica de cine y editora. Programadora y gestora cultural.

Coeditora de Imagen docs.