Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 23 de octubre de 2019
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La bacanal de Claudio Ferrufino-Coqueugniot

El oro de las estrellas extinguidas (textos huérfanos) es el título del conjunto de textos de no ficción que Claudio Ferrufino-Coqueugniot (Cochabamba, 1960) publicará en febrero a través de la editorial 3600. Presentamos aquí el prólogo escrito por Guillermo Ruiz Plaza y un adelanto de la obra del reconocido escritor cochabambino, premio Casa de las Américas de novela 2009. 
La bacanal de Claudio Ferrufino-Coqueugniot


La literatura de Claudio Ferrufino-Coqueugniot es una bacanal de los sentidos. Hace del tiempo, de la ausencia, de la muerte, una fiesta al borde del abismo.
Este libro singular puede leerse como un diario de viajes por la geografía del mundo, pero también por el espacio inquieto y deslumbrante de la memoria. 
En ellos, la música –Mozart, Pink Floyd, Leonard Cohen– es el vehículo privilegiado del pasado. “A veces”, sentencia el autor con elegancia, “una hermosa canción es un castigo”. 
La cocina –el aroma de las especias, los sabores y las texturas– y el sexo –el orgasmo, nuestra frágil y melancólica eternidad– son metáforas de la escritura. 
Porque aquí la literatura es vida y la vida, literatura. 
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La luz de una estrella es el brillo de lo que ya no existe; lo que perciben nuestros ojos es el resplandor de un fantasma. 
El oro de las estrellas extinguidas, el magnífico verso de Georg Trakl, bautiza a la perfección este libro sobre la irrealidad y el fulgor del pasado.
En estas páginas, “uno busca en todo lado la presencia de los seres idos, desaparecidos.” La función de la literatura: preservar del olvido y la indiferencia. Poner a buen resguardo lo que alguna vez fue nuestro –una noche, una mujer, una revelación–, una isla de humanidad única e irrepetible, como quería Montaigne. Un fuego que late en medio del desierto. 
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Nos tritura la rueda de la rutina, el ácido del tiempo nos trabaja, pero la mano errante va dejando trazos. Trazos, textos, tejidos… “El primero de este año”, escribe Claudio, “nunca el último.” Porque aquí la literatura es el motor de la vida, la única puerta de salvación. 
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En estas prosas es palpable el ritmo cabalgante, la riqueza –y a veces la crudeza– de las imágenes, el desenfado de la sintaxis, la orgía del léxico. Como sucede con pocos escritores, al leer a Claudio Ferrufino-Coqueugniot es imposible no reconocer de inmediato el estilo inconfundible, la impronta personal. Estos textos, definitivamente, no son huérfanos.
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La destrucción de un mundo. De eso habla este libro estremecedor y fragmentario, hecho de trazos y de trizas. “Si el fin del tiempo, no puedo decirlo; el principio, sí. De extensión ignota.” 
El territorio abierto delante de nosotros es el de la salvación y la ironía; la lucidez crítica y el goce dionisíaco; la amistad esencial y un erotismo atormentado en la inminencia del vacío; la frágil recuperación de quienes ya no están; el doloroso astillamiento al que nos aboca la pérdida.
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La literatura de Claudio Ferrufino-Coqueugniot es una fiesta y, como toda fiesta auténtica, es también una lucha. Contra la ausencia, contra el tiempo, contra la muerte. Contra el olvido. 
Una lucha perdida de antemano, sin duda, pero en la derrota brilla el oro de las estrellas extinguidas.

Escritor