Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 30 de noviembre de 2021
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ENTREVISTA CON EL HISTORIADOR Y EXPRESIDENTE QUE LLEGÓ AL FORO DE ESCRITORES DEL PATIÑO

Carlos Mesa: “Evo Morales es la quintaesencia del mestizaje”

Carlos Mesa: “Evo Morales es la quintaesencia del mestizaje”



Según Carlos D. Mesa Gisbert, si algo se debe superar del imaginario colectivo, es la idea de que, como pueblo, somos fruto -colonia española mediante- de una violación. El historiador y expresidente (2003 - 2005) dice que el camino para ello es la revalorización de la identidad mestiza, asumiendo las herencias europeas e indígenas, sin negarlas.

Tal una de las tesis centrales de La sirena y el charango. Ensayo sobre el mestizaje (Ed. Gisbert, 2013), el más reciente libro del también periodista. La segunda edición de la obra fue presentada hace pocas semanas en Cochabamba, a donde llegó Mesa (La Paz, 1953) para participar del 6to Foro de Escritores Bolivianos, organizado por el Centro Simón I. Patiño.

El autor de diversos títulos de historia, cine, política y fútbol, hace en su nuevo trabajo un recorrido por las raíces de la nacionalidad boliviana, destacando el valor de la fusión, en todos los ámbitos, entre lo originario y lo que trajo la colonia. El recorrido llega hasta el actual proceso político, del que Mesa valora aciertos, aunque se muestra altamente crítico en lo que hace a la construcción de la nueva identidad nacional. En ese tramo, el ensayo no está libre de algún exceso, como el que compara -sin evidencia clara- el consumo tradicional de coca con la adicción al alcohol y el cigarrillo.

Con el asimismo documentalista, que en su visita a la Llajta tuvo que en la práctica ser escoltado ante la ola de jóvenes que le pedían fotografías y autógrafos en la universidad pública; con el político que ha descartado participar en las próximas elecciones dialogó la RAMONA.

-Afirma en su libro que Bolivia tiene su raíz como nación en la colonia. ¿Cuáles son las evidencias que supuestamente descartarían la influencia indígena en el nacimiento del país?

La presunción es equivocada. El hecho de que las identidades se hayan construido en el siglo XVIII es por el contrario la confirmación incuestionable de que esa construcción parte de una premisa: la existencia de un mundo indígena que entra, que penetra, que es parte, y que construye su propia identidad con las identidades del mundo europeo en el siglo XVIII. En otras palabras, el siglo XVIII es el punto de partida como producto de una confluencia. Llegan dos brazos y esos dos brazos se fusionan en el siglo XVIII para construir la realidad de nuestra identidad general, la conceptualización de lo boliviano, y de nuestras identidades diferenciadas, en un mestizaje que supera la visión del 52. Por lo tanto, no es en ningún caso una negación de lo indígena, por el contrario, es una afirmación profunda de la fuerza del mundo indígena, penetrado también por el mundo colonial.

-¿También señala -y la publicación data de antes de los resultados del Censo Nacional- que más del 50 por ciento de la población se autoidentifica como mestiza. ¿Cómo se animó a hacer esta afirmación sin contar con los resultados estadísticos?

Porque hay una evidencia que está fuera de todo debate y que ya se planteó en el Censo del 2001, que es el criterio de que más del 60 por ciento de la población del país era urbana. Esa evidencia te marca una primera constatación: el mundo urbano tiene una influencia sobre los comportamientos individuales desde el punto de vista de la cultura absolutamente definitiva. Segundo, creo que uno de los errores de la lógica del Estado Plurinacional es la construcción de las identidades a partir del color de piel, de la raza, de la sangre. Ese es un error conceptual. Yo creo en el pueblo aymara o puedo creer en el pueblo weenhayek como cultura y como pueblo, no como nación ni como sangre. Y en ese contexto, la idea de lo indígena no me interesa desde el punto de vista de porcentaje de sangre; me interesa desde el punto de vista de construcción cultural.

-El vicepresidente Álvaro García Linera ha dicho sin embargo que el mestizaje no sirve como categoría sociológica debido a que todos, en realidad, somos mestizos. ¿Qué opina usted al respecto?

El vicepresidente García Linera se ha visto obligado a cambiar su discurso antes del censo y después del censo. Después del censo, llegó a algo mucho más amplio de lo cual me alegro muchísimo: en el fondo, nuestra categoría de condición de identidad es “bolivianos”. Eso es algo que el vicepresidente no había mencionado con tanto énfasis antes del Censo del 2012, porque la construcción de la idea del Estado Plurinacional es una construcción basada en la mayoría indígena, en ese 60 por ciento que se ha convertido en la realidad en un 40 por ciento . Desde el punto de vista de la construcción sociológica, haría una observación adicional al Vicepresidente. La categoría sociológica de la plurinacionalidad se basa en un concepto puramente europeo, como es la nación, el Estado nación. Es decir, si mencionamos la lógica del Vicepresidente, de lo que él entiende por colonialismo, no hay concepto más colonial que la nación.



-Por otro lado, dice usted que Evo Morales no es estrictamente un indígena, sino un “indomestizo”. Esto, a partir de la valoración positiva que usted hace de lo mestizo, no hace más bien al Presidente alguien que representa en realidad a todos?

Por supuesto que sí, yo creo que el Presidente, si algo tiene de representación, es la construcción de su personalidad. Y Evo Morales es la quintaesencia del mestizaje boliviano, lo demuestra su origen indígena, su madre aymara, su padre probablemente de origen potosino, su infancia migrante, su adolescencia y juventud en el Chapare, su adscripción al sindicalismo -no a la forma ayllu, a la forma sindicato para utilizar las categorías tradicionalmente marxistas-. En ese contexto, el Presidente es una representación viva del mestizaje en plenitud. Es un Presidente que básicamente habla en castellano, un castellano que tiene ese toque, esa presencia de lo indígena en su construcción gramatical; es un presidente que no domina exactamente el quechua ni el aymara. ¿Qué más representación de lo mestizo que eso?

-Afirma que existe la idea colectiva de que somos, como pueblo, el resultado de una violación ¿Como cree usted que es posible superar eso en el imaginario colectivo?

De la misma manera en la que los galos han superado su vinculación con Roma. Me imagino que Vercingétorix, que fue llevado desnudo a arrodillarse delante de Julio César para mostrarle el vasallaje de los galos a los romanos, no ha definido un trauma irreversible en los franceses sobre lo que fue el imperio romano. La lectura que tenemos a partir de la violencia como construcción de una sociedad es una lectura que es absolutamente universal, y vale para cualquier pueblo, incluidos los propios españoles, vamos a hablar de los íberos, vamos a hablar de los celtas y todo el proceso de transformación con la invasión romana y con la presencia árabe. En consecuencia, hay que hacer una lectura sensata, no la negación de un hecho evidente, la violencia, sino la comprensión de que destrucción y construcción son parte de la propuesta histórica de cualquier sociedad.

-Destaca el trabajo del pintor Raúl Lara, a la vez las características del carnaval como expresión cultural del mestizaje. ¿Qué otros casos cree usted relevantes de expresiones culturales relacionadas con el mestizaje en Bolivia?

Se me viene a la mente, por ejemplo, la figura de este muchacho de apellido Bohórquez (Abraham), rapero, alteño y de origen aymara, que había sido migrante en Brasil, y que construyó unas canciones, llamémosles de protesta, en la época de la crisis política del 2003. Un rapero de origen aymara que aprendió a hiphopear en Río o en Sao Paulo es una expresión de construcción mestiza. Creo yo que la realidad hoy de un muchacho que usa blue jeans, que come hamburguesas, que va a un café Internet, que tiene una madre aymara, que está en la UPEA (Universidad Pública de El Alto) y que cree en su identidad boliviana y alteña, creo que expresa la posibilidad múltiple de una construcción en la que lo universal y lo particular son ya un matrimonio indisoluble.

-Habla de la coca también, y dice que la historia de la coca es transversal a la historia de Bolivia. Sin embargo, usted compara el consumo de la coca con adicciones al alcohol y al cigarrillo. ¿En qué pruebas se basa para ello?

Yo diría que lo más relevante de lo que digo sobre la coca es acerca de una ironía: la universalización del consumo de coca fue un instrumento de sujeción y opresión de la conquista y la colonia española para hacer que los indígenas y los mitayos trabajaran más eficientemente, a menos costo y mayor productividad. La coca era antes un elemento ritual restringido a las elites en el mudo incaico y tiwanacota, y fue universalizada por una razón de uso eficiente de la mano de obra barata, por decirlo de alguna manera, de la época colonial. Entonces, no deja de ser una ironía que la adscripción al consumo masivo de coca sea un invento de los españoles por una razón de su interés como metrópoli. Ese es un primer punto. Segundo, si alguien a mí me dice que el consumo permanente de coca las 24 horas del día no produce adicción, simplemente remítase a preguntarle a esa persona si puede dejar de consumir coca. Los efectos podemos debatirlos. Si a ti te gusta el alcohol y eres alcohólico, es otro tema, pero desconocer el efecto adictivo de la coca sería simplemente engañarse. Podemos discutir ese tema éticamente, desde el punto de vista de la salud, ese es otro tema.

-En el encuentro que sostuvieron usted y los escritores del Foro con estudiantes universitarios de la San Simón, dijo que tenía varios trabajos de poesía y novela inéditos ¿Por qué nunca se animó a publicarlos?

Creo que soy un investigador que puede hacer un trabajo serio y un trabajo razonablemente bueno. Creo que soy un documentalista que hace un trabajo razonablemente bueno, pero no estoy seguro que ser un creador de ficción razonablemente bueno. Me tengo que convencer y estar seguro de que lo que hago tiene sentido y valor. Si eso ocurre, me animaré a publicar, si no, seguiré sin hacerlo.

-También ayer usted ha recibido un baño de popularidad en su visita a la universidad. ¿Este tipo de muestras de afecto no hace que repiense la decisión de no volver a postularse a la presidencia?

No, para nada. Yo he tomado una decisión de no hacerlo, y me siento no voy a decir contento en el sentido de que no quiera asumir un compromiso político, sino que mi actividad intelectual y académica, lo que estoy haciendo ahora me llena muchísimo. Y me siento profundamente honrado, de verdad me produce una gran satisfacción esta vinculación de la gente tan emotiva conmigo. Es algo que agradezco profundamente. Si hay algo que debo siempre decir es qué maravilla que después de haber sido Presidente en un momento tan difícil del país, en vez de recibir piedras me pidan fotografías.

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