Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 28 de septiembre de 2022
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La “Bienal sin público” (2020) en Santa Cruz y un camino delineado (II)

Segunda parte. Si la Bienal de San Pablo en Brasil tuvo una vez lo que se llamó la “Bienal del vacío” (2008), podría decirse salvando las distancias que Santa Cruz de la Sierra experimentó involuntariamente la “Bienal sin público” (2020).
Raquel Schwartz, Somos. Plaza 24 de septiembre. CORTESÍA
Raquel Schwartz, Somos. Plaza 24 de septiembre. CORTESÍA
La “Bienal sin público” (2020) en Santa Cruz y un camino delineado (II)

Mirando hacia adelante

¿Qué nos quedó de la XXI Bienal de Arte de Santa Cruz? Una propuesta inteligente que no terminó de realizarse como deseaba. Entre sus logros debe considerarse la realización del conversatorio virtual con el artista uruguayo Luis Camnitzer, además de su exposición; el emplazamiento permanente en el espacio público cruceño de la escultura Praxis, y la permanencia del mural de Harper en Manzana Uno; la Instalación 57 de Roberto Valcárcel (1951-2021), la última que el artista alcanzó a exhibir en vida; los aprendizajes sobre gestión de espacios con el municipio, aportada por obras como Textos de sal de Andrés Olmos, Somos de Raquel Schwartz y Pasado pisado de Alejandro Ugalde, que rasgaron más allá de la superficie de lo público; la desapercibida, pero sugestiva intervención Turbión del Sur en la Casa de la Cultura curada por María Teresa Rojas. Posdata: interesante muestra sobre el Medio Oriente fue The fourth wall curada por Mo Reda.

El sabor final de boca que dejó probablemente haya sido el mismo que tendría un turista en Colombia tomándose una taza de café descafeinado. Porque una bienal de arte sin público es un banquete sin comensales. Esto es así, la Bienal de Arte se organiza en ciudades del mundo como una estrategia de aceleración regional, de conexión entre artistas, curadores y gestores entre ciudades, pero también debe considerar entre sus líneas de acción a las aceleraciones que facilita en términos de llegada al público externo al circuito de arte contemporáneo en una ciudad, es decir, a aquellos que no asisten a los brindis de inauguraciones en el año, ni sienten que tienen algo que ver con el mundo cultural institucional. 

La estrategia planteada por los curadores de Kiosko Galería no era una innovación –para responder a quienes objetan falta de novedad–, pero su mérito estaba en el momento en que lo plantearon para la escena local; además el año 2019 estuvo lleno de noticias alrededor del mundo que reportaban la toma de las calles por la inconformidad ciudadana, múltiples protestas expresivas. En el mundo artístico, véase la experiencia de múltiples proyectos de arte contemporáneo que se realizan en espacios públicos en el mundo, desde la Bienal de Barranquilla, pasando por la Bienal Sur hasta Documenta en Kassel. Era interesante plantearlo para Santa Cruz, ciudad que invita a la experiencia a cielo abierto. 

Así pues, la curaduría Lo público. Fuera de cubo blanco consistió en ampliar para la ciudadanía cruceña la experiencia de esta anomalía llamada arte contemporáneo, llevándola hacia las calles del centro, donde lo que existe ya no es el público sino la masa indiferenciada de transeúntes. Esto abrió a la bienal hacia una mirada menos predispuesta, donde el/la transeúnte no ha hecho ningún tipo de pacto con el/la artista, o lo que llamamos el contrato implícito por el cual quien mira acepta su rol pasivo, otorgándole al otro el rol de artista, es decir de quien debe proponer la acción, poner en un rectángulo el asunto al cual le prestarán atención por un determinado tiempo. Ese es un contrato invisible que tiene efectos reales, que el espacio mismo se encarga de demarcar poniendo el tono. En cine observamos dos elementos básicos de la experiencia de ver una película: el primero es la película en sí, que nos convoca a comprar una entrada; el segundo es la construcción del clima que rodea a la película y que viene dada por la sala oscura y las butacas en degrade, es el entorno que la industria cine ha construido para disfrutar una película. En cuanto al fútbol, el contenido es un partido específico con dos equipos que compiten, pero lo otro que viene de la mano es la creación de la atmósfera o el clima alrededor, lo cual sucede únicamente dentro de un estadium, de manera irrepetible según cada ciudad, equipo, campeonato. Ambos son uno, contenido y atmósfera van juntos en la experiencia-cine, como en la experiencia-fútbol, o la experiencia-concierto, y varias otras más.

El modelo cubo-blanco es la elección de un tipo de atmósfera o de entorno para las artes visuales entre varias posibles. Pero la gran mayoría de los visitantes a los museos, galerías y centros culturales en Bolivia todavía creen que es la única; dan por sentado que ver una pintura o una escultura viene casado con la sala de paredes blancas, neutralizada y aséptica. Entonces está muy bueno, como gestores y curadores bolivianos, que tengamos consciencia del desfase que existe en el entrenamiento de arte que todavía reciben los espectadores desde que están en la escuela hasta convertirse en adultos. Gran parte de la complicidad con ese retraso proviene de la falta de investigación y de curaduría en la gran mayoría de los espacios expositivos locales. Por tanto, una de las primeras cuestiones que necesitamos debatir en la promoción de las artes visuales locales son los tipos de espacios y la clase de atmósferas que se crean para las obras. Los mejores curadores en Bolivia no han dejado de pasar por este asunto, intentando nuevas posibilidades con espacios alternativos. 

En ese sentido, la próxima bienal de arte que se organice en Santa Cruz, para tener un sentido de secuencia y crecimiento, tendría que prolongar el ánimo de salir del cubo blanco, por ejemplo para intervenir en el proceso educativo del arte en los colegios. Debería preguntarse ¿cómo involucrar al Ministerio de Educación, y a los profesores y directores de colegios y escuelas en Santa Cruz? Otra cuestión consistirá en investigar los paralelos posibles entre el aula de los estudiantes y la sala de exposición. La artista investigadora Tatiana Fernández, boliviana radicada en Brasil, ha realizado grandes avances en esta línea de trabajo, dentro de lo que se denomina el giro pedagógico de las artes. ¿Y acaso el mismo Valcárcel no concebía a su proceso de enseñanza en la docencia universitaria como una extensión de un proceso performático de su obra? Existen ya proyectos en el país que están cruzando el puente arte-educación y formación de espectadores, merecen la atención de los futuros organizadores de la Bienal de arte de Santa Cruz. 

Puesto que el oficio esencial del arte contemporáneo no consiste simplemente en tomar algo para extraerlo de su contexto original o acostumbrado, sino también en saber relocalizarlo en otra dimensión de la vida urbana, social, política, cultural, religiosa, afectiva con un sentido de impacto real.