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  • Diario Digital | martes, 10 de diciembre de 2019
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Carlos Piñeiro: “Sirena ofrece una mirada a la muerte desde distintos puntos de vista”

Entrevista al director paceño sobre su ópera prima, el nuevo largometraje del colectivo Socavón cine, que se encuentra en competencia en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

El director Sebastián Piñeiro.
El director Sebastián Piñeiro.
Carlos Piñeiro: “Sirena ofrece una mirada a la muerte desde distintos puntos de vista”

Lago Titicaca, 1984. Cuatro hombres llegan a una isla en el lago Titicaca. Entre ellos no parece haber más que desconfianza. No pertenecen al mismo mundo, y eso queda claro desde el comienzo: se nota en su ropa, en sus cuerpos, en el modo en que se vinculan. Van buscando a un muerto: un colega de aquel a quien llaman “el ingeniero”, cuyo cadáver yace en un pueblito. Juntos llegan a ese otro mundo, donde los ritos son algo cotidiano, el tiempo corre de manera distinta, solo se habla aymara y la comunicación se vuelve imposible. Pero el conflicto no es solo lingüístico: ese muerto es ahora sagrado para el pueblo. Esta es la sinopsis de Sirena, la ópera prima del director boliviano Carlos Piñeiro, quien afirma que la idea para esta película nace de sus recuerdos, de las historias de su padre cuando era niño, que se manifestaron dentro de él, “como un llamado”, para plasmar un retrato de dos miradas respecto a la muerte en los Andes Bolivianos.

El camino por la memoria de Piñeiro hizo un eco profundo hasta convencerlo y que pueda darse cuenta que la historia de Sirena era la película que quería y debía contar. Esa convicción lo movió por cada etapa de su carrera, que se viene construyendo desde sus primeros largometrajes -desde Max Jutam (2010), pasando por Plato paceño (2011) y Amazonas (2015)-. Hasta que se materializó en este largometraje, que ganó premios de fomento en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine y San Sebastián. La película se estrenó internacionalmente en el Festival de Cine de Valdivia, en Chile, el pasado octubre y ahora continúa su recorrido como parte de la competencia latinoamericana en el evento cinematográfico de Mar de Plata, en Argentina. “Cada uno de estos trabajos creo que forman parte de una propuesta, de la búsqueda de una mirada, es ahí donde se construye entonces Sirena y probablemente todas las cosas que pueda realizar en un futuro”, cuenta el director.

El director habla sobre su ópera prima con La Ramona y el proceso de creación que lo llevó a la materialización de esta obra.

¿De cómo nace la idea para Sirena?

La idea seguramente nace cuando yo era niño, escuchando las historias de mi viejo. Años después cuando me encontraba preparando otro proyecto como ópera prima, una de esas historias, en la que está basada Sirena, se manifestó dentro mío en forma de recuerdo, como un llamado, haciendo un eco cada vez más profundo hasta convencerme y darme cuenta que en realidad esa era la historia que quería y debía contar, sobre todo porque retrata dos miradas distintas sobre un hecho tan universal como la muerte pero en un lugar tan único y verdaderamente mágico como los Andes Bolivianos.

La película maneja la concepción de muerte en un choque de dos culturas entre el mundo andino y el mundo occidental. ¿Cómo juegan, se enfrentan y complementan estas dos ideas dentro la realización de la película?

La vida y la muerte son la misma cosa, nuestra especie que forma parte de la vida tiene como condición básica enfrentarse siempre a la muerte. Menciono esto porque la muerte es un hecho universal para todo ser vivo, entonces no existe una brecha entre la vida y la muerte, si vivo muero. La brecha se encuentra en la posibilidad de ver la muerte desde distintos puntos de vista y ese es el caso de Sirena, por un lado los unos de fiesta, percibiendo buen augurio en la muerte y por el otro lado los otros con miedo, percibiendo culpa en la muerte. Sin embargo, la forma de dialogar entre estas dos miradas, porque Sirena no es una película de buenos y malos, se concentra en reflejar justamente la imposibilidad de que ese diálogo exista, los que llegan y se van nunca se toman el tiempo de escuchar y los que se quedan y siempre están no quieren hablar, para eso y por eso está el traductor, dejando de esta manera que sea el cuerpo, el cadáver, la muerte, el único lazo que los une, que los enfrenta y complementa y también los convoca en un mismo tiempo y lugar, en esa isla perdida del lago allá por los años ochenta.

¿Por qué decidiste hacer la película en blanco y negro?

Creo que deben ser muchas las razones que un realizador-autor debe tener para tomar una decisión tan determinante como la del blanco y negro. Sirena es un retrato de contrastes, de opuestos, dos miradas, dos idiomas, dos mundos que se enfrentan pero se complementan por la común condición que los une, entonces era necesario subrayar y hacer énfasis en esto a todo nivel, pero lo más importante es que Sirena necesitaba tener una atmósfera especial, única, que permita al espectador a involucrarse aún más en la historia y en la situación que los personajes atraviesan. En ese sentido el blanco y negro para mi es fundamental.

¿Cómo fue trabajar con actores naturales y profesionales? ¿Cómo fue la dinámica de esta mezcla?

Al contrario de lo que la película propone, sí hubo verdadero diálogo entre actores naturales y profesionales y esto permitió que todas las estrategias y dinámicas para que esto funcione en pantalla sean mucho más fáciles y productivas.

En una entrevista mencionas que fue como un sueño cumplido poder haber filmado en el lago Titicaca. Entre lo simbólico del lago, lo místico, la mitología, lo imaginario y lo real que se mezclan en la cinta, ¿cómo fue interpretar estos elementos y plasmarlos dentro de la película?

A nivel personal el lago siempre ha sido un lugar especial. El lago Titicaca es un lugar sagrado, por lo que ha sido un desafío involucrarme con él y procurar estar a la altura por así decirlo. Sin embargo, creo que muchas de las maneras, decisiones y caminos que se han tomado en todo el recorrido para plasmar estos elementos se han ido maquinando en el transcurso de muchos años de manera consciente-inconsciente.

¿Cuál es la importancia dentro del filme de aspectos visuales y artísticos como el peso que le das a la experimentación con la fotografía entre las imágenes de la isla y los planos detalle (primeros planos de los personajes)? ¿Cuál dirías que es la relación o el diálogo que se establece entre estos elementos respecto a la narrativa de la película?

Dentro de las premisas más importantes de Sirena, siempre estuvo presente la búsqueda y necesidad de que el espectador sea parte del viaje, que pueda estar en el bote, que pueda sentir y estar en las ranuras de esa isla misteriosa. Entonces todas las decisiones estéticas y formales, más allá de la narrativa, buscan y proponen esto, que el espectador esté, que sea parte y se involucre lo más posible en el viaje. Por eso la decisión de jugar con las perspectivas, con los detalles, los paisajes, el macro y micro universo que definen ese lugar, ese momento, esa historia.

Dando una mirada a trabajos anteriores como Max Jutam, Martes de Ch’alla, Plato paceño y Amazonas, ¿cómo te han ayudado estos trabajos previos en la materialización de tu primer largometraje?

Estos trabajos sin duda son el camino para poder hacer Sirena. Estos trabajos me han ayudado no sólo a conocer el aparato cinematográfico sino y sobre todo a percibir el camino que quiero andar en cuanto a cinematografía se refiere. Cada uno de estos trabajos creo que forman parte de una propuesta, de la búsqueda de una mirada. Es ahí donde se construye entonces Sirena y probablemente todas las cosas que pueda realizar en un futuro.

Respecto a tus trabajos anteriores y tal vez pensando en diferenciarte de ellos, ¿cuál fue el camino o dirección que buscaste tomar en esta obra en tu evolución como realizador?

Yo creo que cada obra tiene su propio universo, de eso se trata, de saber materializarlo y sobre todo respetarlo. En ese sentido creo que cada una de las piezas tiene ese propio universo, pero también puntos en común, instancias, hasta planos que hacen eco uno con el otro y obviamente en Sirena creo que esto se vuelve aún más profundo porque hay el tiempo y la posibilidad de que todos los cortometrajes tengan ese eco por así decirlo representado en la obra.

Es el segundo largometraje, después de Viejo calavera, que están lanzando como Socavón Cine. ¿Cuál dirías que es la propuesta estética e ideológica que están tratando de desarrollar como colectivo dentro del cine boliviano?

La única y verdadera propuesta de Socavón cine es cultivar y respetar nuestras distintas miradas, preocupaciones y búsquedas, así de simple y así de complejo al mismo tiempo y por otro lado. Desde una opinión muy personal, yo creo que el cine boliviano sí existe. Sí existe esa idea, esa propuesta, más allá de que sean películas filmadas en un territorio geográfico que sería muy básico, creo entonces que está empezando y que hay mucho trabajo por delante, muchísimo.

Después de Valdivia y Mar del Plata, ¿Qué sigue a continuación para Sirena?

El camino de Sirena también está empezando, no podemos adelantar mucho hasta que los festivales mismos no lo publiquen oficialmente, pero lo importante y lo más gratificante es que ese camino empieza y que se podrá ver y apreciar en muchos rincones del globo.

Periodista – Twitter: DabolAR