Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 24 de enero de 2021
  • Actualizado 05:44

Blues Lives Matter

Chadwick Boseman, fallecido a los 43 años este verano víctima de un cáncer, se muestra vulnerable, a flor de piel y descarnado en el papel del trompetista Leeve Green. La madre del blues  se encuentra disponible en Netflix.
Blues Lives Matter. NETFLIX
Blues Lives Matter. NETFLIX
Blues Lives Matter

Es lógico suponer que Chadwick Boseman intuía que Ma Rainey’s Black Bottom (traducida aquí La madre del blues) era su última película. El actor, fallecido a los 43 años este verano víctima de un cáncer, se muestra tan vulnerable, a flor de piel y descarnado en el papel del trompetista Leeve Green que su actuación va un paso más allá en el compromiso con un personaje que reúne toda la tragedia que arrastra la violenta historia de la comunidad afroamericana en Estados Unidos.

La madre del blues refleja los años finales en la carrera de la legendaria cantante de blues Gertrude Ma’ Rainey, concretamente durante los preámbulos de la grabación en 1927 de su tema Ma Rainey’s Black Bottom. Basada en la obra teatral de 1982 del ganador de dos premios Pulitzer August Wilson, la pieza forma parte de una serie de diez obras de teatro sobre un siglo de experiencia negra en Estados Unidos. Dividida en décadas, la que está dedicada a la madre del blues es la de los años 20 y en ella Wilson, en la estela del ensayo Blues People, de Amiri Baraka, despliega su convicción de que en esta expresión musical no solo está la identidad de los afroamericanos sino la de todo Estados Unidos.

De los personajes de la obra, el que da vida Chadwick Boseman es el que concentra esa insalvable grieta de una comunidad machacada y herida. El actor se entrega a un personaje cuyo relato íntimo sobre sus terribles recuerdos de infancia resulta especialmente conmovedor, aunque ese no será su único gran momento en una película que si merece la pena es por su emocionante interpretación. Como en la obra de Wilson, la adaptación George C. Wolfe, convencional y con pocos destellos, ocurre en el estudio de grabación de Chicago donde dos hombres blancos, el agente y el productor, dirigen una sesión con más diálogos que notas. Así, la supuesta protagonista de La madre del blues, la música, solo será una extensión de una lucha racial cuyo impacto en la cultura de su país sigue sin resolverse.