Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de mayo de 2022
  • Actualizado 04:14

‘Sin Aroma’: Un documental de Dorian Magne

Una reseña sobre el documental ‘Sin Aroma’, escrita y dirigida por el documentalista Dorian Magne, próximamente disponible en diferentes plataformas de streaming
Afiche promocional del documental ‘Sin Aroma’. CORTESÍA
Afiche promocional del documental ‘Sin Aroma’. CORTESÍA
‘Sin Aroma’: Un documental de Dorian Magne

 “Tenemos que ver que el futuro del cine nacional está en nuestras manos. La primera cosa para hacer cine: Debemos aprender a hacer cine. Y para ir a lo práctico: el cine se aprende viendo cine. […] Se aprende a hacer cine haciéndolo. Así, el cortometraje y el documental son la mejor escuela de producción cinematográfica”. (Mesa, Gisbert 1982; 202 - 203). Con este acápite del libro El cine boliviano según Luis Espinal, doy inicio a la presente reseña del documental Sin Aroma. En una anterior publicación que realicé sobre la ópera prima Alma pura de Dorian Magne; escribía que, habría que estar atento al desenvolvimiento en el séptimo arte de Magne; dicho y hecho, ahora nos deleita con esta nueva producción que, no hace mucho, se proyectó en el Festival de cine Entre Largos y Cortos de Oriente de Venezuela y logró obtener los galardones a Mejor guion, Mejor Dirección, Mejor Fotografía y Mejor sonido; y en tierras bolivianas formó parte de la selección oficial del Fenavid de Santa Cruz, así también como la Selección Oficial del Festival de cine Diablo de Oro de Oruro. Y en los próximos meses se llevará a cabo la proyección en nuestra Llajta.

Una imagen desenfocada de luces de neón y acompañada con música de fondo, a un costado inferior de la pantalla presenta el nombre del documental Sin Aroma; corte a fundido negro y aparece la frase: “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe” de Jean-Jacques Rousseau. De esta manera da inicio el documental escrito y dirigía por Dorian Magne, que no sobrepasa los treinta minutos de metraje.

Un documental. Dos historias duras y crudas. Ambas historias desarrolladas en Cochabamba. La primera historia es una introspección a la segunda historia. La primera es más cruda, sangrienta y auténtico. Visualmente en la primera historia aparecen cerdos. Esas imágenes de cerdos gritando son acompañadas brillantemente con una frase en voz en off que narra cómo es el destino del hombre desde su inicio hasta su fin en este burdo mundo, listos para el matadero, en el que sólo queda despertar y esperar, tal vez algún día todo podría mejorar. La segunda historia es sobre José Edwin Gutiérrez Caballero. Vive dos años en la calle. Tiene 14 años y ya va por los 15 años. No vive tranquilo, no vive feliz. Es consumidor de pasta base que viene del trópico, pero él lo llama tula. Otros, como los satánicos, lo llaman Sata, porque según ellos eso es el diablo. Tal pasta, según José, debe ser compartida porque si se consume solito puede llevarte a cometer actos desastrosos, como asesinar. De esta manera la segunda historia gira en torno a José, quién es un joven de la calle, consumidor de drogas y su único sustento económico es extender la mano para que la gente le regale monedas o, a veces, realizar una carrera de manos, hurtando una billetera o algo de valor para sobrevivir.

Estas dos historias son parte de Sin Aroma y de cierta manera ambas se entrelazan entre sí. Desde mi perspectiva el nombre del documental es ambiguo. Sin Aroma hace referencia en primera instancia a que las personas o la sociedad en su conjunto han perdido esa sensibilidad humana, como en el caso de la primera historia entre el carnicero y los cerdos, en la que el carnicero se condiciona a hacer su trabajo y de algún modo está ignorando todas las reglas morales y éticas hacia los mismos seres vivos y de la sociedad. En el caso de José, es una historia casi común, donde él no ha escogido ser así, si no que la sociedad lo ha vuelto así. Y en otro aspecto quizá sencilla y llanamente podría hacer referencia a la avenida Aroma como tal, que es donde se desarrolla gran parte del documental.

Dorian Magne dio a conocer que: “al inicio la idea era muy diferente, tenía pesando hacer cine experimental, pensaba hacer una sinfonía de la ciudad al estilo del ojo de cámara de Vertov, enfocado en Cochabamba con una secuencia narrativa del día hasta la noche, de cómo es Cochabamba, descompuesta por una línea narrativa donde se pueda ver a una velocidad que el ojo no tiene, o a una similitud que no puede llegar a ver el ojo de todo lo que está pasando en Cochabamba”, continúa Magne. “En ese transcurso estábamos grabando tipo 11 de la noche, y del micro baja un chico, con una frazada puesta y estaba vendiendo refresco, y le compré, y empezamos a entablar conversación de cómo es la calle y me comentó que consumía pasta base y ese fue el detonante y el punto de partida del documental y, de ahí, salió lo que es Aroma, de lo que es él, y empezamos a enfocarnos netamente en ese nuevo proyecto”.

La técnica y lenguaje cinematográfico del documental Sin Aroma es impecable. La música de Charly Rojas Lara queda perfectamente con la historia. La fotografía es espectacular. Es increíble como juega con el movimiento de cámaras y la misma composición. Al atardecer en la Coronilla, mientras José está preparando su pasta base, en voz en off narra la trágica historia de su padre y, en eso, inhala –con una ilusión óptica– y se encuentra volando. La cámara sobre su mismo eje da un giro de 360 grados –otra ilusión óptica–, dando a entender que los demonios no vienen del infierno, vienen del cielo. Una imagen desenfocada de luces de neón de todos los colores. José ya no está en esta tierra de mortales, está en otro mundo. Con un movimiento de cámara subjetiva camina por la avenida Aroma, se sienta y se recuesta observando al cielo color rosa y el pasar de los automóviles, quizá, esperando un mejor mañana. Es así que con gran destreza técnica y un increíble manejo del lenguaje cinematográfico, y la gran composición poética de la fotografía, y el uso adecuado de la paleta de colores y edición, nos deleita con una historia exquisita por su contenido y gran producción. Cuando le toque ser proyectada en salas y/o espacios locales de Bolivia, hay que apreciarlo y disfrutar verlo en pantalla grande y con sonido envolvente.

En los últimos años, el cine documental ha tomado mayor fuerza en la producción. Solamente faltan ser proyectados y socializados en diferentes espacios. Y de esta manera se puede lograr que el público consuma mayor cine documental, porque ahora es cuando está en su máximo esplendor histórico.

Comunicador Social - [email protected]

Link del tráiler del documental Sin Aroma: https://www.youtube.com/watch?v=PjIHGFoKxms